11 de marzo 2009 - 00:00

Amenaza CGT a Cristina si le aplican la libertad sindical

Los días felices, de sonrisas y guiños, entre Carlos Tomada y Hugo Moyano quedaron atrás. El ministro fue ayer un puching ball de la CGT.
Los días felices, de sonrisas y guiños, entre Carlos Tomada y Hugo Moyano quedaron atrás. El ministro fue ayer un puching ball de la CGT.
«Vine como amigo, como un compañero más... así que espero que esta charla no salga en los diarios». Carlos Tomada desgajó la frase con una sonrisa cómplice que, un rato después, al abandonar la sede de la UOM se había transfigurado en una mueca desencajada.
El ministro llegó con la ciclópea misión de aplacar la furia de los caciques de la CGT que temen, con argumentos sólidos, que es irreversible el fin del monopolio sindical y, sobre todo, de desvincular al Gobierno de ese proceso que encaró la Corte Suprema.
Fue un fracaso perfecto. Se fue zamarreado, entre gritos desbocados de «llenarle la plaza» a los Kirchner, bajo una tormenta apasionada de -impublicables- valoraciones sobre los cortesanos y la advertencia de que la CGT no confía en el eje Olivos-Casa Rosada.
Arrinconado, cuando todavía no había empezado a tronar el coro de insultos, Tomada balbuceó la oración equivocada. Desde hacía media hora cruzaba opiniones sobre el fallo que anuló el artículo 41 de la ley sindical y abrió la puerta a la libertad gremial.
Maldiciones
-El Gobierno los va a acompañar, pero en definitiva -carraspeó- ese es un problema del movimiento obrero, dijo Tomada.
Tras la pausa que generó el comentario empezó la competencia de maldiciones. Participaron Hugo Moyano, los metalúrgicos Antonio Caló y Juan Belén, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Héctor Daer (Sanidad), el taxista Omar Viviani y Oscar Lescano (Luz y Fuerza).
Para clausurar el round, Moyano se animó a una confesión.
-Muchachos, esto es irreversible.
-No hay garantías de que no salga un nuevo fallo -recuperó la voz Tomada.
-¿Qué vamos a hacer? -interrogó en voz alta el camionero.
-Vayamos a hablar con la Corte -sugirió Caló.
-Tenemos que presentar un proyecto para reglamentar de nuevo el artículo 41 -alcanzó a decir, casi afónico, Lingeri.
-La OIT no es un problema. Ellos van a poner el pecho como siempre -trató de sumar puntos el ministro.
-El que conoce bien el tema de la CTA sos vos -le recordó Moyano.
-Veamos qué piden. Yo voy a considerar lo que la CGT quiera siempre y cuando no me denuncien por incumplimiento -se confesó Tomada.
Silencio. Sólo faltó el grillo; cri cri cri.

Saberes
La admisión, por parte de Tomada, de que el Gobierno no puede frenar lo que parece el avance inevitable de la libertad sindical sumó más elementos de tensión cuando el ministro avisó que en la Justicia hay «cuatro o cinco fallos», de los que no quiso o supo dar precisiones.
Todo se enlaza. Envalentonada por la resolución de la Corte, la CTA retomó la estrategia original y volvió a insistir con la solicitud de personería, pero ahora «acotada» con el argumento de que la central la integran gremios que tienen personería.
Esa figura se conoce en el mundo sindical como teoría de la irradiación. En ese marco, Tomada deslizó con algo de sutileza la impresión de que otorgarle el reconocimiento a la CTA quizá sería lo menos dañino. A su lado, asentía Norberto Ciavarino, su jefe de Gabinete.
Para eso, el ministro se amparó en un dato ambiguo: transmitió, sin detalles ni certezas, que la Corte comenzó a pararse enfrente de la Casa Rosada. Tuvo un objetivo preciso: despegar al Gobierno del fallo crítico e insistir con que los tomó por sorpresa.
Moyano no pudo callarse.
-¿No es cierto, Daer, que Carlín (por Carlos West Ocampo) nos contó que tres días antes del fallo, Kirchner sabía y se lo dijo a gente de la CTA?
-Sí -intervino el sobrino de West Ocampo, Federico-. En un acto lo corrió gente de la CTA, Kirchner apartó a Cristina y les dijo que en dos o tres días iban a tener buenas noticias.
Detalle. Ese episodio, que Ámbito Financiero relató en su edición del 18 de setiembre pasado, ocurrió en el Hospital de Niños de La Plata donde el ex presidente se encontró con dirigentes y delegados de ATE y CTA que lo interrogaron sobre la personería.
Sin espaldas, Tomada sólo atinó a repetir el libreto de que Kirchner no tenía conocimiento previo de que la Corte firmaría el fallo contra el artículo 41. Moyano nunca creyó que eso fuera cierto y en la CGT se especula con una «traición» del ex presidente.
A esa altura, la sede de la UOM era una caldera. Sólo quedaba espacio para las amenazas.
-Hay que llenarle la plaza -invitó Moyano que planea un acto frente a la Casa Rosada para fines de abril.
-Y encima no nos quieren dar la plaza para el acto. ¿Se cree que es de las mujeres? -sembró la semilla de la misoginia el taxista.
Tomada, antiguo abogado de la CGT y de más de uno
de los caciques que ayer lo rodearon, ya no tenía nada que hacer en ese lugar. Llegó como amigo y compañero; partió como kirchnerista a secas.

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