Enfrenta una disyuntiva cruel el Gobierno en los mercados

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• O SE ELABORA PLAN DE SHOCK O SE SIGUE EL DERROTERO GRADUALISTA (PERJUDICIAL Y LLENO DE PELIGROS)
El anuncio del cambio en las metas de inflación y el impuesto a la renta financiera son errores, pero no la causa de la crisis. El diagnóstico está equivocado y el tratamiento y el pronóstico también.

"La culpa es de la Jefatura de Gabinete que el 28 de diciembre cambió las metas de inflación", siguen repitiendo cansinamente algunos. "La culpa es de quienes pusieron el impuesto a la renta financiera a los capitales del exterior", contestan otros. Estamos en presencia de dos dichos que a fuerza de repetirse pueden parecer verdad, pero la realidad es que no lo son. Ocurre que quienes piensan de esta manera soslayan una pregunta básica: ¿tiene sentido financiar déficit de cuenta corriente de balanza de pagos hasta el altísimo nivel del 5,5% del PBI con capitales golondrina? ¿Cuál es la lógica de haberlo hecho? ¿Puede creerse acaso que eso no va a tener consecuencias? ¿Alguien piensa que los capitales golondrina con el tiempo pueden experimentar una especie de "reconversión religiosa", dejar de buscar rápidos retornos y sólo fijarse en el potencial de largo plazo de un país? ¿Qué clase de capitales están dispuestos a financiar a un país que tiene un déficit estatal que supera el 9% del PBI?

No, señores. Puede haber sido errónea la forma de anunciar un cambio en las metas de inflación del BCRA de Federico Sturzenegger que nunca se han cumplido con este Gobierno de todas maneras. Y puede haber sido inoportuno poner un impuesto a las ganancias de residentes en el exterior, lo que no luce descabellado ante lo que parecían desmesurados rendimientos. Pero esos errores no pasan de ser detalles. El problema es que mientras se prometía que la tasa de inflación -y por lo tanto la de devaluación también- no iba a superar los doce puntos anuales en 2018, simultáneamente se estaban ofreciendo, incentivado por el Banco Central, rendimientos superiores al 27% anual. ¿Qué país serio del mundo anda prometiendo rendimientos del orden del 15% anual en dólares? Ninguno. Absolutamente ninguno. Visto desde este punto de vista, la decisión de aumentar las tasas de interés al 40% anual tomada el viernes pasado es pan para hoy y hambre para mañana. Puede ayudar a comprar tiempo, pero por muy pocos días, a lo sumo, semanas en el mejor de los casos. Poner las tasas en 40% para convencer a los capitales golondrina que se queden en el país es como tratar a un alcohólico con inyecciones de vodka. ¿Aumentamos el premio rápido a los capitales golondrina con tasas mayores? No, el diagnóstico está equivocado. Y como el diagnóstico está equivocado, el tratamiento y el pronóstico también lo están.

Atención: los capitales golondrina ya están adentro. El Gobierno les facilitó la entrada para que ayuden a producir atraso cambiario, principal y equivocada arma con la que se combatió falsamente la inflación. Apenas una pequeña parte de estos emigró desde inicios de marzo pasado. El grueso de lo ingresado -y lo además devengado- está adentro. Y la forma de curar ese mal no pasa por dar más droga al adicto vía tasa de interés ni actuar exclusivamente con rigor fiscal prometiendo recortes en partidas presupuestarias que nada tienen que ver con la dinámica financiera de los capitales golondrina, en el intento de antemano fracasado de que sigan financiando ese atraso cambiario.

Hemos basado el andamiaje económico y financiero de la Argentina en arenas movedizas. Como muchas otras veces. Eso no puede curarse con recortes fiscales aleatorios de último momento ni con tasas de interés en alza. Las medidas aisladas van a servir de poco y nada frente a la gran tormenta financiera que Argentina enfrenta.

Aquí hay dos caminos básicos que pueden seguirse: el primero es aplicar un plan de shock que incluya medidas de recorte fiscal, pero que no se base exclusivamente en eso, sino que pulverice el déficit estatal comenzando por el muy pernicioso déficit cuasifiscal del Banco Central que acaba de aumentar nada menos que un 20% con la sola suba de las tasas de interés al 40%, sobrepasando con creces el presunto ahorro fiscal anunciado por el ministro Dujovne. Además un real plan de shock debe abarcar componentes vitales de política monetaria, financiera y cambiaria que cambien por completo el marco de la realidad. Nos referimos a un plan global. La alternativa a ello es dejar que el ajuste que han iniciado los capitales golondrina siga su propia dinámica convirtiendo la economía argentina en una transitoria montaña rusa cuya duración puede perdurar durante todo 2018. O sea, seguir a los tumbos en los mercados, pero con más inflación y además, recesión.

En síntesis entonces, son horas de decisiones. Y no de decisiones gratas, pero de decisiones que hay que tomar: o bien se decide un verdadero plan de shock para bajar la tasa de inflación realmente a un dígito anual -y nos referimos a un dígito bajo- o mejor no andar haciendo anuncios transitorios, espasmódicos y esporádicos como los del viernes y soportar estoicamente las presiones que los capitales golondrina van a producir en el intento de salir y llevarse lo que no se van a poder llevar: irreales ganancias devengadas imposibles de realizar.

Vale la pena tenerlo muy en cuenta: seguir con quejas acerca de lo que se anunció el 28 de diciembre pasado o protestar airadamente por una lógica ley que grava las ganancias de los capitales extranjeros ante la exorbitancia aparente de esos rendimientos no ayuda a solucionar nada. Es regodearse en la queja. Y la queja es una absoluta pérdida de tiempo. Tratar de echar la culpa a esos dos acontecimientos de las raíces de nuestros males equivale a no tomar en cuenta que desde diciembre de 2015 se incentivó como nadie lo hace, a que los capitales golondrina ingresaran en manada al país para que financien atraso cambiario. El error ya está hecho. Y ha sido, enorme, gigantesco. No se puede llevar el tiempo atrás. O se toma el toro por las astas y se elabora un plan de shock que solucione tanto el déficit fiscal como el externo y normalice al sector monetario y financiero, lo que sin dudas no es gratuito, o se sigue el derrotero gradualista iniciado con la ayuda, y ahora con la partida del dinero caliente. Y sabido es que los movimientos del dinero caliente suelen ser ingobernables, y sobre todo, a la hora de la salida, indeseables. El camino gradualista es, a nuestro juicio, inviable, perjudicial y lleno de peligros.

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