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Debutó prodigio Lisiecki
A los 20 años, el pianista canadiense Jan Lisiecki es el niño mimado por las discográficas. El lunes debutó en el Teatro Colón.
A los 20 años, Jan Lisiecki transita esa etapa en la que un artista de iniciación temprana en los avatares de una carrera debe despojarse del rótulo de niño y adolescente prodigio para ingresar en la madurez. Y si bien en su presencia y manejo frente al público sigue habiendo ese rasgo de frescura y casi de timidez que contrasta con su fenomenal estatura, Lisiecki (canadiense de ascendencia polaca) es hoy un pianista con mucho para decir y recorrer.
En su debut en el Colón, traído por el Mozarteum Argentino, Lisiecki desplegó un programa que permitió apreciar diferentes facetas de su personalidad pianística. Más allá de la división formal, hubo un primer bloque de ida y vuelta entre el barroco y la posteridad. Dos preludios corales de Johann Sebastian Bach transcriptos por Ferruccio Busoni ("Wachet auf, ruft uns die Stimme" e "Ich uf zu dir, Herr Jesu Christ") fueron una serena puerta de entrada que dio paso a la Partita n° 2 en do menor, BWV 826, del compositor de Eisenach. Pese a algunos tempi que resultaron algo precipitados, la interpretación de Lisiecki sonó depurada, inteligente, clara en sus líneas, sin desbordes dinámicos ni ampulosidades. El enlace con el romanticismo se dio a través de tres de las Humoresques de concert opus 14 en que Ignacy Jan Paderewski brindó su homenaje al siglo XVIII: "Minuet", "Sarabande" y "Caprice", que integran en primer cuaderno de este ciclo pequeño y encantador.
Con el Nocturno en si bemol mayor, también de Paderewski, Lisiecki comenzó a desplegar otra notable faceta de su talento como intérprete, el lirismo, y en el célebre Rondó caprichoso opus 14 de Mendelssohn terminó de confirmar su profundidad interpretativa, que logra la alquimia de introspección y expresividad desbordante tan propia del siglo XIX. La segunda parte estuvo dedicada a los Doce estudios opus 10 de Frédéric Chopin, el lenguaje en el que Lisiecki parece sentirse "en casa", y donde su fenomenal bagaje técnico y su estatura artística pueden hacer frente a los desafíos escondidos en sus páginas. Luego de este clímax y con un bis, el Nocturno en do sostenido menor de Chopin, cerró este promisorio encuentro de Lisiecki con el público argentino.


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