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Esperable: Lijo eludió causa y también Rafecas. (Hoy, nuevo juez)
TÁCTICA Y ESTRATEGIA EN TRIBUNALES SOBRE UN CASO EXPLOSIVO. EL FACTOR MILANI Y LOS AVATARES DE LA MAGISTRATURA
Daniel Rafecas y Ariel Lijo
La denuncia de Nisman es un problema para el fuero federal porque por un lado la presentación no tiene el sustento que se vislumbraba al comienzo de la trama pero, por el otro, la inacción o la falta de medidas contundentes implicarían ese rechazo mediático y social que jueces con el perfil de Rafecas o Ramos prefieren evitar. La excepción de esta regla son aquellos magistrados que ya han pasado por este fuego (Norberto Oyarbide o María Servini de Cubría) o los que directamente no les asignan demasiada importancia a las cuestiones de imagen (Claudio Bonadío).
De hecho, este último es el juez que ayer en el tercero y cuarto piso de Comodoro Py era señalado por sus pares como idóneo para un caso de este estilo, especialmente luego de que el kirchnerismo lo transformara en una estrella de los tribunales a partir de la pesquisa Hotesur y de la decisión de bajarle el sueldo en el Consejo de la Magistratura. El único problema sería que Bonadío ya estuvo en la causa AMIA y fue removido por la Cámara.
En esos mismos conciliábulos ganaba puntos ayer la idea de que Rafecas debería haberse mostrado dispuesto a aceptar la causa para luego delegar la instrucción en el fiscal de turno. Dicho fiscal, probablemente, habría solicitado el apoyo de la unidad especial de la causa AMIA cuyos integrantes serán designados por Alejandra Gils Carbó este mes y que contarán con amplio respaldo político y judicial. Ese camino era viable y relativamente ágil, pero aun así Rafecas decidió eludir el caso que arrastra una imagen atroz en los tribunales de Retiro por las experiencias que debieron atravesar aquellos que alguna vez estuvieron cerca del expediente.
Una salida algo más osada para Rafecas hubiera sido avanzar en las indagatorias sólo de aquellos que aparecen más comprometidos en el supuesto tráfico de influencias que denunciara Nisman: el diputado Andrés Larroque, el piquetero Luis D' Elía y el activista Fernando Esteche. Ideas y percepciones a tener en cuanta apenas la causa tenga juez en forma definitiva.
Rafecas llegó al cargo gracias al apoyo del kirchnerismo. Lo promovió Alberto Fernández y lo recomendó el exprocurador Esteban Righi. Dos hombres que hoy son distantes al oficialismo. El exprocurador y el juez terminaron perjudicados apenas se inició el caso Ciccone que ya por estos días asoma como un tema menor. Rafecas fue removido por la Cámara luego de que se conocieran sus mensajes de texto con el abogado del empresario José María Núñez Carmona. La recusación formulada por los abogados de Amado Boudou llegó luego de un allanamiento a una propiedad del vicepresidente en Puerto Madero. El fiscal Carlos Rívolo requirió la orden y Rafecas concedió. Allí se terminó el idilio con el oficialismo que en el Gobierno de Néstor Kirchner lo festejaba por sus avances en causas de Derechos Humanos. Se abrió un expediente en el Consejo de la Magistratura que todavía el kirchnerismo tiene en su haber. Allí el juez ha sido protegido por el radicalismo que respalda su investigación al general César Milani por supuesto enriquecimiento ilícito y que tiene dos asientos en dicho organismo. Ese caso cotiza en alza desde que Aníbal Fernández dijo que si el jefe del Ejército es procesado debería dejar el cargo.
De persistir la situación actual ahora todas las miradas se volcarán en el camarista Irurzun que tiene la exclusividad de definir qué juez instruye el caso. Podría no aceptar el planteo de Rafecas o bien organizar un nuevo sorteo. El segundo de Irurzun (ante cualquier eventualidad) es Jorge Ballestero que firmó el fallo por el cual Rafecas es acusado en la Magistratura y además familiares directos de él publicaron avisos fúnebres por la muerte de Nisman.


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