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Cristina quiere mostrar el 25-M las cuatro patas del esquema K
El PJ amigo, unidos y organizados, los gremios alineados y los intendentes del conurbano. Masividades y señales
Andrés “Cuervo” Larroque, Antonio Caló, José Luis Gioja, Julián Domínguez
Se vende como un acto popular, no partidario, con una convocatoria masiva como una versión diezmada del Bicentenario. Pero el 25-M, al que se anuda la referencia a la Revolución de 1810, tiene un plus puramente político: poner en la calle, como un ensayo general, las cuatro patas de ejército K.
En Plaza de Mayo, el sábado 25, la Pesidente pretende ensamblar las piezas irregulares y a veces antagónicas del dispositivo oficial: Unidos y Organizados, los gobernadores peronistas, los intendentes del conurbano y el incierto puzzle sindical.
Hasta ahora, sólo en el acto del 27 de abril de 2012 en la cancha de Vélez, día del lanzamiento de Unidos y Organizados, el kirchnerismo puso en un mismo ring a sus cuatro extensiones.
Pero en aquella ocasión el protagonismo lo centralizó UyO, la megaorganización que gerencia La Cámpora -con la jefatura visible de Andrés "Cuervo" Larroque- y que amalgamó a las múltiples tribus que operan al margen del PJ institucional.
Dispositivos
Recién en octubre del año pasado, la mandataria habilitó darle organicidad al vínculo con los intendentes del conurbano y dispuso un método para contener a los gobernadores asociados.
Lo primero lo hizo a través de lo que se llamó Grupo Santa Teresita (GST), mesa donde intervienen Amado Boudou, Julián Domínguez, Carlos Kunkel -creador de "La peña", punto de origen del GST- y un puñado de caciques del conurbano rabioso como Martín Insaurralde de Lomas y Fernando Espinosa de La Matanza, entre otros.
El ensamble con los gobernadores fue dual; vía Gestar, el instituto del PJ que coordinaron José Luis Gioja y Diego Bossio (ANSES), y a través de Julio De Vido y el plan "Más cerca" como enlace con los jefes provinciales aliados y los intendentes alineados.
En marzo, Gestar montó en Paraná la plataforma para bombardear a Scioli. Tenía listo un encuentro en Jujuy para este fin de semana pero, por pedido de Cristina de Kirchner, se pasó para junio con el único propósito de concentrar todos los esfuerzos en la convocatoria para el 25-M.
El cuarto componente es el más frágil. La fractura de la CGT por la enemistad con Hugo Moyano produjo un cisma sindical caótico donde ni siquiera la central oficial, capitaneada por Antonio Caló, logró unicidad de conductas y criterios.
En estas horas se programa, contra reloj y en reserva, una cumbre entre Cristina y el jefe de la UOM para, más allá de la agenda sindical, volver a mostrar una instantánea de ese sector del sindicalismo peronista en el álbum de fotos K.
Fuera de esa grilla quedan dos actores. En la mesa de arena de Olivos, Daniel Scioli y Sergio Massa no caben en ninguna de las categorías anteriores, aunque tampoco los ubican como espadones anti-Cristina.
Habitan, en el escenario que dibuja el cristinismo, un limbo donde no son integrantes del kirchnerismo pero tampoco pueden, sin heridas, reconfigurarse como antikirchneristas. Sobre esa hipótesis, los ultra-K dan como un hecho la inmovilidad de Massa y Scioli en la travesía electoral de este año.


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