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En domingo crítico, Scioli buscó tregua con el PJ anti-K que ganó
• HABLÓ CON SCHIARETTI Y VERNA, VENCEDORES EN SUS PROVINCIAS, A PESAR DE ARMADOS K.
• CASO PORTEÑO.
Daniel Scioli y “Wado” de Pedro, junto a Aníbal Fernández, ayer en La Rioja junto con el gobernador Luis Beder Herrera y Sergio Casas, el vice, que ayer resultó electo para heredar el mando en la provincia.
En el "superdomingo" criollo que anudó elecciones en cinco provincias, Cristina de Kirchner se mudó simbólicamente a Grecia para celebrar el "No". Lo hizo por Twitter sin citar la votación local en la que el kirchnerismo se aventuró a varias patriadas, todas perdidosas: la modesta remontada de Mariano Recalde en Capital que no alcanzó para entrar al balotaje, el fallido debut del candidato propio en Córdoba y el magro desafío, mano a mano, al PJ clásico en La Pampa.
Anoche, a modo de consuelo, el Gobierno radiografiaba el desempeño de los rivales para tapar con derrapes ajenos sus propios tropiezos. Por un lado, lo conseguido por el PRO, que ganó por 20 puntos en Capital, pero que en el tránsito de la primaria de abril a ayer perdió -con el 93% del escrutinio- unos 110 mil votos, mientras que Martín Lousteau y Recalde mejoraron 20 mil votos cada uno.
El arsenal K no alcanzó para hacer entrar al titular de Aerolíneas Argentinas (AA) en el sprint final porteño, pero, en el puntillismo de punteros y estrategos, que el PRO quede en el 45% se tradujo como una debilidad. En el peronismo había, anoche, una mirada menos amable: el balotaje, dentro de dos semanas, les puede ofrecer a Macri y al PRO un festejo más estruendoso, quizá con más del 60% de los votos. ¿Puede el FpV porteño, que arañó el 21%, mandar a sus votantes a jugar con Lousteau para golpear a Macri? Es una fantasía de sobremesa, imposible de llevar a la práctica de manera masiva y determinante.
El peronismo K descubrió la que fue la tierra santa del PJ noventista, La Rioja, para permitirse una celebración al lado de Sergio Casas, delfín -y vice- de Beder Herrera, que fue vice de Ángel Maza hasta que lo rodeó en 2007 y lo obligó a abandonar el palacio. Scioli, formateado como candidato y dispuesto a gestos inusuales para el planeta K, además de saludar a Carlos Menem ayer, con la sangre todavía tibia, llamó a Juan Schiaretti y a Carlos Verna, dos peronistas ganadores del domingo, que derrotaron a esquemas patrocinados por la Casa Rosada: Eduardo Accastello en Córdoba y Fabián Bruna en La Pampa.
El libreto de Scioli es simple: evitar las rispideces y morigerar la rivalidad extrema entre el PJ clásico y la tropa K. Lo de Verna es emblemático porque Cristina de Kirchner viajó a La Pampa, ya que allí juega una senadora de La Cámpora, "Luchi" Alonso, y tiene una colectora de Nuevo Encuentro que puede activar para tratar de cobrarle antiguos despechos al pampeano. Scioli, por la suya, pero sin promesas, buscó acortar esa distancia añeja y difícil.
El triunfo del cordobesismo, al que se subió Sergio Massa -socio y rival de José Manuel de la Sota en UNA- completa (junto a Corrientes) el domingo negativo para la Casa Rosada porque allí, por primera vez en estos doce años K, el kirchnerismo puso a un candidato puro en el ring, Accastello. Anoche, la mirada más optimista era que sembraba el germen de un espacio propio en una provincia hostil. Discutible.
En Gobierno anudan, en torno a Córdoba, otras dos miradas. Celebrar que la sumatoria opositora que juntó al PRO, la UCR y el juecismo no sirvió como herramienta electoral para vencer al oficialismo peronista. En otra ilusión, se tientan con creer que De la Sota podría darle un "susto" a Massa en la primaria, algo que parece altamente improbable por la poca expansión territorial del cordobés, en particular en la provincia de Buenos Aires.


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