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Diálogos en Wall Street
¿Está el mundo enredado en la trampa keynesiana de la liquidez? O sea, sin posibilidad de usar más política fiscal y con una política monetaria ineficaz porque las tasas ya se desplomaron. El experto en finanzas internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko cree que todavía hay alternativas a las que la Fed puede echar mano. Pero no son convencionales y Bernanke se resiste a aplicarlas. Pero si las papas queman, se utilizarán.
Gordon Gekko: No tengo respuesta para todo.
P.: ¿Cuál es el balance de la visita?
G.G.: A esta altura deberíamos estar explicando cómo haría la Fed para desmontar las políticas de estímulo. Revise el discurso de Bernanke y verá que el 80% de su extensión se dedica al problema de la normalización de la política monetaria. Queda claro, por ejemplo, que la Fed, en su momento, ensayará una suba de las tasas que paga por las reservas bancarias.
P.: Algo salió mal. Porque esa temática quedó obsoleta.
G.G.: Diría que se pospone. De repente, se convirtió en un futuro demasiado lejano.
P.: La preocupación hoy reside en el otro extremo. Y Bernanke fue claro: la coyuntura es difícil pero la Fed no alista ninguna intervención inminente.
G.G.: Bernanke hizo una apuesta de riesgo. Lanzó un discurso fuerte, con un diagnóstico duro y sin una solución a mano.
P.: En sus mensajes, Alan Greenspan, el predecesor de Bernanke, solía protegerse las espaldas, siempre tenía un «hedge» (cobertura) discursivo en los momentos delicados. Si la Fed no deseaba -o no podía- intervenir, entonces la descripción de los problemas se suavizaba. Así uno justifica mejor la inacción.
G.G.: Son estilos distintos. Pero la política no es muy diferente. Mi impresión es que si Bernanke se atrevió a zamarrear a los mercados es porque la Fed efectivamente piensa que la economía logrará zafar sola del brete en el que se encuentra.
P.: Si la incertidumbre es tan alta como señaló, ¿para qué correr los riesgos de un tropiezo? ¿Por qué no apuntalar la recuperación ahora que todavía conserva la vertical? ¿No será más complicado si el proceso se atasca?
G.G.: Seguro. Pero lo que la Fed puede hacer sin agitar las olas, ya lo hizo el mercado de bonos de motu propio.
P.: ¿No ve una segunda ola de expansión cuantita-tiva?
G.G.: Lo dijo Bernanke. Si las condiciones se deterioran apreciablemente, la Fed saltará de nuevo al ruedo. Eso está fuera de discusión. Pero si la Fed quiere ser verdaderamente eficaz deberá meterse, otra vez, en terrenos escabrosos. Y me imagino que rigen dos condiciones. Tal vez, hoy por hoy, no haya necesidad.
P.: Espero que así sea.
G.G.: Claro. Pero lo que sí es seguro es que no hay plafond para intentarlo. Bajar las tasas de interés cuando ya se derrumbaron no aportará mucho ímpetu adicional. EE.UU. no es Grecia. No sufrió ninguna crisis de credibilidad de su deuda pública. Y los bancos nadan en un exceso de reservas que no quieren o no pueden, prestar. Reducir las tasas que paga la Fed por los saldos ociosos de los bancos no les moverá el amperímetro.
P.: Bernanke tampoco quiere que las tasas sean estrictamente cero porque teme que se desbande el funcionamiento del mercado monetario.
G.G.: Y no le falta razón.
P.: Las compañías acumularon un colchón generoso de disponibilidades. Y como frenaron sus proyectos de inversión, tampoco demandan asistencia.
G.G.: Es verdad.
P.: ¿Tiene razón Paul Krugman, entonces, y estamos atrapados en la trampa de la liquidez que vaticinó Keynes? Si es así, estamos embromados. La política fiscal no se puede usar porque se convirtió en mala palabra y espanta a los votantes. Y la política monetaria es ineficaz. ¿Qué nos queda? ¿Dinamitar el dólar?
G.G.: Habrá que ir adonde los bancos no llegan. Extender crédito a los sectores que están ahogados y que sí lo necesitan.
P.: Pero tal vez no lo puedan pagar. ¿En qué está pensando?
G.G.: El consumidor es el blanco que me parece más tentador. ¿Cuánto paga por la financiación que obtiene a través de las tarjetas de crédito? La tasa promedio merodea el 14%. Aquí no hay ninguna trampa de la liquidez.
P.: Todavía hay tela para cortar.
G.G.: Seguro. Puede refinanciar a los deudores que están corrientes y le diría que hay margen suficiente para hacerlo con una expectativa de ganancia cuasi fiscal.
P.: Y le reduce el lastre de la deuda al consumidor. Sería equivalente a un aumento de su ingreso disponible.
G.G.: Es un camino posible. Si las papas queman, se intentará.
P.: Usted quiere convertir a la Fed en una especie de Banco Nación.
G.G.: Nadie quiere. Por eso no se hace. Pero la Fed ya supo lo que es ponerse el overol y trabajar de banco comercial. Cuando cayó Lehman, habilitó una serie de ventanillas especiales de asistencia y canalizó su apoyo a los segmentos que se quedaron sin crédito. Inclusive a sectores no financieros como las compañías que necesitaban renovar sus valores de corto plazo (commercial papers) y, en la vorágine de aquellos tiempos, no encontraban compradores.
P.: Es comprensible que Bernanke dilate su decisión y prefiera, en cambio, apostar a que la situación se corrija sola. ¿Cree que Europa dará una mano cuando mañana (por hoy) difunda los resultados de las pruebas de estrés que se le hicieron a sus bancos?
G.G.: La apuesta de la Fed es que el agua no llegue al río. Y si Europa consolida la reputación de su banca será una excelente contribución. Pero lo fundamental será comprobar que la economía de los EE.UU. es capaz de retomar la creación de empleos. Ese es el bálsamo definitivo que calmará las aguas.

