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Diálogos en Wall Street

Periodista: Vuelve a reunirse la Fed. ¿Qué esperar? ¿Qué cambiará con respecto al último cónclave?
Gordon Gekko: Algo muy importante. No habrá conferencia de prensa posterior ni actualización de las proyecciones económicas y financieras.
P.: Ello no debería ser tan trascendente, aunque es verdad que en su debut Janet Yellen provocó un malentendido que pudo ser delicado. Me refiero a la anécdota de los "seis meses"...
G.G.: Se interpretó como un aviso de que la Fed apresuraba los tiempos de la suba de las tasas de interés.
P.: Esa intención no existía.
G.G.: Quedó asentado que fue un error en la comunicación. A decir verdad, fue una equivocación de los receptores y no del emisor del mensaje. Pero introdujo ruido donde no debía haberlo. En la tarea de comunicar, indudablemente la nueva Fed que conduce Yellen ha tenido uno que otro problema de sintonía.
P.: Es un tema. La política monetaria no convencional, en gran medida, es comunicación pura. La clave es el lenguaje de gestos y señales...
G.G.: Yellen trabajó muchísimo en este campo cuando era la número dos de Bernanke. Lo conoce bien. Pero toda transición tiene sus bemoles.
P.: El cambio de orientación también trajo algún resquemor. Se dejó de lado el "guidance" cuantitativo. Se eliminó la referencia a tasas de desempleo e inflación específicas como umbrales de las decisiones de política. Se prefirió una orientación más borrosa. ¿No es un paso atrás?
G.G.: No todos quedaron conformes. Con la tasa de desempleo tan cerca del umbral, o había que cambiar el umbral o la naturaleza del guidance. O correr el riesgo de alimentar otro malentendido. La decisión no se improvisó. Yellen convocó a una reunión especial, por videoconferencia, para tratar el asunto. Lo que se resolvió no me parece mal.
P.: Aunque sea más impreciso.
G.G.: No creo que lo sea. La Fed va a resolver conforme evalúe la marcha de las condiciones laborales y no por un único indicador, como puede ser la tasa de paro. La referencia actual es menos concreta, sí, pero aproxima mejor la realidad del proceso.
P.: Cuando se leen las minutas de la última reunión, salta a la vista la gran variedad de opiniones con respecto a la situación del mercado de trabajo. No se discute la mejoría, que se acentuó en estas seis semanas a juzgar por los pedidos de subsidios de desempleo, pero las lecturas son muy diversas. ¿Cuál prevalecerá?
G.G.: La que más conoce el paño es la propia Yellen. Tome su visión por buena (y decisiva). De sus últimas apariciones públicas rescato, primero que todo, la convicción de que los estímulos excepcionales serán necesarios por largo tiempo. Y el reconocimiento de que la Fed no está cumpliendo con su doble mandato de pleno empleo y estabilidad de precios (entendiendo una inflación del 2% como signo de estabilidad).
P.: Es una Fed muy amigable.
G.G.: Le diría que más que la de Ben Bernanke en su último tramo.
P.: Pero en los hechos, más allá de las palabras, está haciendo la tarea que había empezado Bernanke. Sigue adelante con el tapering -la reducción de las compras mensuales de bonos largos- y eso es todo.
G.G.: Yellen era promesa de continuidad y está cumpliendo. Lo que cabe esperar ahora es el anuncio de una nueva poda. Otros 10 mil millones que nos dejarán un nivel de adquisiciones de 45 mil millones de dólares por mes.
P.: A este ritmo el QE3 finalizará a fin de año...
G.G.: O en noviembre, si la Fed aumenta el recorte a 15 mil millones en la reunión de octubre. Como sea, el banco central se habrá bajado con suavidad de un potro que, el año pasado, parecía indomable.
P.: ¿En qué quedó la sensibilidad de la Fed por la efervescencia de los mercados? Cuando se abrió el paraguas del tapering la primera vez, en mayo de 2013, la "caza de rendimientos" era el motivo. Y hoy ha vuelto a notarse en todas partes.
G.G.: Las minutas sorprendieron por ni siquiera mencionar el asunto. Diría que el silencio de radio -que incluye a la propia Yellen, que era muy crítica en abril de 2013- es muy informativo. La legión de consternados de siempre está callada si no satisfecha (y el filoso Jeremy Stein con las valijas listas para irse a Harvard el mes que viene).


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