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Diálogos en Wall Street

Periodista: Tres semanas consecutivas en alza. Y un veloz regreso a los niveles récords. De las dudas que se abrigaban a principios de octubre, cuando las cotizaciones no lograban hacer pie... ¿no quedó ningún residuo?
Gordon Gekko: La corrección sirvió para purificar el ambiente. Como pocas veces, bastó comprobar que había un piso firme para ir a buscar, de inmediato, los nuevos máximos.
P.: ¿Se arregló el mundo? ¿Se evaporó la sospecha de un crecimiento económico jaqueado por la debilidad?
G.G.: La economía era una excusa. Válida pero una excusa al fin. El problema era interno; las dudas tenían que ver con la capacidad del mercado de abrirse camino. O de soportar malas noticias. La paradoja es que para destrabar el ascenso nada resultó más útil que una corrección rápida y punzante.
P.: La falta de crecimiento ya no importa.
G.G.: Tome el Dow Jones de Transporte -que hoy trepa el 1 por ciento- y se dará cuenta. En lo que va del año acumula un avance del 22 por ciento. Nada más cíclico que el transporte.
P.: El crecimiento está firme en EE.UU. Pero es un oasis en un mundo anémico.
G.G.: El mercado no ignora la diferencia. De ahí, por ejemplo, el interés en las compañías de trenes, que están, literalmente, volando. Berkshire Hathaway, la firma de Warren Buffet, mostró el viernes un salto del 5% en las ganancias de Burlington North (BNSF), y las apuestas se redoblaron. BNSF es una ferroviaria que cubre dos tercios del territorio de EE.UU.
P.: Cuando resulta provechoso achicar el ángulo de la mirada, Wall Street sabe ponerse anteojeras. Observa lo que le conviene.
G.G.: No lo va a descubrir ahora. Tiene la viga en Europa. Y prefiere no fijarse.
P.: Compra la promesa que le hizo Mario Draghi de expandir la hoja de balance del BCE.
G.G.: Le tomó la palabra a la Fed. El comunicado después de la última reunión le dijo que la recuperación no corre peligro. Con buenos números de empleo en Estados Unidos y la música que arrima Draghi, compone esta partitura que se está ejecutando. La Bolsa explora nuevas alturas, el dólar se fortalece, y la tasa larga retorna a valores más razonables.
P.: El 2,35% a diez años...
G.G.: Es un rebote importante. El 15 de octubre se marcó un mínimo en un 1,87%. Allí el pavor resultó extremo.
P.: Recuerdo que lo señaló en su momento.
G.G.: Hoy se lo ve como lo que fue: una aberración. La idea de una fractura en la Bolsa, un crack, no debe haber andado muy lejos de quien se animó a comprar bonos a esos precios.
P.: Hemos dejado atrás esa zona de riesgo. ¿Falsa alarma entonces o falsa algarabía ahora?
G.G.: Más lo primero que lo segundo, a mi juicio. Y no fueron los indicadores económicos sino los "técnicos" los que gatillaron la desconfianza súbita.
P.: ¿No ve un rápido regreso a los excesos?
G.G.: Hay señales de sobrecompra varias. Entiendo que reaccionen con fuerza las acciones cíclicas, las que tienen más volatilidad relativa al mercado (mayor beta) pero que renglones ultradefensivos -como servicios públicos o consumo básico- hagan punta es una clara exageración. El Dow Jones de Utilities (servicios públicos) escaló el 23% en lo que va del año.
P.: No está nada mal para compañías que además pagan altos dividendos.
G.G.: Que el último mes haya trepado a la misma velocidad que el Dow Jones Industrial eso es más bien raro. Funcionó mejor cuando hubo que ir para atrás, y funciona igual cuando se avanza.
P.: Debería haber corregido como hicieron los bonos, ¿no?
G.G.: Tal cual.
P.: Pero son objeciones puntuales, ¿o me equivoco? La Bolsa no luce mal cuando se mira el bosque y no los árboles aislados.
G.G.: Empleando ganancias esperadas, la relación precio/utilidades es más baja que a principios de año. Pisamos terreno récord pero con una valuación más ajustada. Tome los tres índices Dow -Industrial, Transportes y Utilities- y los tres marcaron nuevos récords. El viejo Charles Dow le diría "déjalos correr".


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