6 de mayo 2015 - 00:00

A la inversa de la tendencia global

      Debido a la fuerte apreciación del dólar contra las restantes divisas, organismos como el FMI están alertando sobre los riesgos que implican las deudas en esa moneda. Muchos emergentes, como Turquía, ya han comenzado a desalentar el endeudamiento externo, y unas cuantas empresas están sintiendo el impacto de la fortaleza del dólar. Y la cosa podría empeorar si, finalmente, ocurre el pronosticado aumento de las tasas de interés en EE.UU.

En tanto, la Argentina contradice toda lógica y festeja nuevos endeudamientos, como la reciente "exitosa" colocación de unos u$s 3.000 millones de deuda externa, entre la nueva emisión de Bonar 24 y un bono corporativo de YPF. Irónicamente, el endeudamiento viene a cuento de financiar el retraso cambiario que se profundizó en los últimos 12 meses cuando, con un aumento del IPC estimado en el 30% anual, el dólar oficial pasó de 8 a 8,80 pesos, un salto de sólo un 10%.

Así las cosas, el peso argentino ha logrado el récord de ser la moneda que más se revalúa en el mundo en términos reales (un 20%) contra el dólar,cuando Brasil, la Unión Europea y Japón dejaron caer sus monedas para ganar competitividad global y enfrentar la caída en el nivel de actividad. En los últimos 12 meses, el euro cayó un 22%; y el real, un 20%, con respecto al dólar.

Una consecuencia es que en el primer trimestre de este año, el superávit comercial fue de u$s 168 millones, unas 10 veces menos que en el mismo período de 2013. Ocurre que las cuentas públicas se desmadraron y el Gobierno eligió la emisión monetaria para financiarse y el atraso cambiario como ancla para "evitar que la inflación se espiralizara" y la colocación de Lebac para neutralizar la emisión monetaria. Y para frenar la salida de dólares, impuso el cepo cambiario.

Hasta aquí hay un triple efecto negativo: el aumento del endeudamiento a tasas astronómicas, la caída de la producción y una inflación reprimida que estallará cuando el Gobierno no pueda ya colocar más Lebac. Para contrarrestar esto no queda otra alternativa que una fuerte disminución del tamaño -impuestos y regulaciones- del Estado de modo de bajar drásticamente el "costo argentino" para que mejore la competitividad nacional y recorte el gasto. En la otra parte del mundo -que no es la Argentina-, la revaluación del dólar se está convirtiendo en enemigo de los ejecutivos de las multinacionales de EE.UU.

Entonces, la apreciación del dólar penaliza a muchos y los obliga a reducir las inversiones, y la solución, también, es el alza de precios, mejoras en la productividad y reducción de costos. Así las cosas, la fortaleza del billete verde es motivo de debate en la Reserva Federal y podría acabar retrasando el alza de tasas previsto y reduce las exportaciones y -contra lo que hace la Casa Rosada-, lo que rebaja la presión sobre el IPC, porque abarata las importaciones.

En el otro lado del mundo ocurre, también, algo que contradice la lógica argentina. China crece, la Bolsa de Shanghái vive un verdadero boom con una suba de casi un 90% en los últimos seis meses, pero mucho dinero sale. La Argentina no crece, pero también su Bolsa ha aumentado significativamente en lo que va del año, y... mucho dinero sale.

Según datos oficiales, en marzo se produjo un egreso neto de u$s 23.800 millones, el mayor en por lo menos un año. Las reservas en el último trimestre mostraron el mayor declive del que se tenga registro, alentando versiones de que el BCRA ha debido vender dólares para sostener el yuan.

(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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