La guerra será de palabra, pero el susto es real. El presidente Trump promete una avalancha de "fuego y furia" sobre Corea del Norte "como el mundo nunca vio"; su par, Kim Jong Un, afirma que destruirá la isla de Guam con su balística, y Wall Street, esta vez, presta atención. No es la geopolítica su gran afición, pero acusa recibo. El Washington Post difundió una noticia sensible -que Pyongyang es capaz de cargar sus misiles con cabezas nucleares en miniatura- y forzó el recalentamiento retórico. El jueves, el S&P 500 se hundió el 1,45% -la mayor caída desde mayo- y lo que es peor, el VIX -"el índice del miedo"- saltó el 45%, de un nivel muy bajo al escalón más alto desde las elecciones de noviembre. Nunca en la historia se transaron tantos contratos de opciones sobre el VIX. Quizás sea el talón de Aquiles del rally. La moda de vender volatilidad accionaria, muy difundida, demanda cobertura cuando despuntan tensiones, o sea, urge la recompra del VIX y retroalimenta el alza. Si el zarandeo no cesa o se intensifica; si, como ya ocurre, aumentan las exigencias temporarias de márgenes de garantía, es el camino más corto para que en el frente financiero se produzcan fisuras.
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¿No vimos esta película antes? Claro que sí. En Hollywood, Mentiras que matan ("Wag the Dog", 1997) con Dustin Hoffman y Robert De Niro. Un presidente en dificultades necesita una cortina de humo a modo de distracción y vía de escape: crea una guerra en Albania (¿dónde?) a la que se pone fin "heroicamente" ante las cámaras de televisión. ¿Y no la vimos en fecha reciente? En abril, ya con Donald Trump como protagonista. Fue después del primer fracaso en remover el Obamacare, con gran despliegue de efectos especiales. Sobre Siria llovieron 57 misiles Tomahawk antes que Trump tomase el té con torta de chocolate con el premier chino Xi Jinping en su mansión de Mar a Lago y le diera la primicia. Una semana más tarde, "la madre de todas las bombas" cayó en Afganistán. Acto seguido, el Presidente la emprendió sobre su verdadero blanco: el rechoncho Kim Jong Un y su programa nuclear. Fue un pico de estrés, no hubo resultados y la atención derivó pronto hacia otros asuntos. ¿Cuál es la diferencia en esta "remake"? Crucial: la iniciativa no la lleva Trump sino su rival. A fines de julio, Pyongyang ensayó un misil, según los expertos, con capacidad de alcanzar California. Ahora, se sabe que podría dotarlo de poder nuclear. A la raya en la arena que trazó Trump se la llevó el viento.
Vuelo a ciegas
¿Cuán serio es este problema? Muy delicado, y de larga data. Para peor, Washington vuela a ciegas, a puro instinto y con la inexperiencia de la actual Casa Blanca. No está conectado el panel de instrumentos del Departamento de Estado. No hay embajador en Corea del Sur, ni subsecretario de Control de Armamentos y Asuntos Internacionales de Seguridad, ni Secretario Asistente de Control de Armas, Verificación y Cumplimiento ni Secretario Asistente para la Seguridad Internacional y Asuntos de No Proliferación ni Secretario Asistente para Asuntos del Este del Asia y el Pacífico amén de otras vacancias que, por lo visto, Kim no ignora. ¿Llegó la hora de corregir los bríos de la Bolsa? La hora pasó hace tiempo, pero ningún gatillo percutió (desde el anuncio rutinario del Sell in May en adelante). Wall Street se asustó, y aun así se ubica a sólo 1,6% de los récords. Conviene mirar la Bolsa de Seúl que está en plena línea de fuego. Sintió el golpe, y retrocedió el 5,4% desde sus máximos del 24 de julio, pero cotiza a los niveles de fines de mayo y retiene un avance del 13,5% en lo que va de 2017. Mientras allí no se espanten, calma.
En "Mentiras que matan", el guionista pudo embestir contra Corea del Norte pero, siendo ficción, prefirió ir sobre seguro y escoger Albania. Trump, el viernes, se acordó de Venezuela. "La opción militar está abierta", dijo como quien se anota para otra campaña. ¿Un acto maduro? No, pero un cruzado político del Siglo XXI debe ser flexible. Si se lo amaña es lo que dice el refrán: "Haz el bien sin mirar a quién".
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