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Veníamos advirtiendo el año pasado como trimestre a trimestre la situación de la empresa venía deteriorándose cada vez más, atrapada entre subas salariales, una carga impositiva creciente -a nivel municipal, provincial y nacional-, una disparada inflacionaria -frente a la cual los stocks no sirven de cobertura, dado los cambio de hábito de los consumidores y la aparición de marcas/proveedores de tercera línea/"truchas" que escapan al control estatal- y un parate económico que se ha extendido mucho más de lo que era previsible. Este escenario es común a todos los "supermercados" (salvo los que están en condiciones de "evadir" y medran con esas "terceras líneas"), pero peor en el caso de ella dada su distribución geográfica, concentrada en el sur del país (el proyecto Vaca Muerta avanza más lento a lo esperado y las amenazas del retiro de subsidios a la industria en Tierra del Fuego frenó "tiempo a" las inversiones e inmigración en la región). Una tormenta perfecta que derivó en que por primera vez en la historia, la sociedad cerrara este trimestre del lado perdedor (para peor, con un escenario aún más oscuro por delante). Lo insólito del caso es que claramente se trata de una cuestión coyuntural, no una estructural, donde gremios y estado (en sus distintos niveles) son los únicos que pueden garantizar la subsistencia de una actividad cuyos márgenes son de los más bajos en la economía (el año pasado ella quedó con 0,98% de las ventas, la media anual de sus últimos 15 años -todos ganadores e incluso mejores que los de la competencia- fue 2,24% frente a un 3% de la industria en los EE.UU. WalMart reportó este trimestre 2,38%-). ¿Qué podemos agregar?... Pasando al balance, mal arranca este año contable perdiendo $18.994.000 (ganaba $45,1 millones en 2016).
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