16 de diciembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados mundiales, personificado como el banquero Gordon Gekko, de la película «Wall Street», opina que a pesar de que los precios mayoristas en EE.UU. aumentaron en noviembre un 1,8%, no ve un problema de inflación cercana. «No es fácil trasladar los aumentos puntuales de costos, porque la demanda no responde si no se la estimula», dijo. Agregó que en la conclusión que difundirá hoy la Fed -tras su reunión de dos jornadas- no modificará las tasas.

Periodista: ¿Vuelven los viejos temores? Cuando menos se lo esperaba, la inflación asomó su rostro. El salto del 1,8% en los precios mayoristas superó los cálculos más pesimistas. Y no es sólo la energía; también la versión núcleo avanzó con ímpetu. Subió un 0,5% mensual en noviembre. ¿Se enciende una luz amarilla en el tablero de comando?

Gordon Gekko: No. Es más ruido que sustancia. Aunque, estoy de acuerdo, hubo un estruendo mayor que el esperado. Habrá que ver si se mantiene. Si derrama sobre los precios al consumidor. Yo veo muchos problemas, pero no veo un problema de inflación.

P.: ¿Puede haber un desajuste puntual?

G.G.:
No lo niego. Pero no pienso que haya espacio, no todavía, para una presión sostenida.

P.: ¿No se alteró el mercado de bonos? Las tasas largas, poco a poco, van trepando escalones. Ya rebasaron el 3,60%.

G.G.:
No es el mejor momento para la renta fija. Entre Dubai y Grecia, la oferta persistente de emisiones y una tirada de indicadores que ratifican que la economía se afianza, no se filtra mucha voz de aliento. El informe laboral de EE.UU. -la noticia sorpresiva de una destrucción de sólo 11 mil empleos en noviembre- estableció un pequeño mojón. Sin embargo, los bonos se mantienen en un rango.

P.: En Gran Bretaña, la inflación también provocó una sorpresa. Primero fue la lectura de los precios mayoristas de noviembre. Pero su registro, después, mostró un correlato simultáneo con la inflación minorista.

G.G.:
Allí el propio Banco de Inglaterra había alertado sobre un repunte temporario. No pase por alto que se retocó la tasa del Impuesto al Valor Agregado. Y ello eleva los precios, pero no constituye inflación. Es un movimiento por única vez.

P.: EE.UU., Inglaterra, la eurozona. Todos mostraron aumentos de precios llamativos. Por empezar, la deflación quedó atrás. Ya no hay signos de su presencia en la medición interanual.

G.G.:
Ése es un efecto que se deriva de la base de comparación. Era muy baja el año pasado por culpa de la parálisis que gatilló Lehman Brothers y del consiguiente derrumbe de las cotizaciones de las materias primas.

P.: Pero cuando se coteja noviembre contra octubre también se advierte una tendencia ascendente. Y se detecta a lo largo de todo el espectro de países.

G.G.:
En la suba del precio del petróleo -que fue abrupta y muy fuerte en octubre- reside la explicación.

P.: ¿Cómo justifica, entonces, el salto en el índice núcleo mayorista de EE.UU.? Allí la energía queda expresamente afuera.

G.G.:
Los precios de las camionetas treparon un 4,2%. Dudo que se repita. Uno no ve un mercado demasiado ávido como para absorber aumentos de precios de magnitud.

P.: Sin embargo, el mercado de bonos acusó el impacto. Se lo tomó en serio. Desde agosto que la tasa de los títulos del Tesoro a diez años no atravesaba el umbral del 3,60%.

G.G.:
Es así.

P.: ¿No es el preanuncio de tiempos más difíciles, de una etapa en la que los bonos son más vulnerables a las malas noticias?

G.G.:
En realidad, veo elementos de peso que estaban ausentes, que recién ahora entran en el cuadro y que son favorables.

P.: ¿Cuáles?

G.G.:
El dólar. Su desempeño protagonizó un viraje brusco desde que se conoció el informe laboral. El dólar se estabilizó. Ahora se aprecia y ya no se debilita como si no tuviera un mañana. Es fundamental para entrever la dinámica futura. No es casual que el precio del barril de crudo haya devuelto más de diez dólares, casi todo lo que trepó en octubre.

P.: Aunque los precios de la nafta en el surtidor no lo reflejaron en la misma proporción.

G.G.:
Deles tiempo. No se impaciente.

P.: Quizás, el mercado de bonos analiza la situación desde una perspectiva distinta. Con un horizonte más extendido de plazos.

G.G.:
En la última semana, la expectativa de inflación -comparando los títulos del Tesoro a diez años que se indexan por inflación con los que no- avanzó diez/quince puntos base. Todavía no va más allá del 2,3%.

P.: Ya no es tan moderada. En esos valores, va de suyo que la eventualidad de una deflación luce improbable.

G.G.: Esperemos que no vuelva a entrar por la ventana. Son mercados volátiles. Le recuerdo que usted precisa precios estables. No promueve ni inflación ni deflación.

P.: En la encuesta industrial de Nueva York -Empire State Fed-, las empresas señalan una presión alcista por los precios pagados por los insumos. Nada muy distinto de lo que vimos en el informe mayorista de noviembre. ¿Cree que la Fed lo tendrá presente en sus deliberaciones? ¿No son las primeras señales de que la recomposición económica revitaliza los precios?

G.G.:
En la encuesta de Nueva York, son los márgenes los que ajustan. Hay presión en los costos de los materiales, pero, a la par, los precios de venta declinan. No me sorprende. No es fácil trasladar los aumentos puntuales de costos, porque la demanda no responde si no se la estimula.

P.: ¿Qué va a hacer la Fed? ¿Va a reaccionar? Mañana (por hoy) concluye su reunión de dos jornadas.

G.G.:
La Fed no va a tomar cartas en el asunto. Simplemente, mantendrá su postura. Otro tanto ya anticipó el Banco Central Europeo. Tampoco el Banco de Inglaterra se va a apartar.

P.: Quizás la Fed pueda acomodar su discurso. La referencia de mantener las tasas cortas inalterables por un tiempo prolongado es una garantía muy generosa. ¿No estarán temiendo los bonos su reemplazo gradual? ¿No se estarán curando en salud?

G.G.:
Puede ser. Veremos su reacción cuando se conozca el comunicado oficial. Sinceramente, no percibo razones para mudar la partitura. Con mercados poco líquidos, tampoco es el mejor momento para ensayar innovaciones.

P.: ¿Sin novedad en el frente, entonces?

G.G.:
No hay que cambiar de trinchera. No se puede abandonar esta posición hasta ganar la batalla. Hay que consolidar la recuperación y lograr que tome vuelo propio. Es aquí donde se define la guerra. Ya habrá tiempo, si hace falta, para corregir, en el margen, la trayectoria de la inflación.

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