27 de febrero 2019 - 00:01

"La misma sangre": retorno del cine nacional al thriller

El primer lanzamiento fuerte del año, en un mes atípico como febrero, está coprotagonizado por Dolores Fonzi, Norman Briski y Paulina García.

La misma sangre. Una muerte sospechosa en el seno familiar sostiene el policial con Oscar Martínez.
La misma sangre. Una muerte sospechosa en el seno familiar sostiene el policial con Oscar Martínez.

El cine argentino estrena este jueves su primer título fuerte del año, “La misma sangre”, un thriller a la manera de drama familiar, con muerte sospechosa, interpretado por Oscar Martínez, Dolores Fonzi, Norman Briski, Diego Velázquez y los chilenos Paulina García y Luis Gnecco (“Gloria” y “Neruda”, respectivamente). Su realizador es Miguel Cohan, el mismo de “Sin retorno” y “Betibú”. Dialogamos con él: Periodista: ¿Conviene estrenar ahora en febrero, cuando la temporada recién está por empezar?

Miguel Cohan: Es la incógnita de siempre. El año pasado todos querían estrenar en agosto, el mes de mayor convocatoria, pero, ¿por qué esperar, si ya tenemos la película lista?

P.: El título de rodaje era otro.

M.C.: Sí, pero lo sentía demasiado explicativo. Bautizar una obra suele ser difícil, porque el título predispone al espectador, o lo espanta. Debe orientar, pero no mucho. La otra opción es la de Buñuel, que a veces desconcertaba, pero no me sale.

P.: Su coguionista es, como siempre, Ana Cohan.

M.C.: Tercer guión que hacemos juntos. Nuestra mecánica es caótica, pero funciona. Cada uno es capaz de reescribir totalmente lo que ha hecho el otro, hasta quedar los dos conformes. Lo que queda, es porque nos gusta a los dos. Y esta vez se sumó Walter Rippel, que había sido director de casting de “Betibú”.

P.: Hablando de casting, ¿cómo entra Paulina García en esta producción?

M.C.: Buscábamos que el personaje de la esposa de Oscar Martínez fuera como ella. ¿Y por qué entonces no recurrir directamente a la original? Enseguida aceptó. Sería una esposa chilena. Por tanto el primo, figura importante de la intriga, también debía ser chileno. Eso aumentaría la distancia con el marido.

P.: Suena bien, pero, frente a Luis Gnecco uno se pregunta qué le vio esa mujer para anteponerlo al marido...

M.C.: Son primos. Se conocen desde chicos. Y los vínculos entre parientes suelen ser más fuertes de lo que el raciocinio nos permite.

P.: La mirada del chico que hace de nieto es muy parecida a la mirada de su madre en la ficción, Dolores Fonzi. ¿Lo eligieron por eso?

M.C.: No lo buscamos por la mirada, pero nos impresionó. Se llama Emilio Vodanovich, ya trabajó en “Acusada” y “Natacha”, y tiene un mérito poco común: conserva la naturalidad en las retomas, eso que tiene Oscar, que muestra verdad aunque sea la quinta vez que recita lo mismo.

P.: A propósito de verdad, ¿es cierto lo que ahí se muestra sobre la burocracia del Senasa?

M.C.: Es todo ficción. Ni siquiera filmamos en el Senasa, sino en un piso superior del edificio del Banco de Galicia de calle Florida, que ahora es casi un set de filmación.

P.: En la planta baja y sótanos se filmó el policial “Cien años de perdón”. ¿Y tampoco filmaron en Entre Ríos las escenas correspondientes al campo entrerriano?

M.C: Aunque un personaje diga “Cruzás Zárate y estás enseguida”, no era tan sencillo. Cuestiones sindicales encarecían el rodaje en exteriores. Así que filmamos en las afueras de Montevideo (entonces el dólar era otro). Hay alguna diferencia, el campo es más verde, hay menos palmeras, pero pasa. El cine tiene cosas de logística más importantes de lo que el guionista imagina.

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