“Valoro ese intercambio, ese enchastre, que las cosas no salgan y que por eso aparece algo superador, suceden en el teatro en general pero en el off en particular”, dice Pablo Bellocchio, autor y director de “Cuatro”, que cierra la trilogía iniciada por “Dos” y “Tres”, siempre en torno a la temática de pareja. En la primera abordó una separación, en la segunda la violencia en la pareja y en esta la intimidad y mundo exterior en dos parejas de amigos.
“Cuatro”: la pareja, una vez más, como foco privilegiado del teatro
La nueva producción dramática cierra una exitosa trilogía que iniciaron "dos" y "tres". Diálogo con el autor y director Pablo Bellocchio y con uno de los protagonistas, Guido Guarino.
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Cuatro. El autor y director Bellocchio, junto con el equipo de la obra.
Protagonizada por Guido Guarino, Lulai Paulini, Maximiliano Ricciardi y Déborah Monzón, “Cuatro” se presenta los sábados a las 21.30 en El Jufre, Jufre 444. Dialogamos con Bellocchio y Guarino.
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de escribir sobre estas dos parejas y un amigo muerto?
Pablo Bellocchio: Hay algo que me parecía interesante desde el dispositivo escénico y tenía que ver con las dos parejas que se juntan. El tema es el mundo íntimo de la pareja y el afuera, como se vinculan puertas adentro y hacia los otros. La reunión de parejas de amigos me parecía una situación muy rica, el pensar como uno se viste para la mirada de los demás, esta suerte de competencia tácita que hay para ver quién se ama más, quién se lleva mejor, estas cosas que se generan y la tensión que se maneja. A eso se le sumó el amigo que no está y qué cosas despierta su ausencia en cada uno de ellos. Primero fue el motor de la intimidad de la pareja y después el fallecimiento de este amigo.
P.: ¿Hay resonancias a tantas historias de parejas de amigos vistas en cine, teatro o series? Pienso en “Los amigos de ellos dos”, de Veronese; y “El divorcio”, “Entre copas”, “Wanderlust”, “Vecinos”, de Raymond Carver.
P.B.: Hay pocos vínculos más polarizados que el de la pareja, es en donde uno abre cuestiones de uno, se expone más, me gusta retratarnos como seres humanos con la excusa de la pareja y ahí pensar en los miedos, las miserias, falencias.
Guido Guarino: Aparecen la convivencia, la fidelidad, querer o no hijos, qué pasa si alguien muere y el viudo se pone en pareja, muchos temas para pensar y espejarse en los personajes. El buen teatro es el que te hace pensar.
P.: ¿Cómo pasó del texto al escenario?
G.G.: La obra surgió de compañeros de teatro que pensamos sobre qué hablar, parejas, trabajo y convocamos a nuestro profesor Pablo Bellocchio a formar parte. Fue muy interesante ver cómo escribió a partir de los brainstorming y las improvisaciones. Fue impactante como, con el texto en mano, se generó la tensión y se transformaron los ensayos.
P.B.: Al ser un proceso de laboratorio primero hubo que llegar al texto, hubo larga búsqueda y entender qué era lo que queríamos. Investigamos situaciones y dejamos que lo dramático jugara, ahí apareció el contraste entre la intimidad y la extimidad. En un mes intenso escribí la obra, luego la montamos pero ya desde la escritura tenía una cantidad de ideas de cómo quería que fuera la puesta. Algunas se modificaron por las limitaciones que siempre están en el teatro independiente, pero a partir de ahí surgieron cosas muy potentes y una síntesis en la puesta. Cuando uno tiene todos los recursos a mano a veces la creatividad no aparece, y ante su falta hay hallazgos. Fueron dos o tres meses de descartar y sintetizar y llegamos a una suerte de ring en donde salen a la contienda los actores que están todo el tiempo en escena. Se devela bastante del artificio teatral, no hay una intención de transformar el espacio en uno real sino todo lo contrario, jugar con desnudar la intimidad sin paredes sin puertas, sólo un rectángulo en el suelo.
G.G.: Que haya público en tres frentes, porque el escenario tiene forma de herradura, le da mucha complejidad y genera intimidad, que no sólo nos ve como personajes sino como actores. Por eso también optamos por una sala chica.
P.: ¿Por qué el teatro independiente?
P.B.: Lo elijo ya hace muchos años porque hay libertad para poder hablar de lo que uno quiere y eso no existe en otros ámbitos. Creo en el trabajo colectivo, con las dificultades para encontrar personas idóneas, pero me gusta lo que sucede cuando muchas voluntades se ponen a trabajar.
G.G.: Permite poner en escena obras más disruptivas, en términos de escenografía usamos muy pocas cosas, todo conceptual, cubos negros y representaciones de cosas con muy pocos elementos que llevan al baño, al balcón, o el living de la casa con nada.
P.: ¿Cómo ven la escena teatral?
P.B.: Es una de las más potentes del mundo, con búsquedas que no hay en otros lados, con una variedad y cantidad de oferta teatral muy diversa. Después de a pandemia yo imaginé que iba a ser terreno arrasado y como un desierto, pero todo se recuperó y siguen apareciendo novedades. Siempre cuesta llevar gente al teatro, por eso es importante darle al público algo donde encuentre algo diferente, una opción distinta, donde se pueda ver reflejada su humanidad y divertirse también, pero para sólo divertirnos hay ofertas más tentadoras que el teatro. Me parece que el teatro ofrece estar en comunidad con otros, riendo o llorando por lo mismo, y los intérpretes en vivo. Eso solo lo da el teatro.
G.G.: Es uno de los países con el mejor teatro, más vanguardista, vi teatro en muchos países y nos destacamos en calidad de actores, propuestas, cantidad de salas, tenemos una super escena de teatro under, todas las semanas voy a ver obras a Timbre4, Nun, El Galpón de Guevara, El Kairós, todos tienen su público y obras de mucha calidad.
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