El dinero no es cobarde; alguna gente, sí

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El bienestar económico puede aumentar bajo el fascismo más abyecto o la mejor de las repúblicas. La diferencia es que en el primer caso es al costo de una creciente pérdida de derechos y libertades, y en el segundo, los derechos y libertades se retroalimentan con el crecimiento. El derecho fundamental de los seres humanos es el derecho de propiedad. Se puede discutir desde lo filosófico-teológico si las personas somos realmente dueñas de las cosas o sólo sus administradores, pero no que desde el instante de la concepción nuestra vida es sólo nuestra. Nadie más que nosotros es su propietario y es a partir de estas posesiones que armamos todo el entramado social y jurídico. Una sociedad que no respete el derecho de propiedad puede alardear de ser impulsora de los derechos humanos, sociales, etc., pero si viola ese derecho original y básico en todos, está condenada a la disgregación. Para lo que compete a esta columna: ¿Qué es un mercado si no un grupo de personas ejerciendo libremente su derecho de propiedad? Cuando un funcionario, abusando de su poder, vitupera a la madre del sistema bursátil, lo que hace no es «pegarle» a una institución o a una persona, sino que conculca el derecho primordial de cada uno de los ciudadanos. Equivocado o no, cualquiera puede denostar, pero en una república esto se hace prescindiendo de los fueros y ateniéndose a las consecuencias judiciales. Hasta que los políticos y los ciudadanos no entiendan esto, Wall Street seguirá siendo el epicentro financiero del mundo. Un desprevenido puede creer que los datos sobre el empleo fueron lo que hizo retroceder un 1,00% al Dow y cerrar en 12.929,59 puntos, pero cuatro ruedas en baja y el BofA liderando las mermas, hablan de otra cosa. Hoy: Alcoa.

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