Aunque hoy caída en el olvido, esta corriente nacida hace un siglo y definida en 1924 por André Breton, tuvo períodos de esplendor.
Caride. Sin título, obra de 1940, que integra la muestra en Maman.
La galería Maman presentó la semana pasada "Elegía", una muestra del surrealista Miguel Caride (1920-2010) curada por Rodrigo Alonso. La exhibición le brinda visibilidad a una obra escasamente conocida por el gran público, pone el acento en las pinturas geométricas de los años 70 y en una serie de dibujos inéditos. Un pequeño paisaje oscuro de 1940, un árbol y la densa red de ramas y raíces retorcidas que crecen entre las piedras, anuncian el clima surreal que predomina en toda la muestra. Ese mismo espíritu comparten los monstruos dibujados con abigarrados grafismos que, aparecen reiteradamente en las obras. Hay un misterio que trasciende lo real. Y, sin embargo, frente a las expresiones de lo siniestro se contrapone la claridad y el orden de gran parte de las pinturas. Las formas nítidas de la geometría flotan en el universo que supo crear el artista.
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"Hacia el fondo de un cauce azul" (1968) exhibe unas esferas que se desplazan como astros sobre la dimensión de la tela. Luego, una serie de pinturas azuladas con formas geométricas tienen títulos referidos al espacio del sueño. Lejos de la alucinación de algunos trabajos, Caride parece acceder al inconsciente a través de la ensoñación. El surrealismo del artista es impuro, es producto de un autodidacta que inició su carrera afincado en el realismo mágico. Según relata Rodrigo Alonso, le "robaba tiempo al trabajo administrativo que lo mantenía, para dedicarse a la creación". De todos modos, Caride tuvo una vida extensa y su larga trayectoria cobró impulso cuando el crítico Aldo Pellegrini, teórico que apoyó el surrealismo argentino, lo incluyó en la muestra crucial para este movimiento presentada en el Instituto Torcuato Di Tella.
Las exposiciones se suceden desde entonces hasta el nuevo siglo. Pero la pintura surrealista cayó en el olvido. Cuando los contemporáneos salieron al rescate de los viejos "ismos" (expresionismo, conceptualismo, arte Pop, concreto y político) el surrealismo desapareció de la escena. Durante la Primera Guerra Mundial, el movimiento dadá y el surrealismo surgieron como una respuesta a la realidad tan cruel de la vida que no se correspondía con el arte de esa época. El término surrealista lo utilizó por primera vez Apollinaire en 1917 y se extendió a la poesía de Rimbaud, Lautréamont y Mallarmé. En 1924 Andre Breton escribió su manifiesto y le adjudicó al creador la posibilidad de una expansión sin límites del mundo sensitivo y expresivo.
En la Argentina, Aldo Pellegrini analiza a Xul Solar, Berni, Planas Casas y, entre otros, a Miguel Caride. Así descubre que de su "universo desolado emerge un inexplicable hechizo". Luego, destaca: "En sus obras más recientes , en las que presenta depuradas formas geométricas de función mágica iluminadas por una luz irreal, ese mundo desolado tiende a transformarse en una especie de radiante serenidad". Hoy, galerías y museos recuperan en sus programaciones el patrimonio surrealista.
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