10 de marzo 2017 - 00:00

Caída de subsidios empuja paro de CGT para principios de abril

Los gremios del transporte, hasta ahora prescindentes, decidieron escarmentar a Macri. Critican la convocatoria del ministro Francisco Cabrera a sindicatos industriales, para la semana que viene.

Ausentes presentes. Los sindicalistas del transporte, como Moyano y Maturano, no estuvieron en la marcha del martes pero fueron determinantes para que CGT decidiera ponerle fecha al paro.
Ausentes presentes. Los sindicalistas del transporte, como Moyano y Maturano, no estuvieron en la marcha del martes pero fueron determinantes para que CGT decidiera ponerle fecha al paro.
El meneado paro de la CGT quedó encarrilado hacia la primera semana de abril (el jueves 6 es la primera opción) a instancias de los gremios del transporte, grandes ausentes de la marcha de este martes pero garantes en última instancia de la contundencia de una medida de fuerza de orden nacional. También incidió que en lugar de una convocatoria a revisar la política económica el Gobierno reaccionó a la movilización con un llamado a los sindicatos de la industria a reunirse el martes y miércoles próximos con el ministro de Producción, Francisco Cabrera, uno de los más cuestionados por el sindicalismo, y su par de Trabajo, Jorge Triaca.

En un contexto de análisis de la marcha y pases de factura entre los principales responsables de la central obrera, los sindicalistas del transporte, en particular colectiveros, maquinistas de trenes y camioneros surgieron para inclinar la balanza y terminar de empujar hacia una huelga que hasta después de la movilización seguía en duda. La razón: la progresiva caída en los subsidios al transporte de pasajeros con el consecuente deterioro de la ecuación económica para empresarios y asalariados.

El reordenamiento del frente interno se produjo ayer a la tarde durante un encuentro de la "mesa chica" de la CGT que integran los miembros del triunvirato de conducción, Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña, los exlíderes de sendas versiones de la organización Luis Barrionuevo y Antonio Caló, y referentes de los otros sectores como los "independientes" Andrés Rodríguez (estatales, UPCN), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y los gremialistas del transporte Roberto Fernández (colectiveros, UTA) y Omar Maturano (maquinistas de La Fraternidad). Hugo Moyano, ausente con aviso, dio su aval para la determinación final que se dará a conocer la semana que viene en el Consejo Directivo.

La reunión, que contó con Lingeri como anfitrión, giró en torno del paro, el resultado de la marcha y la búsqueda de responsables de los incidentes al término de la protesta. Sobre este último punto surgió la determinación de dar a conocer un comunicado en el que la CGT responsabilizará a sectores kirchneristas y de la izquierda política por haber aguijoneado los incidentes. Aunque apuntarán contra intendentes como Juan Patricio Mussi (Berazategui) y Jorge Ferraresi (Avellaneda) como aparentes motores de los manifestantes que hostigaron desde abajo del palco a los triunviros con ponerle una fecha al paro, hasta ayer crecían los pases de factura internos por un episodio que no registra antecedentes en la historia reciente del sindicalismo, sobre todo por las agresiones que recibieron los máximos dirigentes.

Pero el tema de fondo fue la necesidad de resolver la huelga nacional. Con escasas chances de encontrar un canal de diálogo con el Gobierno -y más después de los allanamientos de AFIP al gremio gastronómico de Barrionuevo, ver página 7- el debate siguió hacia la fijación de una fecha. Hasta anoche estaba descartado convocar al paro el 31 de marzo, como habían alentado sectores como los gremios industriales y el propio Barrionuevo, y la balanza había quedado inclinada hacia la primera semana de abril.

La opción principal para el paro es por ahora el jueves 6 de abril, mientras que algunos sugerían hacerlo el martes de esa semana. En cualquier caso se trató de la decisiva influencia de los sindicatos del transporte, que en los últimos días terminaron de convencerse de que el Gobierno bajará los subsidios para la actividad. La primera señal la recibió Roberto Fernández cuando el Ejecutivo pagó por última vez una compensación al transporte automotor de larga distancia por la competencia de Aerolíneas Argentinas en algunas rutas comunes. El jefe de la UTA, habitualmente negociador a ultranza y concesivo hacia Mauricio Macri, sabe que varias empresas de micros serán inviables sin un sostén del Estado.

En la misma posición que Fernández se encuentran Maturano y Moyano. Los tres se convencieron de que llegó el momento de hacerle sentir presión al Gobierno por los sucesivos incumplimientos en las mesas de diálogo, las retiradas de subsidios y, sobre todo, para revalidar la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT) como principal eje de la conflictividad social, incluso por encima de la CGT en general.

No es casual que tanto Moyano como Fernández y Maturano estuviesen ausentes en el palco de la marcha de este martes. Los tres, además, suelen recordar que sin su adhesión ningún paro cobra efectividad. De asentarse esa lógica será un problema para los "gordos" de los grandes gremios de servicios y los "independientes", que retienen gran poder de movilización y una porción fundamental de la gestión diaria en la CGT pero están imposibilitados de garantizar una huelga impactante.

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