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Duhalde: libreto de “estadista” para otro regreso
Eduardo Duhalde. Néstor Kirchner. Carlos Reutemann. José Pampuro. Ramón Puerta
La primera escala de su reaparición, luego de anunciar el 23 de diciembre pasado su pretensión de competir en el 2011, será Rosario, al despuntar marzo. Un doble mensaje: torear a Lole Reutemann, en su pago, y salir del corsé de la provincia de Buenos Aires.
Este es, desde siempre, el karma del caudillo de Lomas. Su excesivo celo por los asuntos bonaerenses -hasta relanzó ese gentilicio- lo aisló del resto del país, donde nunca pudo hacer pie, resistencia que pagó al contado (con ayuda de Carlos Menem) en el 99.
Ahora el ex presidente no quiere cometer el mismo error y a la par de continuar con el armado en su provincia, promete enfocarse con especial dedicación a caminar el interior. Mirada similar -¿idénticos asesores?- es lo mismo que comenzó a hacer Francisco De Narváez.
El regreso -otro más- del bonaerense se completa con un esquema discursivo que a su lado definen, con ostentación, como de «estadista más que de político». Consiste, afirman, en no entrar en el «barro» de los duelos para relatar lo que «va a hacer» como presidente.
Habrá, casi inevitablemente, algún sablazo para los Kirchner como el previsible de asumir públicamente que fue él, el lomense, quien bendijo al patagónico como su delfín. La frase que le arrancó Luis Barrionuevo. «Yo traje al loco; yo me voy, lo voy a llevar» jura.
Con una postura que evite la estridencia, Duhalde quiere sobrevolcar las furias diarias y, desde ese lugar, reforzar lo que lo consultores amigos le dicen que comenzó a producirse: una baja, continua, de la «imagen negativa» y del «jamás lo votaría».
Consuelo
Admite, igual, que esos valores están todavía altos comparados con otros referentes del PJ disidente, sobre todo Reutemann y De Narváez. Encuentra, para suplir esa inferioridad, un consuelo: «El Lole no quiere ser y De Narváez no puede ser» se envalan en su cercanía.
En estas horas, de hecho, uno de los dirigentes de la mesa del PJ disidente, habló con Reutemann para apagiguarlo por su cruce con Felipe Solá y tratar de convencerlo de que participe de una cumbre de los díscolos en marzo. Lole, según relató su interlocutor, fue escueto:
-«No cuenten conmigo; yo no voy a ser candidato».
Esa grilla, sin embargo, puede cambiar si, como pretenden los antikirchneristas, logran atar un frente opositor para derrotar al oficialismo en el reparto de las comisiones e, incluso, para desplazar a José Pampuro de la presidencia provisional del Senado. Para ese día, el 24-F, el Gobierno planea un atajo (ver nota aparte) mientras que los disidentes confían en conseguir el guiño de la UCR, amparados en lo que llaman la doctrina Sanz -por el jefe del bloque- para lograr que el reemplazo del «Pepe» de Lanús sea un peronista.
Según Sanz, Ernesto, Julio Cobos debería renunciar a la vice a fin de año para que la UCR pueda despegarse del Gobierno. Ubicar, ante esa posibilidad, a un «Pampuro» radical sería, llegado el caso, volver al principio. Por eso postulan a Juan Carlos Romero, con Adolfo Rodríguez Saá como jefe del bloque del PJ anti-K.
Si esa operación resulta exitosa, el peronismo enfrentado a los Kirchner trataría de confluir en un encuentro, sin menciones a candidaturas, durante el mes de marzo. A esa cita, sobre la que se hicieron sondeos, habían prometido ir, entre otros, Reutemann y Duhalde.
Los chispazos entre Lole y Solá -que le dijo que se decida a largarse sino se largaba él como candidato- derivaron en la frase citada líneas arriba.
La cumbre, ahora en «stand by», hubiese podido sentar el esquema para que los disidentes se pongan a fantasear -muchos ya lo hacen- con posibles alternativas para disputar con Kirchner el manejo del peronismo o, llegado el caso, para que la sigla PJ quede en un limbo.
El recurso de ir a una primaria por dentro del partido genera intriga porque, la ley, otorga superfacultades a la conducción de cada agrupación para que disponga los requisitos para competir. Esa es la llave que el patagónico se guarda para dominar el partido.


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