31 de mayo 2013 - 00:00

Cristina enérgica: bendición a ultras y castigo a “intocables”

Serio, Daniel Scioli junto a Cristina de Kirchner y Martín Insaurralde, intendente de Lomas, que sonríen y saludan. Las dos versiones del trato presidencial: el frío y la crítica para uno; y la familiaridad y el elogio para el otro.
Serio, Daniel Scioli junto a Cristina de Kirchner y Martín Insaurralde, intendente de Lomas, que sonríen y saludan. Las dos versiones del trato presidencial: el frío y la crítica para uno; y la familiaridad y el elogio para el otro.
"Quieren tener un millón de amigos". La frase pertenece a Néstor Kirchner que, en Olivos, la citaba con mordacidad para referirse a Daniel Scioli. "Cree que puede ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos, pero eso, en política, no se puede".

Ayer, en Lomas, Cristina de Kirchner la desempolvó para ametrallar, sin jamás nombrarlo, al gobernador bonaerense: lo acusó de "no poner la cara", de "querer andar bien con todos" y de "no defender el proyecto nacional".

Scioli, sentado a unos metros, escuchó impasible el discurso como si la balacera verbal de la Presidente, con su coreografía histriónica, no le estuviese dirigida.

Cuarenta minutos antes, subieron juntos al escenario. La Presidente, primera, escoltada por Martín Insaurralde, el alcalde anfitrión, y luego Scioli. Una charla previa al acto, áspera y repleta de reproches, fue el chispazo -según circuló entre los dirigentes presentes en el acto- que desató la queja.

Unas horas antes, el gobernador cuestionó a los gremios docentes, que ayer cumplieron su cuarto día de paro, con una frase que irritó a la mandataria. "No están desestabilizando a un Gobierno, sino que es mucho más grave, porque están desestabilizando a las familias", dijo.

Semántico

El malestar de la Casa Rosada fue político y semántico, porque Scioli habló de "desestabilización" de los sindicatos docentes, la mayoría cercanos al kirchnerismo, pero se rehúsa, dicen los K, a reaccionar frente a conductas similares de "corporaciones" contra el Gobierno nacional.

"Pese que a veces no me defiendan algunos dirigentes, no crean que soy estúpida", estalló la Presidente.

Anoche, en La Plata, ensayaban un desmarque a partir de una relectura de la parrafada cristinista según la cual la metralla tuvo como destinatarios a Mauricio Macri y, además, a Sergio Massa, a los que el sciolismo incluyó en el club de los "dirigentes intocables" por los medios, según la querella de Cristina.

Como hizo, además, una referencia a la inundación de La Plata, se incluyó a Pablo Bruera entre los vapuleados, aunque, como en el caso de Scioli, tampoco lo nombró.

En Lomas, la Presidente acusó a "ciertos sectores" de tener " protección mediática" y apuntó que hay "dirigentes intocables, a los que los grandes medios corporativos nunca los tocan".

"¿Por qué les pegan a unos y no a los otros?"
, se preguntó, e invitó a los aplausos de los invitados que se repartían en el palco mayor, otros en el secundario -el vice Gabriel Mariotto, entre ellos- y los alcaldes que, aplicados y correctos, se amontonaron en la zona vip de la carpa montada para la ocasión.

El paso de la Presidente por Lomas de Zamora mostró el yin yang K: la lluvia ácida contra Scioli y compañía tuvo como contracara el trato hipercordial y elogioso con Insaurralde, el alcalde local, que ayer cumplió 43 años.

Insaurralde, intendente desde fines de 2009 -quedó a cargo del municipio luego de la renuncia del protoduhaldista Jorge Rossi- figura en todos los cartones del bingo K como seguro candidato a diputado nacional por la provincia. "Si Cristina me lo pide ahí estaré, avisa, a quien lo quiera oír, la Presidente.

Fue ostensible la diferencia en el trato. Antes y después de los quejas innominadas, pero dirigidas a Scioli, para Insaurralde, a quien nombró ocho veces como "Martín", sólo tuvo elogios y bendiciones.

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