Periodista: La inflación de septiembre copió el molde de agosto, y no había sido un dato alentador, sino la razón detrás de una nueva caída de la Bolsa y suba de las tasas largas. ¿Por qué si la historia se repite y la Fed debe persistir con la faena del apretón monetario, Wall Street esta vez lo celebra con tanto entusiasmo?
Gordon Gekko: La primera respuesta es porque estaba todo el mundo sobre aviso de que un mal número podía desatar un desastre. “Una caída automática de 5%”, había vaticinado JPMorgan. Corolario: el mercado acudió a la cita repleto de coberturas. Como pocas veces. Desarmar esas posiciones, una vez conocido el resultado, obró como un resorte.
P.: De acuerdo. Pero la rueda siguiente se devolvió buena parte de ese avance. Lo escuchó a James Bullard el fin de semana. Nos compramos 75 puntos de suba el 2 de noviembre. No importa que sea la semana anterior a las elecciones, y ya abrió el paraguas para algo parecido en la reunión de diciembre. Hay que tener estómago para resistir esa andanada.
G.G.: Lo que no mata, fortalece. Nadie daba dos centavos por una reacción como la que ocurrió. Las carteras profesionales están llenas de cash, como muestra la encuesta mensual de Bank of America (BofA). Más que cuando se derrumbó Lehman en 2008. El pesimismo es extremo y si todos los inversores se posicionan defensivamente en un mismo costado del bote, no es la primera vez que se da vuelta.
P.: Comenzó la temporada de balances. Como es la nueva costumbre, Alcoa ya no cuenta y arranca con los bancos. La primera tanda no fue nada brillante, pero lo que vino después cambió el ánimo.
G.G.: Todos escuchamos las historias truculentas sobre lo que puede acontecer que nos narra Jamie Dimon de JPMorgan y de repente Brian Moynihan se despacha con un excelente balance de BofA y un relato muy constructivo.
P.: Aquí no pasa nada. El consumidor tiene espaldas y aguanta el chubasco.
G.G.: El modelo de Bloomberg dice que la recesión es una certeza. Moynihan, desde la trinchera, dice que nada que ver. Las carteras están armadas para el primer escenario y la tentación es grande. ¿No nos pasamos de rosca? Moynihan mostró sus números. Sus clientes están gastando más -6% en volumen-, crecen en todas las líneas de negocios, no aumentan la mora y sí los saldos en cuenta y así sucesivamente. Fue la excusa ideal para un segundo empuje alcista. Siempre a contramano.
P.: Una golondrina no hace el verano. ¿Cuál es la visión en perspectiva que muestran los estados contables de la banca? Suele ser un buen anticipo de lo que cabe esperar cuando termine toda la temporada.
G.G.: Ya desfilaron las seis instituciones más grandes de los EE.UU. Sus ganancias por acción cayeron 13% interanual en el tercer trimestre. Nobleza obliga, el mayor impacto devino de la constitución de provisiones para atender posibles quebrantos futuros.
P.: Bueno, bueno, esto no es una fiesta y se preparan para enfrentar una coyuntura más difícil. ¿O me equivoco?
G.G.: Es así.
P.: Los mercados suben con nada.
G.G.: Esperaban algo peor. ¿No recuerda la noticia que nos taladró dos semanas atrás? “Un gran banco internacional estaba en la picota”. No fue así. Es una suba de alivio. Se temía un accidente crediticio. O un estrangulamiento de la liquidez en mercados clave. O que volcaran los fondos de pensión y las estrategias LDI de administración de pasivos en Gran Bretaña.
P.: Le pasamos raspando. Hubo que cambiar al tesorero británico y a su plan económico y no está claro si la primera ministro Liz Truss sobrevive.
G.G.: Eso se pudo sobrellevar sin problemas. Salió bien la apuesta del Banco de Inglaterra (y pudo ser un tiro en los pies).
P.: Janet Yellen, la tesorera de los EE.UU, dio a entender que podía haber dificultades con la liquidez secundaria de los bonos del Tesoro.
G.G.: Si ella lo dice, cómo no creerle. Me parece que el rally incipiente que estamos viendo -el quinto desde que comenzó el mercado bear- es una descontractura oportuna después de un pico de tensión.
P.: Nada se rompió, pero los problemas no se han resuelto...
G.G.: Seguro. Que la Bolsa rebote, y que los valores de los activos se recuperen ayudará como bálsamo, pero mientras la política monetaria deba apretar más las clavijas viviremos en peligro.
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