Mientras, fuentes vaticanas rehusaron realizar comentarios sobre la noticia. Diego les contó a los medios que en su niñez y su adolescencia "mi cárcel era mi propio cuerpo porque no se correspondía en absoluto con lo que mi alma sentía". Su madre le pidió que no cambiara su cuerpo mientras ella viviera y un año después de su muerte, cuando Diego cumplió 40 años, comenzó a salir de su "cárcel".
Contactó a una cirujana plástica de Madrid y comenzó a cambiar su cuerpo. Cuando Diego regresó de forma definitiva a Plasencia, su aspecto físico había cambiado y se encontró con el rechazo y la condena de la Iglesia. "Eres la hija del diablo", escuchó un día en la calle de boca de un sacerdote.
Hasta que un día decidió escribir una carta al papa Francisco: "Nunca antes me hubiera atrevido, pero con el papa Francisco sí; después de oírle en muchas intervenciones, sentí que él me escucharía", afirmó. Y el pasado 8 de diciembre, recibió una llamada: "Soy el papa Francisco", escuchó, tras lo que el Pontífice le contó que su carta le había llegado al alma y que quería verlo. El 20 de diciembre el Papa lo volvió a llamar para proponerle recibirlo a él y a su novia el 24 de enero en El Vaticano.
"La primera llamada ya era muchísimo más de lo que yo esperaba. La segunda, seguía sin creerme lo que me estaba pasando", contó. Por su parte, la comunidad gay argentina celebró el encuentro y dijo que se trata de un "gesto inédito y necesario".
| Agencia ANSA |


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