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Dos caras de un mismo vuelo
Partió de Ushuaia al mando del piloto comercial Eduardo Claro con destino a la base vicecomodoro Marambio; allí cargó a Marina Semonova, tripulante accidentada del buque Golovnin, quien estaba a la espera de una evacuación urgente. Tenía una lesión con principio de necrosis (típica del congelamiento) en el pie izquierdo; el rápido traslado al continente apartó el riesgo de amputación. La Fuerza Aérea no participó del operativo, que se cumplió el 27 de febrero pasado; sólo prestó los primeros auxilios médicos y los servicios de aeropuerto. Marambio es un aeródromo público perteneciente a la base del mismo nombre a cargo de la fuerza. La responsabilidad de atención médica al personal de los buques alquilados para la logística antártica corre por cuenta de la empresa que ganó la licitación. En este caso, Trade Baires International charteó el B 200 de Antarctic Airline, aunque podría haberse aprovechado alguno de los vuelos de rutina de los Hércules C-130 de la Fuerza Aérea. No está claro si había aparatos disponibles; una seguidilla de novedades técnicas dejó varios días a Marambio sin el puente aéreo de los transportes C-130; tampoco hubo helicópteros en servicio por la falla en el motor de una de las máquinas MI 17 que se adquirieron nuevas a Rusia y que por primera este año actuaron en el terreno antártico. Otras fuentes afirmaron que la hora de vuelo de un Hércules es más cara que la del turbohélice B-200; "aunque se trate de un vuelo humanitario, el costo del C-130 debe abonarse y el seguro médico del personal embarcado podría no alcanzar a cubrirlo", agregaron.
El exitoso vuelo sanitario contrastó con la frustración por un tramo aéreo incumplido, el homenaje al alférez de navío José María Sobral con un sobrevuelo por el sitio donde invernó por dos años consecutivos. El marino fue el primer argentino que en 1901 permaneció aislado en la Antártida, en Cerro Nevado, junto a parte de la expedición de Otto Nordenskjold y que finalmente fueron rescatados por la corbeta Uruguay en noviembre de 1903. La cancillería, por intermedio de la Dirección Nacional del Antártico, organismo que regula y administra la política en el continente blanco, no emitió el dictamen favorable sobre la no afectación del medio ambiente de la iniciativa de sobrevuelo propuesta por Guillermo Sobral, nieto del prócer antártico.
La delegación de tres pasajeros, Sobral nieto y dos docentes de Escobar que promueven proyectos de concientización de la actividad antártica, se quedó en Ushuaia sin poder hacer el reconocimiento a la epopeya del marino criollo. De la decepción se pasó a la tristeza al saber que en cada temporada los cruceros turísticos antárticos regulados en la IAATO (acrónimo inglés de Asociación de Operadores Turísticos Antárticos) desembarcan cientos de pasajeros que visitan y pisan el predio donde aún se conserva la cabaña que albergó a Sobral en la invernada.


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