Poco antes de la pandemia, acá se estrenó “El reino”, film español que para más claridad se rebautizó “El reino de la corrupción”, y que describía la estampida de unos cuantos políticos ante el inicio de una investigación judicial, tirándose el fardo unos a otros y cargando todo sobre un chivo expiatorio. Era una ficción basada en hechos y personajes bastante reconocibles. Tensa, llena de nervio y mala leche, y con un elenco apabullante, ostentaba la firma de Rodrigo Sorogoyen y su amiga y habitual coguionista Isabel Peña.
“As bestas”: pueblo chico, infierno demasiado grande
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Entre ambos, ya llevan varios trabajos de garra, mirada y factura similares: el policial “Que Dios nos perdone”, el corto “Madre”, que fue candidato al Oscar y ampliado a largo, las series “Rabia” y “Antidisturbios”, en fin, y ahora “As bestas”, inspirado, como los otros, en hechos reales. En este caso, el caso de un matrimonio holandés afincado en un rincón precioso de Galicia. Precioso, perdido, y con vecinos primitivos, con ese odio de clase que tienen algunos, sin justificación lógica. En la película, es un matrimonio francés. Si alguien recuerda cómo se le retorcía el estómago viendo “Perros de paja”, de Sam Peckimpah, bueno, el infierno de pueblo chico y la sensación de ahogo son parecidos. Solo que en esta obra lo que uno espera que no pase, ruega que no pase, no vamos a decirlo pero conviene ir preparado. También conviene recordar cómo “Que Dios nos perdone” llega al momento más terrible, deja que uno recobre la respiración y piense que ya está todo perdido y sin justicia, y ahí, en ese momento, aparecen la vuelta de tuerca y el remate. En el caso de los holandeses, tuvo peso el aguante de la mujer. Nada más por decir, salvo elogios para los autores, los artistas (Denis Ménochet, Marina Fois, el ronco Luis Zahera y Diego Anido), el director de fotografía, el músico, el sonidista y los caballos.
Para amantes de emociones fuertes, es en la aldea de Sabucedo, Pontevedra, donde cada año se cumple “la rapa das bestas”, es decir, el enfrentamiento de los hombres con los potros salvajes, para cortarles las crines. Por esos lares se rodó esta obra.


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