Y también para el régimen de Bashar al Asad la destrucción o entrega de sus armas químicas sería una salida, ya que seguiría utilizando en su lucha contra los rebeldes artillería y misiles balísticos, como hizo hasta ahora.
Los únicos perdedores serían entonces los opositores y el Ejército Libre de Siria (ELS), que tenían la esperanza de que sus brigadas pudieran vencer a unas tropas del Gobierno debilitadas por un ataque de Washington.
La propuesta rusa de que el Gobierno sirio entregue las armas químicas a cambio de evitar un ataque estadounidense no aporta nada a la oposición siria, que sigue pensando que los crímenes de guerra deben castigarse. "No basta con que los criminales simplemente entreguen sus armas", criticó la Coalición Nacional siria.
La oposición sabe perfectamente que la creciente orientación islamista y antidemocrática de muchas brigadas rebeldes es uno de los motivos principales de las dudas del Gobierno estadounidense. Pues Obama debe preguntarse si, al contribuir indirectamente a la caída de Al Asad, está preparando el terreno para la fundación de un intolerante Estado donde reine la sharía (la ley islámica) y donde no haya lugar para minorías étnicas y religiosas.
La mayoría de los miembros de la Coalición Nacional Siria, con sede en Estambul, intenta mitigar esa opinión. Afirman que la mayor parte de los rebeldes son revolucionarios íntegros, que algunos de ellos se han revestido de una fachada islamista para satisfacer la tendencia ideológica de los donantes de los Estados del Golfo, pero que de corazón siguen siendo demócratas, al igual que los combatientes del Ejército Libre de Siria, fundado por desertores y apoyado por la Coalición. Sin embargo, no pueden garantizar que el adoctrinamiento por parte de grupos islamistas no tenga consecuencias a largo plazo.
"Cuando un comandante ni siquiera puede abastecer a sus combatientes que cada día son testigos de la muerte, cuando no puede conseguir las armas y munición que les permitiría desempeñar un papel importante en el campo de batalla y cuando se ve obligado a ver con frustración lo bien equipadas que están las brigadas islamistas, los combatientes, entonces, abandonan a su líder y se unen a las unidades mejor pertrechadas, que hasta ahora, sin excepciones, fueron agrupaciones radicales", dice un estudio actual de la Iniciativa Reforma Árabe basada en París.
Mientras, apenas hay una gran batalla contra las tropas del Gobierno en la que no participe el Frente Al Nusra, calificado por la ONU como grupo terrorista. En las zonas rurales de Alepo, Deir as Saur e Idlib los islamistas asesinaron en los últimos meses a religiosos cristianos, a varios médicos, activistas e incluso a un conocido "poeta revolucionario", lo que dañó la popularidad de grupos como ése.
Cuando el miércoles pasado los rebeldes entraron en la ciudad cristiana aramea de Maalula, un suicida islamista se hizo volar por los aires a la entrada de la localidad y después lucharon, según la oposición, combatientes de diversas brigadas, entre ellas del Frente Al Nusra, contra las tropas del Gobierno. Los habitantes cristianos de la ciudad, que se habían mantenido al margen de la guerra civil hasta el momento, se quedaron horrorizados. Y es que esta situación no sólo preocupa al Gobierno estadounidense y a los cristianos, sino también a muchos drusos, alauitas, chiitas y opositores seculares. Muchos de los activistas revolucionarios de primera hora están muy alarmados, pero la mayoría no quiere hablar públicamente, por miedo, y ello podría retrasar aún más la añorada caída del régimen de tortura del presidente Al Asad.
Rami Abderraman, que dirige el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, no calla las atrocidades cometidas por las brigadas rebeldes. "Otros activistas me critican porque también saco a la luz esas violaciones de los derechos humanos y dicen que tras la caída del Al Asad ya habrá tiempo para ello, pero yo lo veo de otra manera", dijo. Y es que ve de modo crítico lo ocurrido en la provincia de Al Raka, donde se estableció la organización terrorista Estado Islámico en Irak y en Siria (ISIS) -integrada por combatientes de países como Libia o Arabia Saudita-, que no se concentra en combatir al régimen, sino en conseguir armas, reprimir a las milicias kurdas e imponer la sharía.
| Agencia DPA |


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