23 de mayo 2016 - 00:00

Fed promete actuar en junio (pero mercados creen que lobo no está)

La Fed dejó mensaje urgente en el contestador: la reunión de junio está viva. Cabe esperar novedades de peso, dice el recado. De súbito, cuatro personeros de la institución -Jeff Lacker, Dennis Lockhart, John Williams y el influyente William Dudley, un virtual número tres del banco central- nos avisan que la suba de tasas será el tema concreto de discusión. Y el debate, en apariencia, entró en zona de definición. La "mayoría de los participantes" del último cónclave se inclina por jalar el gatillo en la próxima tenida el 14 y 15 de junio, recita el texto de las minutas pertinentes. Desde ya, siempre y cuando la economía levante la puntería del crecimiento en este segundo trimestre, las condiciones laborales continúen fortaleciéndose y la inflación progrese rumbo a la meta del 2%. Todo ello se dejó asentado a fines de abril. Sin embargo, a esta altura, lo primero (el repunte de la actividad) no está claro, se debilitó lo segundo (la marcha del mercado de trabajo) y la inflación ha hecho grandes progresos (en algunas mediciones, mucho más allá de la meta del 2%). Aun así, la comunicación de la Fed recalca que el propósito de suministrar la segunda dosis de vacunación -tras la primera suba de tasas en diciembre- retiene plena vigencia. No es deseable que la Fed sorprenda a los mercados, dijo Lockhart. Quedamos, pues, debidamente notificados. Tampoco es bueno, se entiende, que los mercados vayan a sorprender a la Fed.

El banco central no se resigna a cancelar su plan de dos ajustes de tasas en 2016. No quiere dejar pasar la ventana de junio y julio para ejecutar la primera alza (en diciembre, tras las elecciones del 8 de noviembre, se podría abonar la segunda). Sin embargo, llevar las tasas cortas del 0,5% al 1% luce hoy una tarea no sólo titánica sino rayana en la temeridad. Sin ir más lejos, el fin de semana, la reunión ministerial del G7 en Japón despachó un alerta sobre la anemia de la economía mundial y la carencia de soluciones. La Fed conoce el peligro de forzar la agenda. En marzo, debió levantar el pie del acelerador por los riesgos graves de inestabilidad económica y financiera global. La mandamás, Janet Yellen, agitó en persona la bandera de la paz. Afirmó entonces que todo movimiento hostil tendría que realizarse con extrema cautela. ¿Terminó la tregua? ¿Puede la Fed volver a la carga lanza en mano tan pronto como en junio? Nada sugiere su conveniencia (ni siquiera el desliz temporario de los precios) pero en los hechos retomó el discurso beligerante. ¿Será prudente avivar el fuego donde aún quedan cenizas? Es obvio que hay halcones dispuestos (Esther George hace meses que vota en soledad por izar las tasas), pero es difícil pensar que Yellen comparta la prisa. No obstante, una cosa es anunciar la vocación de elevar los rindes y otra llevarla a cabo. La fragilidad, ora de la economía, ora de los mercados, no la ha dejado a la Fed avanzar como planeaba. Nada indica que esta vez será diferente. Pero el ejercicio en curso también nos dice que se hará un nuevo intento. Bill Dudley añadió que si no se puede en junio se buscará actuar en julio. Suena más lógico. ¿Alguien se imagina las consecuencias de un aumento de tasas el 15 de junio y, ocho días más tarde, la sorpresa de un referendo que apruebe el retiro de Gran Bretaña de la Unión Europea? ¿Qué necesidad tendría la Fed de meterse sola en ese embrollo?. Al menos en julio las preferencias británicas estarán explicitadas. Claro que para ese entonces otros votantes, los propios estadounidenses, estarán deshojando la margarita de si quieren o no un presidente como el inefable Donald Trump. Y tomarse en serio a Trump en campaña libraría a la Fed de hacer el trabajo sucio.

La Fed puede prometer subir las tasas pero los mercados no van a creer, sólo por ello, que el lobo está. La Fed es datadependiente, y anda corta de data. Y también es mercado dependiente. Si insiste será un milagro que antes no logre empinar al dólar y erosionar a la periferia. Doble contra sencillo que, en un escenario tal, preferirá volver a guardar sus intenciones y no chocar con una realidad que no le cede derecho de paso.

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