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Diálogos en Wall Street
La Bolsa, volátil como pocas veces en sus convicciones, se olvidó de los temores y ensaya su cuarta suba consecutiva. Pregunta obligada a Gordon Gekko: ¿Finalizó la zozobra? ¿Vuelta de página y regreso al mercado bull?

Gordon Gekko: Lo que brilla es un sol radiante, pero nunca se sabe.
P.: ¿Falsa alarma?
G.G.: O falsa resurrección.
P.: Uno diría que acá no pasó nada.
G.G.: Error. Pasó de todo. Nos caímos a plomo, y nos levantamos con igual determinación.
P.: Convicción cero.
G.G.: Eso es evidente.
P.: Me quedé con nuestra última conversación en mente. "Esto es más reacomodamiento de valuaciones y primas de riesgo, variaciones de mercado que cambios de los fundamentos".
G.G.: Es así. La economía mundial no está mejor que la semana pasada, de la misma forma que entonces no estaba peor que una semana atrás.
P.: Los temores que aparecieron, no se sabe de dónde, se calmaron. Hubo muchas señales de parte de los banqueros centrales. La Fed, el Banco de Inglaterra, el propio BCE salieron al ruedo con mensajes tranquilizadores.
G.G.: Sí. Pero creo que tampoco hay que exagerar. Nadie esperaba que le clavaran un cuchillo al cuello del rally accionario.
P.: El corto circuito entre el Bundesbank y las autoridades alemanas y el activismo de Mario Draghi había sido un tema urticante.
G.G.: Eso es muy cierto.
P.: Y el BCE respondió iniciando la compra de bonos cubiertos para su cartera.
G.G.: Correcto. Y más aún: filtró a través de la prensa la versión de que estudia adquirir también bonos corporativos del sector privado no financiero como parte de sus esfuerzos de expansión monetaria.
P.: ¡Qué le parece! El BCE reaccionó al derrumbe de las Bolsas europeas con una semirrevolución.
G.G.: Era hora. Draghi prometió aumentar el 50% el tamaño de su hoja de activos y, a decir verdad, la cartera todavía se sigue achicando.
P.: Mejor tarde que nunca. El sacudón bursátil puede darle el envión que le hacía falta a los hombres de Fráncfort.
G.G.: Algo de eso hay. A nivel comunicación. Me refiero al rumor y a la supuesta urgencia de implementación. La noticia señala que el BCE resolvería el asunto en diciembre, para comenzar a comprar bonos del sector privado a principios de enero.
P.: No hay mal que por bien no venga.
G.G.: Sobre todo si acalla a los críticos. No está claro que el veto alemán haya sido removido. Las objeciones del Bundesbank están basadas en el diseño constitucional de la eurozona, no en razones de conveniencia de política económica.
P.: ¿Es creíble la recuperación que uno ve en Wall Street?
G.G.: Hemos vuelto a internarnos en la franja de los 1.900-2.000 puntos donde nos estacionamos desde junio.
P.: El quiebre de la media de 200 ruedas fue como romper un talismán. Todo se precipitó luego.
G.G.: Por fortuna recuperamos la vertical, superamos los 1.900 puntos con cierta holgura, y estamos en un terreno que nos resulta conocido. Pero quién garantiza que no surgirá un susto nuevo. Hay que dejar correr el tiempo. El reloj juega a favor.
P.: Los sectores más golpeados antes de la caída profunda son los que más rebotaron. Y allí se incluye una gama variada de papeles de muy alto riesgo.
G.G.: Tome el Russell 2000, que este año tuvo el rarísimo privilegio de ser cascoteado por el presidente de la Fed de Nueva York, Bill Dudley, en marzo y, meses después, por la mismísima Janet Yellen. El miércoles en el que el Dow Jones Industrial estableció el piso, el Russell 2000 cerró en alza del 1%. La suba de las últimas cinco ruedas fue del 6%.
P.: Uno debería creer que el mercado dio vuelta la página.
G.G.: Es tentador pensar que sí. Fíjese que todavía el Russell 2000 está un 4,5% abajo en lo que va del año. Tome el Dow de Transportes, casi un 10% en alza en cinco ruedas, más del 14% desde principios de enero. Si el temor era la parálisis económica, o alguien ignora su estrecha vinculación con el crecimiento de la actividad, o ha repensado favorablemente la apuesta.


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