8 de julio 2015 - 00:20

Aníbal Fernández busca al PJ para neutralizar factor "boleta"

• PIDE EQUIDISTANCIA A ALCALDES Y NEGOCIA CON GREMIOS.
• JULIÁN, EN UNA CARRERA POR INSTALARSE Y ACORTAR DISTANCIA.

Fernández les arrancó a jefes del PJ la promesa de que “cuidarán” su lista. A la vez, “borró” a Martín Sabbatella de la tira en la que, a diferencia de Domínguez-Espinoza, aparece solo.
Fernández les arrancó a jefes del PJ la promesa de que “cuidarán” su lista. A la vez, “borró” a Martín Sabbatella de la tira en la que, a diferencia de Domínguez-Espinoza, aparece solo.
 Romeos de la misma fantasía, Aníbal Fernández y Julián Domínguez operan en espejo: uno, el quilmeño, bracea para neutralizar el factor de la logística; el otro, el de Chacabuco, intenta aparecer en la vidriera para hacerse masivamente conocido. Aníbal quiere la estructura que anudó Julián; Domínguez ansía la visibilidad que acumula Fernández.

A 32 días de las Primarias del 9 de agosto, el duelo Fernández versus Domínguez, dos graduados en el PJ bonaerense de los 90, constituye un elemento extraño en la galaxia K: con interna municipal en 64 de los 135 distritos de la provincia, el peronismo mira el entrevero entre el jefe de Gabinete y el jefe de los Diputados como un asunto ajeno, un problema de otros. La porfía aparece, incluso, como un episodio indeseado.

No hay, salvo casos puntuales -como Francisco "Barba" Gutiérrez, alcalde de Quilmes enfrentado hace tiempo a Aníbal-, caciques que le pongan el cuerpo, abiertamente, a alguna de las dos ofertas. La presencia de Martín Sabbatella como vice de Fernández -el de Morón no figura con foto en la boleta- es el elemento más crítico, porque para muchos intendentes, el actual titular de AFSCA fue, durante años, un enemigo que los combatió y los maldijo con las peores imputaciones.

"El problema no es Aníbal, el problema es el otro", gruñe, se muerde la lengua, un operador del oeste. Esa furia, acumulada y presente, sembró la teoría de un masivo rechazo de los alcaldes y una especie de megaoperativo para que la boleta de Fernández y Sabbatella no esté en el cuarto oscuro el 9 de agosto.

"A nadie le conviene eso: el que juega algo a nivel local tiene que garantizar las dos boletas. ¿Por qué me voy a perder los votos que irían a Aníbal?", dice un peronista. Cerca, otro confirma esa tesis, y agrega: "Mis rivales son el candidato de Macri y los de mi interna; no voy a tomar posición por Aníbal o Julián".

El forcejeo tiene, por eso, varios pliegues. Veamos:

Aníbal F., sabedor de la inquina que inoculó Sabbatella en los intendentes del PJ, se enfocó en conseguir no el respaldo, sino la equidistancia, y logró el compromiso público de un scrum de peso, conformado por Julio Pereyra y Alberto Descalzo, dos sufridores del sabbatellismo en sus distritos; Mariano West de Moreno -con duelo propio con el neocamporista Walter Festa- y Juan José Mussi, de Berazategui. Fernández busca neutralizar el factor "boleta ausente" y apuesta a que pocos alcaldes se arriesgarán a "borrar" su tira porque, además de riesgoso a futuro, puede terminar quitándole un puñado de votos. "Nadie va a sacar la boleta, lo que puede ocurrir es que repartan más la de Julián que la de Aníbal", sintetizó un dirigente.

Para los caciques hay un componente extra: se vota presidente y se vota intendente, por lo cual -lo tienen medido en sus pagos chicos- el tramo de gobernador no aparece en la preocuapción de los votantes. Es una interna de la superestructura en la que, por eso, puede haber alto nivel de voto confusión. Un cacique detectó que el nivel de indecisos en el segmento gobernador duplica o triplica el de presidente o intendente.

El bajo conocimiento que persigue a Domínguez es un desafío contra reloj que, en los números que miran en La Plata y en la Casa Rosada, le dan ventaja a Fernández, quien, a su vez, aparece con un piso alto, pero un techo varios puntos más bajo que lo que juntaría, proyectado, Daniel Scioli. "Nada -dice un anibalista- que no pueda resolver el arrastre de arriba y el empuje desde abajo". Domínguez arrancó una campaña de TV, que quizá dispare una objeción judicial, porque no es tiempo de campaña, para romper el velo y, desde ahí, acortar distancia. Tiene poco tiempo, por lo cual depende, como oro, de lo que le aporten los territorios.

Sabedor de eso, Aníbal F. decidió repartir promesas entre los intendentes y trató de subsanar esa falencia mediante acuerdos periféricos. El caso testigo es La Matanza, donde se resigna a transitar por zona hostil y pactó con la UOCRA que postula a Heraldo Cayuqueo, un parche que alcance para todo el distrito, aunque en ese pago tiene, por cercanía con Morón, alguna presencia el Nuevo Encuentro de Sabbatella, que inscribió en el sistema unos ocho mil fiscales. Domínguez y Espinoza figuran los dos, con foto, en la boleta, casi una precondición del matancero que "spameó una encuesta en la que aparecen un 5% arriba de Fernández.

Scioli, de buena relación con Espinoza y con Aníbal, de vínculo tirante con Sabbatella y recién reconstituido diálogo con Domínguez, ordenó sobrevolar la disputa, como La Cámpora, que promete ser "garante" de una elección limpia.

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