17 de junio 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Quo vadis, Grecia? Conversamos con Gordon Gekko, nuestro hombre habitualmente en Manhattan, hoy de paso por las costas del Egeo, instalado muy cerca por cierto de las ruinas monumentales de Éfeso.

Periodista: Grecia no da el brazo a torcer...

Gordon Gekko:
Y si lo diera, si concediese el gesto que Europa le pide, no sería más que una foto para la tribuna.

P.: Aun así, en estos momentos una tregua cotizaría muy alto.

G.G.:
Es la razón de la terquedad de Alexis Tsipras, el primer ministro de Atenas.

P.: No le preocupa que los mercados financieros estén en llamas...

G.G.:
Lo que le preocupa es que no lo están a pleno. No confunda estas tensiones y chispazos con un fuego en serio. La amenaza de Tsipras es que la caída de Grecia provocará un colapso. Es otra magnitud de zozobra.

P.: Presiona con su propia ruina...

G.G.:
Como gatillo de la ruina de los demás.

P.: No será tan así, pero comenzamos a ver efectos dañinos donde, a principios de año, cuando Tsipras se instaló en el poder, no los había...

G.G.:
Poco y nada. Un resbalón, una incomodidad, no más que eso. Si la coyuntura se sale de madre, abriremos sí un nuevo capítulo de peligrosa inestabilidad.

P.: ¿Hasta dónde llegará Tsipras en su plan de forzar la situación?

G.G.:
Primero y principal, ha demostrado su voluntad de dañarse a sí mismo. La recuperación económica abortó por completo. Y es un mérito atribuible por entero a su gestión. La tasa a dos años tocó hoy el 30%.

P.: Si quiere arrojarse al vacío, habrá poco que se pueda hacer...

G.G.:
No se equivoque. El Gobierno de Atenas no podría sostener esta estrategia de confrontación abierta si no fuera porque Europa le mantiene la provisión de liquidez bancaria. La corrida de los depositantes le pondría punto final a la pulseada. En el acto.

P.: La corrida existe. Y se potencia.

G.G.:
Pero la asistencia de emergencia del BCE acota sus efectos. Es lo que permite que los bancos abran y no se baje el telón.

P.: Me quiere decir que Tsipras aprieta porque ve que Europa tiene un doble mensaje. Y que en el fondo no se anima a cortar la disputa por lo sano.

G.G.:
Tiene las pruebas a la vista. ¿Cuánto tiempo lleva esta discusión estéril? ¿Acaso alguien piensa que Grecia tiene un futuro si firma el papel que le reclaman sus socios de la unión monetaria? Pero si lo hiciese, brotaría el alivio. Y a otra cosa. Como usted dijo, un respiro cotizaría alto. Eso requiere dos elementos. Uno lo provee Tsipras: la sensación de pasear en la cornisa. El otro debe aportarlo Europa: aceptar la ficción de un arreglo y otorgarle las credenciales correspondientes.

P.: Lo segundo se demora, y lo primero -correr por la cornisa- es cosa de todos los días. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe...

G.G.:
Atenas apuesta a que antes se quebrarán los nervios de sus contrincantes. Pero para lograr eso hay que empujar la situación bien al límite.

P.: Como sucede ahora...

G.G.:
Escúchelo a Mario Draghi, el responsable del BCE, abogar por una dosis de flexibilidad. "Todos los actores involucrados tienen que hacer concesiones", dijo. No sólo Grecia. Es el hombre, no se olvide, que maneja la palanca de la liquidez. Y también el FMI ha cambiado de postura. Ya no le hace ascos a la reestructuración de la deuda, a un nuevo hachazo.

P.: Que tiene que recaer en las acreencias de los socios europeos de la unión monetaria...

G.G.:
Que no vendrá en soledad, por cierto. Lo importante es que estos dos jugadores cabecearon el centro que tiró Tsipras...

P.: Para el lado de los políticos.

G.G.:
La pelota la tiene Merkel, para ser sintéticos. Pero sus pares, esta vez, no le piden que la devuelva envuelta en papel celofán. Todos tienen un Tsipras en su casa, como amenaza política potencial, y ello torna más difícil una solución concesiva. Una cosa es mantener con respirador artificial a Grecia y evitar un salto al vacío; otra es sacarla del pozo y darle a Tsipras un argumento para pavonearse.

P.: Los políticos le temen más a perder su sitial de privilegio que a una crisis que le puedan achacar a los griegos...

G.G.:
Eventualmente se necesitará un tercero que destrabe este nudo. Como en los Balcanes, y en tantos otros problemas existenciales, Europa precisa una voluntad y un brazo ejecutor que venga de afuera. Si Merkel no resuelve, será EE.UU. el que se ocupe. Pero no lo hará hasta que la sangre no llegue al río.

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