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Diálogos en Wall Street
Gordon Gekko: Está claro que no. Ni tampoco es asunto terminado.
P.: ¿Alcanza con que el poderoso emirato comprometa un apoyo de u$s 10 mil millones para borrar la incertidumbre?
G.G.: No, pero hace una diferencia. Entre la espada y la pared, los emiratos prefirieron mover la pared. Se pusieron de acuerdo -Abu Dabi con Dubai- y evitaron que corriera sangre. La negociación continúa, el pedido de una moratoria de pagos sigue en pie, pero no se forzó el incumplimiento.
P.: ¿Lograron concretar el pago íntegro del bono al vencimiento?
G.G.: No. Basta con la palabra. Hay un período de gracia de dos semanas para efectuarlo, sin que la demora permita alegar incumplimiento.
P.: La deuda de una corporación estatal como Dubai World siempre se pensó como una obligación que, en caso de dificultad, contaría con el respaldo oficial. Pero las autoridades de Dubai, dos semanas atrás, se ocuparon de aclarar que no era así. Ahora, en los hechos, la ponen bajo su brazo protector. ¿Cómo se entiende?
G.G.: Como una crisis muy seria. Que se desborda y obliga a cambiar de planes sobre la marcha.
P.: En el ínterin, corrió mucha agua bajo el puente. Los precios de la deuda se hundieron desde valores sobre la par a un piso tan bajo como los 35 centavos. Con la irrupción de Abu Dabi, las cotizaciones saltaron 30 o 40 centavos en un santiamén. ¿No es una desprolijidad?
G.G.: Cuanto menos.
P.: ¿Cómo no pensar que los propios involucrados
-ya sea la compañía o los funcionarios- no sacaron provecho de un acuerdo que, si bien se anuncia a último minuto, tiene que haber sido abrochado mucho antes?
G.G.: Es imposible no pensarlo. Aunque sea difícil probarlo de manera fehaciente.
P.: ¿Cree que la propia compañía, con la anuencia del Gobierno, puede haber montado el episodio para recomprar con descuento su propia deuda en el mercado?
G.G.: No. El daño que se produjo es enorme. Afecta mucho más que las finanzas de una gran compañía. No son solamente los proyectos de construcción y los negocios paralizados. O el sacudón económico regional, que será tremendo. Dubai planeaba convertirse en un centro financiero de envergadura. Y mantenía una política de gran independencia, dentro de los Emiratos Unidos, en una cantidad de temas ríspidos. Contra la voluntad de su vecino más poderoso. Todas estas ínfulas deberán agachar la cabeza.
P.: Si Abu Dabi desembolsa u$s 10 mil millones, es lógico que exija un replanteo de políticas. Quizás sea el precio para ganar el control político de la Federación.
G.G.: La cuenta es más elevada que los u$s 10 mil millones. Es, como mínimo, la tercera vez que Abu Dabi contribuye a zanjar los aprietos de Dubai. Cuando se anunció el pedido de moratoria a fines de noviembre, ese mismo día, Abu Dabi había aportado u$s 5 mil millones a través de sendos bancos estatales.
P.: Recuerdo que Dubai precisaba u$s 10 mil millones pero sólo obtuvo la mitad. Son cifras de peso. No debe ser sencillo ponerse de acuerdo.
G.G.: Queda claro que hay dos frentes de negociación. Con los acreedores de, más o menos, la mitad de la deuda de Dubai World y con Abu Dabi. El agua debió llegar al río para que se destrabe este último compromiso. ¿Qué entregó Dubai? Es un gran interrogante. Pero, seguramente, debió aceptar lo que rechazaba conceder tan solo dos semanas atrás.
P.: ¿Cuáles son las lecciones? ¿Se aplacará la sensibilidad sobre las deudas soberanas? Dubai cuenta con Abu Dabi pero Occidente ya no cree en Santa Claus. Ni siquiera cuando se arrima la Navidad.
G.G.: Ojos que no ven, corazón que no siente. El episodio Dubai World es apenas una gota de agua en el mar de los incumplimientos que afronta el sistema financiero internacional. Ya comentamos que en cada uno de los cuatro últimos trimestres, sólo la banca de los EE.UU. castigó sus balances con provisiones que excedían los u$s 60 mil millones. Y, de seis meses a esta parte, nadie pierde el sueño por ello.
P.:¿Cuán válida es la experiencia de Dubai, por ejemplo, para calmar los resquemores sobre Grecia?
G.G.: Grecia no pidió una moratoria de pagos. Su situación es mucho más fluida. Pero se pueden trazar paralelos útiles. Curiosamente, Grecia también forma parte de una federación, la Unión Europea (y, dentro de ella, de la Unión Monetaria).
P.: Y, como en el ejemplo de Dubai, la relación no atraviesa por su mejor momento.
G.G.: En el caso de Atenas, la Unión Europea exige que se le imprima un fuerte correctivo a la política fiscal. Y dice que hace falta más que meramente administrar la coyuntura: pide una reforma profunda. Para peor, la demanda se ha hecho pública. Yo diría que el mayor revuelo parte de allí. De ventilar abiertamente la diferencia.
P.: Es tentador comparar a la Unión Europea con Abu Dabi. Ambos aprietan pero, en última instancia, no ahorcan. ¿O me equivoco?
G.G.: La Unión Europea tiene una cláusula explícita que le prohíbe el rescate de sus miembros. Pero, es verdad, todo el mundo piensa, lo diga o no, que en una circunstancia extrema, la comunidad sacará un conejo de la galera antes de que la cosa pase a mayores. Y yo no soy la excepción.


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