10 de abril 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Terminó el rally de las acciones? ¿Comenzó -con demora- la fase de corrección en las Bolsas? ¿O no hay definición y estamos todavía en el campo de batalla? Interrogantes de los mercados que contesta Gordon Gek-­ko, el seudónimo de nuestro hombre en Wall Street.

Periodista: ¿Wall Street se quedó sin el pan y sin la torta? Ya no abriga la esperanza del QE3. Y tampoco, después del informe de empleo, la convicción de una recuperación económica libre de tropiezos.

Gordon Gekko: No hay que exagerar. Nunca fueron pájaros en mano. Ninguno de los dos.

P.: Pero se percibe el desaliento.

G.G.:
Eso es innegable.

P.: La actitud cambió la semana pasada de manera visible. Y esas fueron las dos grandes novedades.

G.G.:
No lo discuto. Pero las probabilidades de un QE3 inminente siempre fueron vidriosas. Tarde o temprano había que dejar paso a la realidad.

P.: ¿Qué nos espera? ¿Una corrección suave o un aterrizaje duro?

G.G.:
Todavía estamos en la fragua.

P.: Da la impresión de que el ajuste ya comenzó.

G.G.:
Nada que no pueda remontarse.

P.: ¿Usted cree que el rally todavía tiene chances de retomar la suba?

G.G.:
Es que todavía las tiene.

P.: ¿La baja de las últimas ruedas -hoy (por ayer) del 1%- no dice nada?

G.G.:
Dada la información, podría ser más contundente. No hay entusiasmo después de las minutas pero tampoco aflora mucho temor. Mire la volatilidad de las acciones -puede emplear el índice VIX como guía- y no va a encontrar nada que se le parezca a una preocupación profunda.

P.: El VIX trepó. Casi un 20% en las últimas cinco ruedas.

G.G.:
Y aun así no fue más allá de una lectura de 20. Lejísimo del umbral del pánico.

P.: Después de todo lo que subieron las acciones, y sin el aliciente de una intervención más decidida de la Fed, ¿no es lo más sensato tomar ganancias y recortar la exposición al riesgo de una corrección?

G.G.:
Eso es lo que mucha gente hizo. Por eso mismo, el impacto negativo está amortiguado. El posicionamiento de las carteras no es muy agresivo. No se observa un exceso de optimismo. De hecho, el «pico» del sentimiento favorable de los inversores data de la segunda semana de febrero. Y ya se limó bastante.

P.: A medida que la Bolsa escaló nuevas alturas, ¿los inversores no acompañaron? ¿Se tornaron más descreídos?

G.G.:
Tal cual. Si revisa el comportamiento de los flujos de fondos comprobará esa reticencia. Si el mercado corrige, no tomará a nadie por sorpresa. Hace tiempo que se espera el reflujo de la corriente.

P.: Y recién ahora despunta.

G.G.:
Fíjese que la semana pasada, por primera vez en el año, el sentimiento alcista («bullish») de los inversores minoristas declinó por debajo de una lectura del 40% en Wall Street. En febrero, cuando se anotó el tope máximo, el 51% de los consultados se había manifestado «bull».

P.: Mucho optimismo no es bueno.

G.G.:
Cuando la gente alinea su portafolio con sus palabras, no. Si todo el mundo compró, y ahora espera que la Bolsa suba, es una situación muy vulnerable.

P.: ¿Cómo estamos parados en la actualidad?

G.G.:
En términos de optimismo, como estábamos antes que el rally despegara definitivamente en diciembre. O sea, en los mismos niveles que antes que el BCE irrumpiera con sus pases de liquidez y contuviese la corrida contra la deuda pública de la zona del euro.

P.: No estamos tan mal.

G.G.:
No. Eso sí: hay menos pesimistas que entonces. Sólo el 28% es abiertamente bajista contra el 35% de otrora.

P.: ¿Aumentó el segmento de los «no sabe/no contesta»?

G.G.:
Trocaron los roles. Ahora el 35% no tiene opinión formada sobre la dirección del mercado.

P.: Son los que pueden torcer el fiel de la balanza.

G.G.:
Digamos que ya habían leído las minutas de la Fed. Sabían, al contestar la encuesta, que no había un QE3 al alcance de la mano. Pero ignoraban la flojedad de informe de empleo de marzo. No sería nada raro que algunos de ellos ya engrosen las filas de los pesimistas.

P.: Quizás sean los balances corporativos los que se ocupen de disparar una definición.

G.G.:
Sería lo más sensato. El que a hierro mata, a hierro debería morir. Más allá de lo que dispongan la Fed y la economía, por qué no chequear los cuadros de resultados de las compañías y fundar allí la decisión.

P.: Será un examen difícil, ¿o me equivoco? Ya el trimestre anterior no arrojó un saldo muy satisfactorio. Se aprobó raspando.

G.G.:
Y en este hubo que lidiar con los mayores precios del combustible.

P.: ¿Serán, pues, los balances los que le den el tiro del final al rally estacional?

G.G.:
Eran grandes candidatos. Lo que pasa es que la Bolsa no corrigió sus cotizaciones, pero sí las expectativas de ganancias. Y a una velocidad increíble. Seis meses atrás, el consenso descontaba que las utilidades por acción del S&P 500 iban a crecer -en el primer trimestre- el 10% año contra año. Tres meses atrás, la cifra se había recortado a menos de la mitad. Todavía merodeaba el 3%-3,5% hace algunas semanas. Y cuando aparezcan los estados contables no sería nada raro que no se exija más que el 1%.

P.: Así será imposible.

G.G.:
Creo que vamos a reeditar la experiencia que vivimos en enero. Números (de crecimiento de las ganancias) bastante pobres con algunos patinazos importantes. La llave que entonces permitió sortear el trance fue la orientación positiva que dieron las compañías sobre el futuro. Un rasgo que por ahora no se insinúa. Siendo así la suerte estará en manos de la tolerancia de los inversores. En enero, el rally estacional tenía mucho tiempo por delante. Ahora el reloj juega en contra. Así que nos esperan días agitados.

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