27 de mayo 2011 - 00:00

Confesión: acuerdo con Brasil se demorará (mínimo) un mes

La presidente argentina, Cristina de Kirchner; y su par de Brasil, Dilma Rousseff.
La presidente argentina, Cristina de Kirchner; y su par de Brasil, Dilma Rousseff.
Pese al optimismo que dejaron traslucir en las últimas horas los negociadores de la Argentina y de Brasil, el conflicto comercial no tiene visos de resolverse en el corto plazo. Si bien los negociadores apuestan a un acercamiento de las posiciones de ambos gobiernos para comienzos de la próxima semana, hubo señales de que la normalización del comercio bilateral será lenta, según manifestaron ayer funcionarios del Ministerio de Industria brasileño.

Ambos equipos negociadores se muestran firmes y sin apuro. Pero la realidad es que corren contra el reloj porque tienen la espada de Damocles de la próxima cumbre de jefes de Estado del Mercosur del 24 de junio en Asunción, y no pueden dejar que Cristina de Kirchner y Dilma Rousseff lleguen al encuentro con este conflicto latente.

Por un lado, ayer se percibió que tanto desde la cartera de Industria, a cargo de Débora Giorgi, como desde la de su par brasileño Fernando Pimentel intentaron bajar los decibeles del conflicto para que no escale a niveles que conspiren contra las negociaciones en curso. Ambos recalcaron su predisposición para negociar y solucionar rápidamente las controversias para no afectar el flujo normal del comercio y de la producción.

Sin embargo, un vocero del ministerio brasileño ayer le confirmó a la agencia EFE que «las negociaciones proseguirán en una reunión en Brasilia prevista para dentro de una o dos semanas». En Buenos Aires hubo avances, pero no un acuerdo para eliminar las licencias no automáticas adoptadas por ambos países, explicó el funcionario brasileño.

Ayer, por un momento, se generó cierto alivio a raíz de una nota publicada en el diario Valor que señalaba que el Gobierno de Dilma Rousseff estaba dispuesto a aceptar cupos para la exportación de maquinaria agrícola al mercado argentino, aunque primero lo consultará con los fabricantes locales. Cabe destacar que, junto con el de los autos, éste es uno de los temas más sensibles de la negociación para la posición argentina. Pero el mismo vocero brasileño negó que su Gobierno esté dispuesto a imponer «cuotas voluntarias» de exportaciones a la Argentina para superar la disputa comercial como ocurrió unos pocos años atrás.

En cuanto a la liberación de productos retenidos en las fronteras por las licencias no automáticas, desde Brasil explicaron que continúa siendo gradual.

La situación actual es que Brasil aceleró las licencias para numerosos vehículos y la Argentina está permitiendo gradualmente el ingreso de alimentos, neumáticos, tractores, cosechadoras, calzados y otros productos que esperaban autorización.

El propio Pimentel, que había calificado las negociaciones como buenas y que no habían fracasado, reconoció que la Argentina había sondeado sobre la posibilidad de aplicar cupos a la exportación.

Por su parte, ayer el canciller brasileño Antonio Patriota también salió a poner paños fríos al conflicto bilateral y sostuvo en Brasilia que el diferendo automotor no había contaminado las relaciones con la Argentina. Dijo que era natural la existencia de controversias comerciales cuando hay relaciones intensas entre las naciones. «Es natural que esto ocurra entre dos socios comerciales que tienen un comercio tan significativo. Esto mismo ocurre entre EE.UU. y la Unión Europea», dijo el canciller en Itamaraty después de almorzar con su par española Trinidad Jiménez. Patriota informó además que ayer conversó con el canciller argentino, Héctor Timerman.

Con relación a las últimas medidas proteccionistas, Pimentel dijo en un seminario que tendrán un real fuerte por mucho más tiempo y por eso van a compensar la desventaja cambiaria con una política de defensa comercial más activa, todo lo que sea posible dentro de las reglas de la OMC. Afirmó que aplicarán más licencias no automáticas a los sectores que afecten el superávit comercial, además de las aplicadas a los autos.

Y para compensar el efecto del dólar barato estudian eximir de impuestos y otros alicientes financieros.

Jorge G. Herrera

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