28 de agosto 2009 - 00:00

De lejos parece rally, pero de cerca asusta

De lejos parece rally, pero de cerca asusta
A siete meses de asumir con uno de los niveles de aceptación más elevados de la historia norteamericana, Barack Obama está viendo cómo ya la mitad de los norteamericanos no apoya su gestión. La ironía es que esto se da al mismo tiempo en que la Bolsa marcó el máximo en diez meses, la caída del PBI se va reduciendo más rápido de lo que se pensaba y los nuevos pedidos de seguro de desempleo van menguando. Pero no sólo eso, sino que el 0,39% que ganó ayer el Dow (cerró en 9.580,63 puntos) se anota como la seguidilla de subas más larga desde el 10 de abril de 2007.

Claro que como se puede sospechar, la palabra euforia no está presente. La jornada arrancó ayer en baja y sólo se dio vuelta poco antes de mediodía, cuando el petróleo comenzó a ganar terreno (terminó trepando un 0,28% a u$s 72,77 por barril) mientras el dólar (terminó cediendo un 0,8%) y los treasuries comenzaban a perderlo (la tasa de 10 años trepó a 3,464%), tal vez influidos por lo que alguien definió como una exitosa licitación de notas del Tesoro a 7 años. Lo que es más, el volumen negociado en el NYSE no llegó siquiera a tocar 1.200 millones de papeles y en estas ocho sesiones el Dow apenas avanzó un 4,87%, lo cual demuestra la prudencia ante el mercado más caro desde 2004.

Si afinamos la puntería, vemos que el sector estrella fue el financiero, a pesar de que el FDIC anunció que la lista de entidades financieras en problemas trepó a 416, mientras que a nivel individual este lugar le cupo a Boeing. Para entender el mercado que tenemos, basta ver que cuando unos días atrás se anunció el tercermundista plan canje de heladeras y otros aparatos, Whirpool saltó un 6% y al día siguiente, otro 5%.

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