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El ultra Bolsonaro ya seduce al establishment empresarial de Brasil
• RECIBIÓ ATENCIÓN Y APLAUSOS EN UNA CONFERENCIA EN LA PRINCIPAL ENTIDAD INDUSTRIAL
Admitió no saber de economía, pero dijo a los presentes que “ustedes serán mis patrones”. Prometió nombrar a generales como ministros, atacó al Congreso y a la Corte. Sin Lula, lidera las encuestas.
Reciclado. Jair Bolsonaro deja el nacionalismo y defiende el mercado.
"Creo que Bolsonaro entendió la importancia de conectarse con quienes comandan la economía", señaló Rech.
El hombre, un excapitán del Ejército de 63 años, es conocido por sus posturas xenófobas, racistas y homofóbicas, así como de respaldo a la dictadura militar y a la tortura. Nada de ello impidió que los empresarios lo ovacionaran varias veces.
Eso ocurrió, por ejemplo, cuando elogió la flexibilidad laboral impuesta por el tándem Temer-Meirelles; cuando fustigó al Partido de los Trabajadores por los casos de corrupción y por sus simpatías con Venezuela y Cuba; cuando cuestionó los cupos para negros en las universidades; y cuando atacó sin piedad a todos los poderes del Estado y al periodismo.
Incluso se permitió anticipar que, si es elegido presidente, nombrará a militares en diferentes ministerios. "Si llego, voy a poner a algunos generales en los ministerios. ¿Qué problema hay? Otros (por el PT) pusieron a terroristas y corruptos y nadie dijo nada", señaló. Enseguida endulzó a los empresarios: "Vamos a reducir la cantidad de ministerios". Los dos conceptos fueron aplaudidos.
Bolsonaro, cuyo segundo nombre es Messias (definitivamente, Dios no juega a los dados), dijo que pretende retomar la ambiciosa política de infraestructura del proyecto "Brasil Grande", el modo en que la dictadura profundizó el desarrollismo de Juscelino Kubitschek. Pero para que nadie se alarme, aclaró: "No vamos a hacer nada que salga solo de nuestras cabezas. Ustedes, que están al frente de empresas, van a ser nuestros patrones".
Incluso, ingenioso, encontró el modo de sumar a la audiencia a su guerra con la prensa que lo critica. "Los grandes medios tienen que dejar de mirarlos a ustedes como si fueran bandidos, lo mismo que a los productores rurales". ¿Será que el "petrolão" fue sólo cosa de políticos?
Luego, arrancando incluso sonrisas cómplices en la audiencia, pasó a su fuerte: mostrarse como un "outsider", a pesar de que es diputado desde 1990. Así, dijo que planea "redimensionar" las políticas de derechos humanos, denunció que el Congreso, "al revés de lo que pasaba en el período militar", hoy "está dominado por grandes intereses" y señaló que, con el actual Supremo Tribunal Federal, Brasil "es ingobernable".
Cuestionó especialmente la postura del STF de que todas las privatizaciones deben pasar por el Congreso, algo que pretende remediar incrementando su actual composición de once miembros.
Como él mismo reconoció más de una vez que no entiende de economía (algo que ayer repitió), reclutó como asesor al banquero de inversión Paulo Guedes. Hace poco más de un mes, este refutó la idea de que Bolsonaro sigue siendo un militar nacionalista opuesto a las privatizaciones al afirmar que "si vino a buscarme, es porque ya no cree en eso".
Otro de los candidatos bien tratados ayer por los industriales fue el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, otro de los favoritos del mercado pero que tampoco despega en las encuestas. Será por eso que sólo lo aplaudieron un par de veces.
En tanto, la ecologista Marina Silva hizo los deberes al asegurar que "no me quiero ubicar ni el la izquierda ni en la derecha" y al apostar al "diálogo" como remedio para todos los males. Pero no hubo mimos para ella.
"Marina y Alckmin decepcionaron. Ella, por haber defendido la reforma política como prioridad en lugar de la reforma previsional o tributaria; no cuenta con el apoyo del sector. Y Alckmin paga el precio de estar vinculado a un partido completamente dividido, el PSDB, además de su total falta de empatía con la gente", estimó Rech.
Peor la pasó el socialista Ciro Gomes, para quien, casi como en una cancha de fútbol, directamente hubo silbidos. "Por querer mostrar autoridad, terminó pareciendo arrogante", añadió.
El analista recordó que la elección presidencial de octubre está a apenas poco más de 90 días y que "el escenario sigue indefinido. Por lo que se ve, Bolsonaro va consolidando mejor su candidatura, mientras los otros muestran dudas".
"Bolsonaro ya logró sumar a las iglesias evangélicas y a la comunidad judía. Además, gana espacio en el agronegocio, porque se declara decidido a combatir frontalmente al Movimiento de los Trabajadores sin Tierra. Y tiene apoyos de políticos regionales fuertes", remató.
¿Habrá que hacerse a la idea de un presidente de ultraderecha en el principal socio de la Argentina?


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