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Clave para Bolsas: EE.UU. y Japón
Será menester, entonces, asegurarse tasas cortas más negativas todavía, hundirlas como contrapeso de las tasas largas positivas y cruzar los dedos para que alejen la gélida respiración de la deflación en la nuca (lo cual dista de ser obvio). Que Japón consiga fabricar una vulgar inflación del 2% anual, bueno, eso es pedir el cielo. Y no será concedido.
Se diría que con la tormenta de las tasas largas, Japón le arruinó el programa a la Fed (por una vez en la vida). Es verdad, pero no es toda la verdad. La economía pujante y los mercados entusiastas, que fueron el marco en el que la Fed montó la escalada de su pirotecnia verbal, se resquebrajaron bajo presión. Y no hay que mirar a Tokio para hallar explicación. La producción industrial en los EE.UU. confirmó esta semana el anticipo del renqueante ISM manufacturero; las ventas minoristas se sumaron al cuadro de debilidad, y qué decir de las magras proyecciones de las pequeñas compañías en materia de ventas o contrataciones nuevas. Ni siquiera la esperada recomposición de inventarios -después de una fortísima desacumulación en el segundo trimestre- asoma bravía. Los mercados achicaron cotizaciones con un ojo en esa realidad (y el otro sí en el revulsivo que armó Japón con la renta fija). Si la Fed hubiera querido persistir en la presión a toda costa no hubiera agendado, fuera de programa, un discurso pacifista de la gobernadora Lael Brainard. Para subir la tasa hay tiempo, dijo, que es lo que dice siempre, pero resonó como si fuera un mensaje oficial de embajador de carrera.
Que la inflación minorista núcleo trepase al 2,3% en los EE.UU. (según se supo el viernes), ¿obligará a apurar el paso? La inflación minorista es el 1,1%. El deflactor del gasto de consumo personal, la variable que define la meta, el 1,5%. Además, las expectativas de
inflación se preservan muy bien ancladas (por debajo del 2% para toda la próxima dé-cada) cuando el mundo está
al garete. Y así, la elección parece obvia (más cuando se piensa en la otra elección, la que araña Donald Trump). ¿No hay chance, sin embargo, de que la Fed quiera romper el molde de sus decisiones pasadas y protagonizar una sorpresa? Sí. Es la opción "one and done". La alternativa de realizar una suba de tasas, que sea la última (hasta donde llega la vista). No es una variante decabellada. Es posible, la publicita James Bullard, de la Fed de Saint Louis, aunque luce poco probable.


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