22 de febrero 2017 - 00:00

Absatz: “El varón no hace unbuen papel en las telenovelas”

Periodista, ensayista y novelista, la autora de “Mujeres peligrosas” vuelve con “Las mil y una telenovelas” a analizar un género muy codificado, difícil de ‘transgredir’, y lanza nuevas provocaciones.

Absatz. “A nadie le gusta el sexo, y ahora que está todo permitido no hay muchas ganas. Es una necesidad contemporánea y no un legítimo deseo”.
Absatz. “A nadie le gusta el sexo, y ahora que está todo permitido no hay muchas ganas. Es una necesidad contemporánea y no un legítimo deseo”.
"El erotismo no aparece en las telenovelas, lo que se ha erotizado es el dinero, salvo en alguna telenovela brasileña o turca, que son mejores que las nuestras", sostiene la escritora Cecilia Absatz en "Las mil y una telenovelas", que publicó Planeta, una investigación que actualiza lo planteado sobre ese género televisivo que hizo en "Mujeres peligrosas", texto con el que ganó el Premio Municipal de Ensayo. Absatz lleva publicadas, además, cinco novelas. Dialogamos con ella.

Periodista: "A la mujer no le gusta el sexo", escribió hace veinte años en "Mujeres peligrosas", su primera investigación sobre las telenovelas.

Cecilia Absatz: Me dediqué a analizar la telenovela porque entendía ese género y sus leyes, un género que no ha dejado de estar vigente en el mundo. Busqué dilucidar el secreto de su éxito inextinguible. La teoría de aquel libro es que la telenovela es el primer género donde la protagonista es la mujer y su universo real, imaginario, fantasioso. Y en donde no hay escenas de cama. Hay grandes amores, problemas, pasiones, pero sexo no hay. De ahí viene la idea de que a la mujer no le gusta el sexo. Está todo lo que a la mujer le gustaría: que sus padres no fueran sus padres sino gente muy rica, que al hombre cuando le dice que no en vez de mandarse a mudar insista, cosa que ocurre en las novelas. Hay de todo, pero no cama. Cuando puse eso hace veinte años en "Mujeres peligrosas" se armó un escándalo.

P.: Ahora que en las telenovelas hay cama, en "Las mil y una telenovelas", su nueva investigación, usted afirma que "a nadie le gusta el sexo".

C.A.: No es una "boutade", es algo de lo que estoy convencida. Creo que el sexo cumple muchas funciones en la vida contemporánea. Creo que las mujeres tienen una fuerte necesidad de sentirse deseadas, de mantenerse en el mercado, y hay aparentemente un deseo flotando en el aire. Pero veo a las modelos desfilar, notas en las revistas donde todas están exuberantes, pero no se qué les pasa a solas con un hombre en una habitación. Me parece que se trata más de cumplir con una necesidad contemporánea que de un deseo legítimo. Ahora que todo está permitido ya nadie tiene muchas ganas. Y entonces ocurren cosas como que "Dulce amor", telenovela ingenua en horario central, tiene un éxito bárbaro, algo que nadie podía entender, pero para las mujeres a las que les gustan las telenovelas, era una telenovela. La chica rica que se enamora del chofer. El conflicto de clase. En este momento lo que hay son tiras, que más que telenovelas son telecomedias; es el género que prosperó. Y como el conflicto de clase ya no funciona, fue agotado; las dos novelas en prime time, en Telefé y Canal 13, trabajan con la infidelidad, y no cualquier infidelidad sino con alguien cercano que es un tabú: el hermano, el mejor amigo, el socio, el vecino del marido. Tabú que se extiende a los ex. Tu mejor amigo o amiga no puede meterse con un o una ex. Es un tema de dominio territorial. Tinelli y Ortega, Icardi y Maxi López, etcétera.

P.: En esas telecomedias los hombres aparecen tímidos, acorralados, y usted dice que a las mujeres les gusta tenerles un poco de miedo.

C.A.:
Lo que digo es que a la mujer le cuesta erotizarse con un hombre al que no le tiene un poquito de miedo. Cito a Kundera: "la mujer solo puede ser feliz con un misógino". Ese es el hombre que le gusta Un muy buen ejemplo: "Las mil y una noches". El galán es un terrible misógino y ella muere por él. La fantasía es que no quiere a ninguna mujer, sólo a mí. Y es efectivamente lo que ocurrió en esa telenovela. El papel del varón es muy triste, es un tarado, un ser manipulado por su madre, por su novia o su esposa. Siempre quiere estar en otro lado pero no puede porque las circunstancias se lo impiden, por la promesa que le hizo a la madre en su lecho de muerte, porque su esposa justo queda embarazada. Rara vez hace lo que él quiere. Encima la corrección política reventó el lenguaje con eufemismos y mariconadas. No es gran papel el del varón en las telenovelas; la heroína es ella, salvo que se llame Rolando Rivas.

P.: ¿Qué piensa del éxito de la telenovelas turcas, las brasileñas que llegan al extremo de "Llámame Bruna" con la adolescente de clase media alta que elige ser prostituta?

C.A.:
Las telenovelas extranjeras, que acá los críticos llaman "latas", son muy buenas, mejores que las nuestras, por eso tienen éxito. Hacen telenovelas en sentido estricto. Acá las telenovelas tienen el esquema de la historieta, son horizontales, no hay una historia con un enigma que finalmente se resuelve. Tienen éxito, las que tienen éxito, porque a la gente le encanta ver a los actores. En cuanto hasta donde se puede llegar, en 1986 "Venganza de mujer", comienza con la protagonista (Luisa Kuliok) que vive en un rancho y es violada por cuatro hombres, entre ellos el que será el coprotagonista (Raúl Taibo). Todavía me pregunto como se permitió entonces,

P.: ¿Cómo surge "Las mil y una telenovelas"?

C.A.:
Mi editora me pidió un libro porque el otro ya tenía veinte años. No, no tengo nada nuevo para decir. Pero vi "Avenida Brasil". Llamé a Paula Pérez Alonso y le dije: lo hago. En el libro anterior había utilizado la teoría de Todorov para el análisis de lo maravilloso, género donde están los cuentos de hadas, donde hay un pacto con el lector para creer en las cosas maravillosas que se cuentan, como en el espejo que habla con la reina. Yo puse a la telenovela en ese género, la cenicienta que se vuelve princesa. En "Avenida Brasil" la nena, en vez de ser abandonada en un bosque, lo es en un basural. Es el cuento de hadas trasladado a la actualidad. A partir de ahí el pacto con el espectador se cumple a la perfección. Empecé a ver más, y descubrí que había nuevas cosas para decir.

P.: ¿Ahora que está escribiendo?

C.A.:
Columnas periodísticas. Y estoy leyendo novelas de Ishiguro, McEwan, Barnes, ¿cómo escribir después de eso? Bueno, mi hija me dio una idea de algo sobre lo que podría escribir: sobre la belleza, en qué consiste y cómo se logra.

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