El peso, la moneda más golpeada entre emergentes

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A pesar de que en los últimos días las monedas de los países emergentes se vieron afectadas por la evolución del dólar en el mundo, la Argentina sigue siendo uno de los más afectados. En lo que va del año, la moneda anotó un avance del 16,6%, anotando un alza muy superior a la del resto de las economías emergentes. Esto da la pauta de que, si bien el dólar “sube en todas partes”, como declaró ayer el presidente Mauricio Macri, la que estuvo registrando el peso en lo que va del año estaría relacionada principalmente con fenómenos locales, entre los cuales se pueden destacar la incertidumbre electoral y los malos augurios sobre la economía. En el último tiempo, las monedas de las economías emergentes se vieron afectadas por una mayor aversión al riesgo global, producto de las preocupaciones por la desaceleración del crecimiento en el mundo, sumado a las restricciones del comercio internacional. Pero, además, los inversores muestran cierta preocupación porque los bonos del Tesoro de EE.UU. rinden más a seis meses (2,45%) que a diez años (2,37%), lo que enciende las alarmas de una potencial recesión. Y a todo esto se le suman las problemáticas de los bancos centrales del mundo para seguir bajando las tasas de interés, que en algunos casos, como Alemania, son negativas.

Federico Furiase, director de Eco Go, consideró que “se está verificando un viento de frente en los mercados emergentes, donde Argentina suele tener un mayor impacto”. “Esta fuerte depreciación genera un efecto complicado sobre la economía local, dado que se aceleran las expectativas de inflación, llevando a un mayor incremento sobre la tasas de interés y generan mayores preocupación sobre la deuda pública, que está compuesta en su mayoría por moneda extranjera”, explicó el economista. En línea, Furiase agregó que esto termina generando, además, un efecto negativo sobre el riesgo-país y sobre el canal de crédito, que ya se encuentra en niveles sumamente bajos”.

En el año, los problemas con el tipo de cambio comenzaron con el mal dato de inflación de enero (2,9%), que dio a entender que el Banco Central venía reduciendo las tasas de interés de manera acelerada. Esto llevó a una mayor presión sobre el dólar, en medio de una escasa oferta, y a que la entidad que lidera Guido Sandleris se viera obligada a convalidar nuevos incrementos en las tasas de las Leliq (hoy operan por encima del 67%) y a absorber una mayor cantidad de pesos de la economía. Además, endureció todavía más la política monetaria, estirando los plazos hasta fin de año, a pesar de los efectos negativos sobre la actividad. A todo esto hay que sumarle el factor electoral, ya que este año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en el país. Y como suele ocurrir en estos períodos, los inversores suelen apostar por activos más seguros, por las preocupaciones sobre el futuro político (y económico) del país. En Argentina, donde se verifica una falta de confianza sobre el peso, en momentos de mayor nerviosismo, los agentes terminan optando por el dólar.

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