11 de julio 2014 - 00:00

“El rostro”: una poética rareza de Gustavo Fontán

"El rostro" (Argentina, 2014). Guión y dir.: G. Fontán. Int.: G. Hennekens, M. del H. Ghiggi, H. Maldonado, P. Gabas.

Un hombre bastante macizo, ya canoso, va remando despacio por el medio del río, sobre el cual todavía dan vueltas las brumas del amanecer. De a poco se acerca a la costa. Allí quizá se encuentre con algún vecino, o pariente, hay una mujer que parece cercana, quizá descanse en el patio de tierra de la casa, o alguien prepare un surubí al mediodía. Un hombre menos fornido, tal vez algunos años mayor, lo ayuda a desguazar un bote. Quizás eso esté ocurriendo. O en una de esas son solo recuerdos. En una de esas, en el amplio rio de su vida, el navegante haya llegado a la isla de los recuerdos, camino a "la mar, que es el morir", como dijera tan claramente el antiguo poeta castellano.

También Gustavo Fontán es un poeta. Pero lo suyo es la vaga sugerencia, la contemplación de rincones donde alguna vez estuvieron los seres queridos, o pasó la infancia, la evocación tácita, para que quien se acerque a su obra sienta el eco de sus propias evocaciones. En "El rostro", de apenas una hora, Fontán escribe imágenes en blanco y negro de 16 mm., e inserta otras, con criaturas, en borroso S8 mm., como si se tratara de un pasado más lejano, y también emplea voces que parecen salir de la memoria, o unos ruidos desacompasados, como a veces en la cabeza nos viene primero el recuerdo de la imagen o del sonido, pero no siempre ambas cosas juntas. Primero nos pone, no digamos en clima, sino en calma, con un buen espacio para los títulos, en pantalla negra sin sonido alguno. Después vemos el río, la bruma y el bote con el hombre. Y al final, también nos despide con similar calma, como para que podamos salir de a poco de ese estado, o de esa isla.

¿Pero qué era realmente esa costa de lo que suponemos una isla? ¿Esa era gente que nos antecedió, gente que dejamos? Al paso del bote el hombre de mayor edad tiene un gesto. Lo vemos de lejos, pero es un gesto reconocible. Esa es la sola explicación, que cierra acertadamente la última línea, el último plano del poema. Cine para el alma.

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