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Clave: descifran que a mitad de 2015 se acaba tasa cero en EE.UU.
Si se les presta atención a los mensajes posreunión parecería que al banco central -envalentonado- lo corre la prisa. El presidente de la Fed de Dallas, Richard Fisher, hubiera preferido un recorte de 20 mil millones de dólares, el doble que el que se practicó, e insiste en que sería el ritmo apropiado. No es lo que dijo Ben Bernanke quien sugirió una cadencia de ajustes sucesivos en torno a los 10 mil millones de dólares por reunión. Fisher, dos semanas atrás, no contaba con la capacidad de voto para instalar su opinión. El mes próximo (y por todo 2014) será distinto. Entra en la rotación anual del comité de mercado abierto y tendrá voz y voto a la hora de la decisión.
Jeffrey Lacker, titular de la Fed de Richmond, fue más allá. Tocó la veta sensible: la oportunidad de comenzar con la suba de las tasas de interés. Se sabe que la estrategia usada para suavizar el estreno del "tapering" fue la de extender el horizonte de vigencia de la política de tasas cero (ZIRP). Pues bien, Lacker no dudó en meter una cuña. A su juicio, la Fed debería elevar la tasa de fed funds a principios de 2015. O sea, un año antes que lo que estima el consenso de los funcionarios. Y cuando 2015 culmine las tasas cortas deberían rondar el 2% (y no el 0,75% que sugiere la mediana de las preferencias de sus colegas). Que Lacker representa una visión extrema dentro de la Fed nadie lo ignora. "Soy la tercera observación mirada desde el sol", aclaró. 17 gobernadores y presidentes de distrito vuelcan sus proyecciones numéricas en las planillas que difunde la Fed. Sólo dos altos personeros quieren que las tasas cortas trepen antes que Lacker (y sólo dos, presumiblemente los mismos, consideran apropiado que las tasas de fed funds merodeen el 3%, en vez del 2%, al filo de 2015). ¿Por qué prestarle oídos a Lacker si su posición se aleja tanto de la media? El silencio de sus colegas resalta su palabra, pero no es cierto, entre los banqueros centrales, que el que calla otorga. Aunque, a veces, la Fed apela a la locuacidad de los radicales para probar sus globos de ensayo, la razón es otra. Los mercados, a la luz de los indicadores económicos, están comenzando a sondear también un escenario de tasas más lackeriano.
El martes, las tasas largas acecharon el 3% (y en algunas plataformas electrónicas, brevemente, lo superaron). Las tasas de diez años cerraron en el 2,98% (25 puntos base por encima de su registro un mes atrás). La "panza" de la curva de rendimientos fue lo más afectado por el "tapering": la tasa de cinco años aumentó, en el ínterin, 40 puntos base. No sorprende porque es la duración de los bonos que se involucran en el QE3. Pero la tasa de dos años se elevó 12 puntos base frente a los 7 que se movió la de treinta años. Son los corrimientos en la parte corta de la curva los que más ponen a prueba las tesituras de la Fed. Y se advierte -en los futuros de fed funds y eurodólares- un deslizamiento: ni a comienzos ni al final de 2015, los mercados ya cotizan la primera suba de tasas a mitad de dicho año. El tapering debería ser neutral con respecto a la política de tasas cero y aquí surje una duda. Será la primera, no la última. Cuando falta un mes para la próxima reunión de la Fed, ello augura una escalada. Aun con una economía que sostenga su pulso reciente, no será fácil para el banco central aumentar la apuesta. Y, si la tasa larga se eriza, no le será fácil tampoco mantenerla. El mundo cambió menos de lo que parece: la Fed seguirá necesitando mucha paciencia y saliva para abrirse paso en un ecosistema de convicciones tan volátil.

