20 de marzo 2009 - 00:00

Defensivo, Kirchner compra “fidelidad”

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Néstor Kirchner flexibilizó, a la defensiva y temeroso, las pautas rigurosas que rigieron su dictadura de la caja. Fue un retoque leve, todavía impreciso, pero que revela la admisión de debilidad o su repentina reconversión en caudillo ecuánime y federal.
El goteo, teóricamente automático, del 30% de lo recaudado por las retenciones a la soja -optimista, Amado Boudou, calculó 6.250 millones de pesos al año- a las provincias, y en cascada a los municipios, supone un brusco cambio de las reglas del manual kirchnerista.
Tomada en la medianoche del miércoles en Olivos, entre los vapores de un supermiércoles que para el matrimonio amaneció riesgoso y concluyó festivo, la decisión de coparticipar las retenciones sojeras tiene un objetivo claro: reforzar la fidelidad del peronismo.
Varios episodios, a 100 días de la elección, se eslabonaron para que Kirchner abra el puño con el que celosamente controló desde que asumió el poder, en mayo de 2003, la caja nacional para premiar y castigar, salvar o crucificar, a gobernadores e intendentes.
El patagónico tuvo la astucia de anunciar la medida -que forma parte de las demandas nunca confesadas de los gobernadores- en un pico de la efervescencia K, luego de lograr 136 votos para votar el anticipo electoral. Simple: para evitar que se lea como una derrota.
Al margen del momento, la determinación de coparticipar los ingresos de la soja se explica en gran medida por lo que un hombre del peronismo, que sobrevivió a varias jefaturas y ahora atraviesa, intacto, la de Kirchner, definió como «conspiración positiva».
Un indicio clave es el resurgimiento, todavía tenue, de la Liga de Gobernadores, que tuvo un capítulo poco relevante en la cumbre que mantuvieron esta semana Daniel Scioli y Mario Das Neves, continuidad de una cadena de diálogos telefónicos y citas reservadas.
Vocero
No son ajenos a esos entreveros el salteño Juan Manuel Urtubey y el chaqueño Jorge Capitanich. Tampoco el sanjuanino José Luis Gioja, que suele operar como vocero del triunvirato que comparte con el mendocino Celso Jaque y el riojano Luis Beder Herrera.
Nada supone que rompan con los Kirchner, pero, como parte de ese oxímoron que es la «conspiración positiva», exponen demandas de mayores certezas. Tibiamente, la «Liga» aspira a funcionar como una alarma interna que sirva para ordenar los zigzagueos del ex presidente.
Hay más. Secretamente se organizan encuentros de dirigentes del PJ para recuperar, aun detrás de Kirchner, cierta autonomía. En la provincia hay un movimiento público, que encarna «Cacho» Álvarez, y otro invisible, que se empezó a gestar en estas horas.
¿Se logró algo? En esta ocasión, en el fondo sí, pero en la forma no. Kirchner acató el reclamo de mejorar el giro de recursos por la vía formal, para reducir la dependencia antojadiza, pero otra vez la medida fue inconsulta y sorpresiva.
¿Dónde estaba el jefe de Gabinete, Sergio Massa, en teoría el máximo mando formal después de la Presidente, antes del anuncio sobre coparticipar el 30% de las retenciones a la soja? En Tigre, trabajando de intendente. No hace falta ningún oráculo para decodificar ese episodio.
Pero sobre todo, con cash, Kirchner compra fidelidad para el turno electoral. Luego de un año de recibir cachetadas, gobernadores e intendentes ahora podrán acceder a una porción de la bolsa que produce la crisis que volvió caóticos sus territorios.
En cambio, nada descomprime el conflicto con los chacareros que ayer volvieron a las rutas. Desde Merlo, Kirchner lo invocó. «Cuando no están de acuerdo salen a cortar rutas y a romper todo». Nadie imagina, en escalada electoral, ninguna tregua con el campo.
En Gobierno brotó un mal pálpito. Ayer, en el Congreso, la oposición reunió 109 diputados para discutir el proyecto sobre retenciones que impulsa la Mesa de Enlace y recogió la oposición. ¿Y si algunos gobernadores se quiebran y aportan los votos que faltan?
A priori, la decisión que anunció ayer Cristina de Kirchner aleja esta posibilidad. Igual quedan piezas sueltas. Una primera objeción sólida: el Gobierno habló de 6.500 millones, tomando como referencia 2008, con una soja en el orden de los u$s 600.
Más terrenales, en las provincias ayer proyectaban una cifra notablemente menor. Según las previsiones propias, a partir de la baja en los giros de coparticipación del primer bimestre se estima que la torta a repartir entre los gobernadores será de 2.500 millones.
Quizá la fidelidad que Kirchner cree comprar exija, más adelante, otras cuotas.

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