19 de julio 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Mal día para los mercados. Y otra vez por culpa de los temores que genera la deuda pública. En Italia la tasa a diez años se disparó por encima del 6%. En España rozó el 6,20%. Son nuevos valores extremos, señales de una desconfianza que no merma. Para el economista que bajo el seudónimo de Gordon Gekko hurga en los avatares de los mercados internacionales, Grecia sigue siendo el foco que irradia la infección. Y la prioridad que la cumbre europea debería remachar este jueves.

Periodista: La deuda soberana de las economías avanzadas se convirtió ya en una migraña persistente. Y no es sólo Grecia o la periferia de la eurozona. Europa está en problemas serios si se cuestiona a España y a Italia. La discusión por el «techo» del endeudamiento público involucra a los EE.UU.

Gordon Gekko
: Son dos realidades distintas. Aunque ninguna de las dos aporte tranquilidad. EE.UU es un problema artificial.

P.: El temor es al avance del contagio. Lo que comenzó en Grecia ya contaminó a países más importantes. La medicina que se le puede suministrar a Grecia -mantenerla en el limbo y, mientras tanto pagarle los vencimientos- no se podrá replicar en Italia, que tiene una deuda seis veces mayor.

G.G.:
Estoy de acuerdo.

P.: Dice Larry Summers, el ex secretario del Tesoro de los EE.UU; que la crisis entró en una fase más peligrosa al atacar directamente a Italia.

G.G.:
Es que no encuentra un muro de contención. El problema central, sin embargo, aún sigue siendo Grecia. Hace tres meses que Europa puso el tema en la palestra y no sabe cómo resolverlo. Ahí yace, a cielo abierto, la cantera del contagio.

P.: Todavía no se definió cómo será el segundo paquete de rescate a Grecia. Ni cómo se formalizará la contribución del sector privado al programa financiero del año próximo.

G.G.:
Y a la par se instaló la posibilidad de que exista un default selectivo de la deuda griega. Es una situación altamente inestable. Y si no se la resuelve sólo reciclará más inestabilidad. Mire, Europa lleva adelante una nueva ronda de exámenes de estrés bancario, pero no computa el impacto de un incumplimiento selectivo de la deuda de la periferia porque los bancos que en esas condiciones no superarían las pruebas no serían solamente los ocho que se anunciaron.

P.: Ni el faltante de capital, los 3500 millones de euros mencionados.

G.G.:
Tal cual. Por eso mismo el Banco Central Europeo no quiere ni siquiera oír el tema del incumplimiento. Pero fue la misma Europa -en concreto, Alemania- la que lo puso en el tapete. Y, en rigor, mientras lo que se discuta sea el destino de Grecia, está en sus manos que haya default o no. Europa tiene toda la capacidad de impedirlo. Pero si de repente la crisis salta a Italia (e Italia, viene hoy con España de regalo) entonces la dinámica cambia, es otro caudal, es un torrente que por su dimensión carece de garantías de gobernabilidad.

P.: El ministro italiano de Finanzas, Giulio Tremonti, comparó la crisis con el Titanic.

G.G.:
Recuerde que en el Titanic ni siquiera los pasajeros de primera clase pudieron salvarse. Queda claro que es un mensaje directo a Alemania.

P.: ¿Qué cabe esperar de la cumbre del jueves? La que se realizó la semana pasada pasó sin pena ni olvido...

G.G.:
Una semana atrás se trató de urgencia la situación de Italia. La tasa de la deuda a diez años había traspasado el umbral del 5,5% y desató gran alarma. Roma respondió bien. Con mucha rapidez. Berlusconi hizo mutis por el foro. Tremonti ratificó su plan de austeridad. Y los políticos lo aprobaron sin chistar. Pero hoy (por ayer) la tasa de diez años se encaramó por encima del 6%...

P.: No hay plan fiscal que pueda generar un shock de confianza. Si no es drástico, porque no alcanza. Si es draconiano, porque no se podrá cumplir. A esta altura la corrida no se frena con promesas de austeridad.

G.G.:
Se necesitan hechos, no palabras. Pero no minimizaría lo que hizo Italia. No se sabía que el Gobierno tenía tanto músculo. Ahora bien, hay que darle una respuesta convincente a Grecia. Hay que cortar el foco de la infección. La cumbre del jueves debería aportar definiciones.

P.: ¿Cuál es el menú de medidas eficaces? ¿Eurobonos, reactivación del programa de compra de títulos públicos por parte del BCE, recompra de deuda en los mercados secundarios a cargo del fondo europeo de estabilización financiera?

G.G.:
El BCE se mantendrá completamente al margen mientras no exista un acuerdo político sólido. O, en su defecto, mientras no estalle un cataclismo.

P.: Se especuló la semana pasada con que el BCE había intervenido en los mercados adquiriendo deuda italiana en la antesala de una subasta que resultó llamativamente exitosa.

G.G.:
Pero no fue así. El programa SMP está congelado, inactivo, desde marzo. Y, es oficial, tampoco operó la semana pasada.

P.: Quedan los eurobonos o la utilización de los fondos de rescate para comprar deuda griega. El propio ministro Tremonti, el año pasado, fue un impulsor de un proyecto de emitir eurobonos.

G.G.:
Lo presentó junto con Jean Claude Juncker (el presidente del eurogrupo). No obstante, la oposición alemana a los eurobonos es una muralla infranqueable. En cambio, lo que da la impresión de haber cedido es la negativa a modificar los estatutos del Fondo Europeo de Estabilización Financiera para permitirle intervenir en la recompra de deuda de Grecia.

P.: ¿Podrá surgir esa moción como corolario de la cumbre?

G.G.:
Se necesitaría una pizca mayor de zozobra para estar seguro.

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