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Cristina, una jefa de campaña que arma gira de despedida
La Presidente viajó ayer a La Pampa acompañada por Scioli, Zannini, Wado de Pedro, Domínguez, Sileoni y Aníbal Fernández. Sentó a su lado a Fabián Bruna, precandidato a gobernador del kirchnerismo.
Operó en dos dimensiones. Hacia adentro de la galaxia K ordenó sin anestesia la galaxia oficial al bendecir como único candidato a Daniel Scioli y, en el mismo acto, soldar a Carlos Zannini como vice. Florencio Randazzo -que el lunes se vio con la Presidente y refrendó que sigue como ministro- le frustró el plan mayor de tener lista única en todos los planos.
Hacia afuera, irrumpió como vocera brutal contra la oposición, con un lenguaje y una actitud que no transitan los candidatos propios: no lo hace Scioli ni lo hace Mariano Recalde, si se quiere extremos de la ancha avenida FpV.
Ayer, en La Pampa, enhebró un discurso de campañismo explícito: apuntó a Mauricio Macri, en tono despectivo, y hasta se animó a poner en el radar a Martín Lousteau, que alguna vez fue su ministro por un antojo propio y contra la voluntad de Néstor Kirchner, y polariza con Horacio Rodríguez Larreta en el ring porteño.
El tránsito de Cristina de Kirchner, escoltada por Scioli y Zannini, por La Pampa responde a un pedido del gobernador Oscar Jorge, que pelea por la intendencia de la capital pampeana contra una versión del PJ clásico capitaneada por el senador Carlos Verna. Es una demanda que generó ella cuando, a principios de mayo, se reunió con los gobernadores del PJ y se ofreció a ayudarlos en la campaña, una manera de avisarles que apostaba a la victoria del peronismo K.
Mirando hacia atrás, y con la agenda que bosquejan en Casa Rosada para estos meses, el respaldo a los gobernadores empezó a mutar: además de colaborar en las campañas locales, la secuela de show marcha a convertirse en una especie de gira de despedida.
En sus últimos años como presidenta, en particular luego de los dos episodios de salud, redujo casi a cero, limitados a eventos muy puntuales, sus viajes al interior del país. Sistematizó los actos en Casa Rosada que, mediante el sistema de teleconferencias, le permitían "enlazar" con distintas provincias y regiones. Dejó, incluso, de "bajar" al conurbano profundo.
Sin embargo, en los últimos 40 días, la Presidente viajó a Chaco con Jorge Capitanich, a Río Negro con Miguel Ángel Pichetto, a Mendoza con Francisco "Paco" Pérez y ayer, a La Pampa. La gira despedida tiene otros destinos programados: la esperan en Río Tercero la semana próxima, en Comodoro Rivadavia en julio y el 9 del mes próximo estará en Tucumán, en su último acto como presidenta por el Día de la Independencia.
En Casa Rosada avisan que habrá más: por caso, anticipan "varios actos" en el conurbano luego de las primarias del 9 de agosto y antes de la general del 25 de octubre.
En otros tiempos, esos anuncios los hacía vía satélite. Usó, de hecho, ese sistema para ayer anunciar obras en La Rioja, donde se vota dentro de 10 días, y en Villa María, dominio de Eduardo Accastello, el candidato a gobernador K en Córdoba.
Disputas
Como "jefa de campaña" se metió en la pelea de catch porteña: elogió la gestión de Aerolíneas Argentinas (AA) para respaldar a Recalde a la vez que castigó a Macri y al PRO a los que acusó de querer gobernar con "chamuyo y globitos".
Sin embargo, el dato más significativo fue la referencia, innominada, a Lousteau, al que acusó de querer "dar lecciones" cuando en 2008, como ministro de Economía, impulsó la resolución 125, hizo "mal los números", pero no se hizo "cargo". "Cuando escuchaba a éstos que nos querían dar algunas lecciones, sobre todo algunos que me costó sangre sudor y lágrimas", dijo en referencia al candidato porteño de ECO.
Le dedicó una metralla más. "Casi nos hacen volcar -dijo- por hacer mal los números y ahora nos vienen a dar lecciones a nosotros".
Hay que desmalezar esas palabras para encontrarles un sentido electoral. Por un lado, Cristina de Kirchner elige como rival menor a su exministro, pero para recordarle que, según su criterio, fracasó en ese rol, pero, a la vez, que fue un funcionario K como lo fue también Sergio Massa.
Recalde bracea contra Lousteau, no contra Larreta. En Gobierno deslizaron ayer que las críticas de la Presidente son para restar los votos filo-K que, según las encuestas que leen en Balcarce 50, van al economista. Pero a la vez puede empujar voto anti-K hacia Lousteau a quien ven, en el plano nacional, lejos de una postura dura contra Olivos.
Una jugada intencional para fidelizar voto amigo y dividir el voto opositor, lo que forma parte de una fantasía híper-K: que Larreta no gane en primera vuelta y enfrente, más adelante, un balotaje incierto, lo que dañaría, sobre todo después del derrape en Santa Fe, la proyección nacional de Macri. Son, de todos modos, elucubraciones de sobremesa de los operadores K.



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