3 de junio 2010 - 00:00

Afuera existe otro Kirchner, que expone su versión Jekyll

Néstor Kirchner y Fernando Lugo, ayer, en Paraguay para la foto oficial durante la visita del «presidente» de la Unasur que mostró un costado conciliador inédito en tierras criollas.
Néstor Kirchner y Fernando Lugo, ayer, en Paraguay para la foto oficial durante la visita del «presidente» de la Unasur que mostró un costado conciliador inédito en tierras criollas.
La parábola de los extremos de Doctor Jekyll y Mister Hyde requiere, con Néstor Kirchner, una adaptación. Al menos fronteras afuera, quizá apunado por el clima paraguayo, el Kirchner-Hyde doméstico se convierte, mágicamente, en un Kirchner-Jekyll.

Ayer, en un raid de 10 horas por Asunción, Paraguay, estrenando ropaje de secretario general de la Unasur, el patagónico demostró destrezas que, en el mercado interno, archivó hace tiempo: dialogó con oficialismo y oposición, aceptó críticas y dio explicaciones.

Fue, así mirado, un Kirchner inusual acostumbrado, fronteras adentro, a la confrontación, la implacabilidad con opositores y la resistencia a hablarles o recibirlos. De hecho, rara vez siendo presidente recibió a un dirigente opositor en la Casa Rosada.

Ayer, en cambio, se encerró con el presidente Fernando Lugo y vio a solas a los inclementes opositores del mandatario: su vice Luis Federico Franco y el ex presidente Nicanor Duarte Frutos. Además aceptó una charla abierta y masiva con legisladores paraguayos encabezados por el titular del Congreso, Miguel Carrizosa, otro crítico de Lugo.

La bonanza inédita del patagónico tiene una explicación puntual: la oposición paraguaya, que controla el Parlamento, había expresado su resistencia a aprobar la incorporación de ese país a la Unasur por considerar que el organismo está «ideologizado».

Kirchner necesita revertir esa negativa y ayer, tras una larga charla, en la que se despegó de Hugo Chávez, juramentó que no se involucrará en asuntos internos y que la Unasur no tendrá sesgo ideológico, se volvió convencido de que podría obtener un OK.

Fue, de algún modo, una gira de campaña: ¿quién pagará el costo si Paraguay, y otros países, no aceptan aprobar la Unasur? Hasta ahora lo hicieron cinco de los doce países miembros. Falta, entre otros, Uruguay, donde todavía castigan a José Mujica por votar a Kirchner.

Manso, dialoguista, conciliatorio y dispuesto a dar explicaciones -ejercicios que lo obligaron a activar sensores que tenía dormidos-, el ex presidente se prestó a la conversación con legisladores que le desconfiaban y se desgarró en promesas y argumentaciones.

Tuvo que oficiar, a desgano, de detractor o traductor de Chávez, a quien le facturaron su simpatía.

«La Unasur seguirá cuando Chávez no esté en Venezuela», invitó a soñar a los paraguayos que imputan al bolivariano haber asistido financieramente a Lugo.

Antes de abandonar Paraguay, donde se movió escoltado por el embajador Rafael Romá, Juan Manuel Abal Medina y Rafael Folonier -que lo acompañaron desde Buenos Aires y regresaron anoche con él-, el patagónico se autoconvenció de que su visita fue fructífera.

«Al principio todos estaban a la defensiva, pero cuando terminó lo saludaban y le agradecían que los haya recibido y los haya escuchado», contaron ayer a su lado. Así y todo, la real eficacia de su paso por Asunción se verá cuando el Congreso apruebe el tratado de incorporación a la Unasur.

En paralelo, Kirchner -poco afecto a dar explicaciones de sus acciones y decisiones- tuvo que remar contra otro tormento paraguayo que entrevé en la Unasur un Mercosur -donde se consideran «ninguneados»- más amplio y, en consecuencia, más perjudicial.

Lugo, en persona, tuvo que salir a decir -sostenido por Kirchner- que la Unasur no se emparenta, en nada, con el bloque regional que Paraguay junto a Uruguay conforman como «socios menores» y desde ese lugar se quejan, sistemáticamente, sobre supuestas relaciones desventajosas.

A pesar del «buen balance» que hizo en privado, Kirchner todavía no pautó su próxima salida: tiene previsto recorrer todos los países de la región a modo de «presentación oficial», pero aún no tiene decidido cuál será la próxima escala.

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