19 de septiembre 2016 - 00:00

Clave para Bolsas: EE.UU. y Japón

¿Qué pasará este supermiércoles? La gente pregunta por la Fed, de Yellen, pero debería hurgar más en el Banco de Japón, de Kuroda. De arranque nomás, porque Tokio moverá primero (cortesía del huso horario). De hecho, el Banco de Japón ya se cortó solo y madrugó a todos. Las filtraciones a la prensa de la presunta Operación Twist Inversa -que le restaría demanda a los bonos largos- lograron revertir los últimos diez días el sostenido proceso de inmersión de las curvas de rendimiento a tasas negativas. Más de 2 millones de dólares de obligaciones volvieron a cotizar rindes por sobre la superficie. El señor Kuroda lanzó su globo de ensayo y subió las tasas largas no únicamente en Japón (su objetivo) sino en todo el mundo. Y también consiguió lo que deseaba, empinar la curva (otra vez, a lo largo y ancho del globo). Todo bien si uno considera que los de afuera son de palo, salvo cuando se menciona que el Banco de Japón opera una meta de inflación anual del 2%, y los datos a julio marcan una caída de precios del 0,5%. El señor Kuroda produjo un apretón monetario imprevisto, de alcance mundial, que cayó como peludo de regalo. No es, por cierto, su intención. Y sí es una característica del Twist, al revés o al derecho. Cuando la Fed lo resucitó en 2011, para hacer lo contrario de lo que Tokio procura hoy, el cambio de portafolio también tuvo un impacto inicial traumático que se diluyó rápido después y se perdió en el olvido. Supongamos entonces que el señor Kuroda consigue el apoyo necesario en el seno del Banco de Japón para bailar el twist (en enero impuso el estreno de las tasas negativa en una cerrada votación 5 a 4), lo que faltaría producir es que ceda el apretón involuntario, que la liquidez vuelva a irrigarse con la fluidez de antes, o aún mayor.

Será menester, entonces, asegurarse tasas cortas más negativas todavía, hundirlas como contrapeso de las tasas largas positivas y cruzar los dedos para que alejen la gélida respiración de la deflación en la nuca (lo cual dista de ser obvio). Que Japón consiga fabricar una vulgar inflación del 2% anual, bueno, eso es pedir el cielo. Y no será concedido.

Se diría que con la tormenta de las tasas largas, Japón le arruinó el programa a la Fed (por una vez en la vida). Es verdad, pero no es toda la verdad. La economía pujante y los mercados entusiastas, que fueron el marco en el que la Fed montó la escalada de su pirotecnia verbal, se resquebrajaron bajo presión. Y no hay que mirar a Tokio para hallar explicación. La producción industrial en los EE.UU. confirmó esta semana el anticipo del renqueante ISM manufacturero; las ventas minoristas se sumaron al cuadro de debilidad, y qué decir de las magras proyecciones de las pequeñas compañías en materia de ventas o contrataciones nuevas. Ni siquiera la esperada recomposición de inventarios -después de una fortísima desacumulación en el segundo trimestre- asoma bravía. Los mercados achicaron cotizaciones con un ojo en esa realidad (y el otro sí en el revulsivo que armó Japón con la renta fija). Si la Fed hubiera querido persistir en la presión a toda costa no hubiera agendado, fuera de programa, un discurso pacifista de la gobernadora Lael Brainard. Para subir la tasa hay tiempo, dijo, que es lo que dice siempre, pero resonó como si fuera un mensaje oficial de embajador de carrera.

Que la inflación minorista núcleo trepase al 2,3% en los EE.UU. (según se supo el viernes), ¿obligará a apurar el paso? La inflación minorista es el 1,1%. El deflactor del gasto de consumo personal, la variable que define la meta, el 1,5%. Además, las expectativas de

inflación se preservan muy bien ancladas (por debajo del 2% para toda la próxima dé-cada) cuando el mundo está

al garete. Y así, la elección parece obvia (más cuando se piensa en la otra elección, la que araña Donald Trump). ¿No hay chance, sin embargo, de que la Fed quiera romper el molde de sus decisiones pasadas y protagonizar una sorpresa? Sí. Es la opción "one and done". La alternativa de realizar una suba de tasas, que sea la última (hasta donde llega la vista). No es una variante decabellada. Es posible, la publicita James Bullard, de la Fed de Saint Louis, aunque luce poco probable.

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