27 de mayo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Las palabras importan más que los hechos. Sobre todo cuando los hechos no logran sortear la abulia. Las declaraciones de estos días, en cambio, son rotundas. El economista que se viste con las ropas del protagonista del film «Wall Street» -Gordon Gekko- les presta atención a dos afirmaciones de alto voltaje. Que el Fondo podría no girar el próximo tramo de la ayuda a Grecia y que la inflación no es un tema de preocupación para los EE.UU.

Periodista: Asistimos a un festival de declaraciones. Diría sin temor a equivocarme que importa mucho menos lo que pasa que lo que se dice. El destino de Grecia es una fuente retórica inagotable. Que la deuda no se toca, que se reprograma, que se reestructura, pero suave. Que si Grecia no recibe el próximo tramo del paquete de rescate a fines de junio entrará en bancarrota. Y ahora acabo de escucharlo a Jean-Claude Juncker.

Gordon Gekko:
El primer ministro de Luxemburgo.

P.: Y líder del grupo europeo de ministros de Finanzas. Juncker termina de decir que no es seguro que el FMI gire el desembolso previsto.

G.G.:
Lo que Juncker afirma no deja de ser obvio. El desembolso no es automático. Habrá que revisar la ejecución del programa griego y sólo si se aprueba a satisfacción del triunvirato que conforman el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) quedará allanado el camino.

P.: No es exactamente lo que se entendió.

G.G.:
No fue una intervención demasiado feliz. Lo que manifestó el presidente del eurogrupo es una verdad de Perogrullo, siempre es así. Que no se malentienda, no señaló ningún incumplimiento concreto de Grecia.

P.: De los cuales hay decenas.

G.G.:
Seguramente. Pero todos se han salvado hasta el presente ya que no se produjo ninguna interrupción de la asistencia.

P.: ¿Cómo interpretar sus palabras? ¿Impericia? ¿Está abriendo el paraguas? No parece casualidad que Juncker haya sido el primer político comunitario de alto nivel en reconocer la posibilidad de que Grecia marche a una refinanciación.

G.G.:
¿Somos los destinatarios del mensaje? ¿O somos convidados de piedra y ésta es una bajada de línea dirigida a la propia troika, a quienes tienen en sus manos la toma de una decisión, y hoy están en pugna?

P.: Me inclinaría por lo segundo.

G.G.:
Yo también.

P.: Vayamos al grano. ¿Cuál es el impacto de estas declaraciones? ¿Aumentan las probabilidades de que efectivamente Grecia reestructure?

G.G.:
Pienso que no. Si Europa estuviera convencida de que tiene una salida decente, la reestructuración se dispararía ya. Pero todavía no hay consenso.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Lo más barato, entonces, es prorrogar el statu quo. Velando para que no sea Grecia la que saque los pies del plato.

P.: La situación griega genera un aluvión de declaraciones. Pero no posee el monopolio de la verborragia. Sin ir más lejos, otro funcionario, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, y académico de nota, volcó un frondoso caudal de opiniones sobre todo el espectro de temas monetarios. Rompió el hielo diciendo que para los EE.UU. la inflación no es un tema.

G.G.:
Estuvo inusualmente franco. Y, si no lo saca del contexto, pienso que además está en lo cierto.

P.: No es lo que uno espera escuchar de un funcionario del Fondo.

G.G.:
Ya se comprobó -con las más altas autoridades- que uno nunca sabe.

P.: Reivindicó plenamente lo actuado por la Fed. Dijo que deberá hacer todo lo que sea necesario para sostener el crecimiento de la economía de los EE.UU.

G.G.:
Es consistente con lo anterior. La Fed tuvo que elegir un blanco. Si hubiera pensado que la inflación era el problema principal, no hubiese insistido con el relajamiento no convencional ni aplicado una dosis tan agresiva.

P.: Blanchard no tuvo ni un amago de crítica para el QE2.

G.G.:
Por eso mismo.

P.: ¿Bernanke y Blanchard, un solo corazón? ¿No hay en este elogio a lo hecho por la Fed, una crítica velada al BCE?

G.G.:
Envuelta en fino celofán. La inflación no es un tema para los EE.UU., dijo, y no es demasiado preocupante para Europa. Le concedió un matiz de diferenciación como para justificar el mayor celo del BCE.

P.: Política pura.

G.G.:
Europa pesa en el FMI. Aunque se vaya Strauss-Kahn. Si Blanchard quiere mantener su empleo, tiene que buscar un equilibrio que no ofenda.

P.: Allá él. Lo interesante es su visión sobre las tasas de interés. En aras de permitir que se afiance la recuperación económica, las tasas bajas de interés deberán permanecer en su sitio.

G.G.:
Fue muy claro: seguirán bajas este año y el próximo.

P.: Lo que trae a colación otras declaraciones urticantes. Las de Bill Gross, el administrador de Pimco, la mayor familia de fondos de renta fija. Gross está atacado con los bonos del Tesoro. Si las tasas bajas se perpetúan, su apuesta en contra de los papeles del Gobierno no le habrá salido nada bien.

G.G.:
Blanchard habla de las tasas de corto plazo. Gross de las de largo plazo. La apuesta de Gross no era a que subieran las tasas cortas, sino las largas, las que dependen mucho menos de la Fed que de la opinión independiente de miles y miles de inversores.

P.: Pero las tasas largas también bajaron. En vez de trepar. ¿Será porque la Fed todavía compra bonos por el QE2? Técnicamente el programa recién termina a fin de mes.

G.G.:
Gross tiene razón cuando habla del riesgo de represión financiera. Pero los efectos del fin del QE2 son exactamente los opuestos a los que él esperaba. Y no hay ninguna sorpresa aquí. Ninguna coerción. Sino un error grosero de análisis de su parte. Agitar las aguas para que se espanten los inversores no lo enmendará.

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