Guillermo Pfening, Jorge Marrale y Norma Aleandro protagonizan esta comedia negra basada en un cuento original de Samanta Schweblin.
Benavídez. Norma Aleandro, sorprendente en una caracterización muy distinta de su estilo, y Jorge Marrale, en el film de Laura Casabé.
Uno de los momentos culminantes de esta comedia negra, negrísima, muestra al protagonista perdido en un laberinto lleno de cuadros con grotescos que empiezan a hablarle y lo someten a todos los traumas de su vida. La escena es increíble, y merece formar parte de cualquier antología del cine fantástico argentino. Pero en realidad la película es brillante y original a todo nivel.
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Basada en un cuento de Samanta Schweblin, la historia cuenta las peripecias de Benavídez (Guillermo Pfening), un artista mediocre hijo de un pintor talentoso ya fallecido y para colmo eclipsado por el talento de su mujer. Una noche se separa en medio de una pelea, y le cae en la casa a su psiquiatra, interpretado por Jorge Marrale, que tiene a cargo una residencia terapéutica para artistas, cuyas obras son luego comercializadas por la curadora, (Norma Aleandro). Justamente desde la muerte de Benavídez padre, la fundación que regentean estos dos personajes cotiza cada vez menos, pero la creación que trae Benavídez hijo en su valija está destinada a revolucionar el arte moderno, por lo que el inescrupuloso psiquiatra decide no perder la oportunidad de darle al recién llegado un tratamiento intensivo y organizar ya mismo un vernissage para exhibir su trabajo.
El snob mundo del arte recibe en el film un tratamiento similar al mundo de la moda en "Seis mujeres para el asesino", el clásico "giallo" de Mario Bava, sólo que "La valija de Benavídez" no es un thriller sino un extraño viaje mental pensado con mucho humor negro, y progresivamente más y más pesadillesco. Mientras busca su valija, el protagonista se va metiendo en un mal trip sin salida, reviviendo los traumas de su vida en un laberinto lleno de personajes y situaciones pintorescas y satíricas que conducen a la más tremenda oscuridad, bajo la mirada del psiquiatra que controla todo lo que sucede en su institución como una especie de doctor Mabuse con monitores escondidos detrás de los diplomas de su consultorio.
Laura Casabé ya había dirigido un largo que tuvo muy poca difusión en 2010, "El hada buena, una fábula peronista", por lo que "La valija de Benavídez" es toda una revelación, ya que no sólo está muy bien filmada sino sobre todo excelentemente narrada, teniendo en cuenta lo inusitado del relato. Y sabe perfectamente cómo aprovechar al máximo las posibilidades visuales del asunto, lo que acompaña una dirección de arte y especialmente un vestuario formidables. Sin hablar del diseño de las obras de arte que necesariamente forman parte esencial del argumento, y los alucinantes efectos especiales, sólo comparables a "Los sueños de Akira Kurosawa". A esto hay que agregar las sólidas actuaciones de Pfening y Marrale, más una Norma Aleandro que aparece poco pero aporta mucho, en un tono sorprendentemente distinto para esta gran actriz. Una mención especial merece la música entre hitchcockiana y lounge de Marcelo "Gillespi" Rodríguez, que incluye notables toques de arpa y sitar a cargo de Alejandro Franov.
A pesar de su complejidad, éste no es un film pretencioso en absoluto, empezando por su sintética duración de menos de 90 minutos. "La valija de Benavídez" es una película tan divertida como terrible que, como sucede con el mejor cine fantástico, plantea algo irreal para relacionarse con la más dura y cruel realidad.
"La valija de Benavídez" (íd., Argentina, 2016). Dir.: L. Casabé. Int.: G. Pfening, P. Brasca, N. Aleandro, J. Marrale, A. Parrilla.
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