El pedido de indagatoria a Cristina de Kirchner resuelto por el fiscal de la causa AMIA Alberto Nisman disparaba anoche señales en dos direcciones: hacia al Gobierno, pero también hacia el interior de los tribunales. En los conciliábulos más urgentes que ayer tuvieron lugar en las alturas de ambos poderes los pronósticos más recurrentes enmarcaban la determinación del fiscal como una reacción que tiene su origen en el pasado (los cambios en la SIDE) o tal vez en el futuro (el destino de la causa sobre el Memorando de entendimiento con el Gobierno iraní).
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El juez Claudio Bonadío, es por otra parte, un ganador encubierto. Arrastra desde el año pasado un entuerto silenciosos y por ahora insalvable con el fiscal, a pesar de que varios hombres rutilantes del fuero han intentado amigarlos. El fiscal querelló a Bonadío porque lo visualizó como parte de una supuesta organización dedicada a labores de inteligencia sobre su despacho. La denuncia la tiene el juez Sebastián Casanello y hasta el momento ningún fiscal ha impulsado la acción penal. El oficialismo no ha levantado la polvareda que ese caso amerita -a pesar de las múltiples conspiraciones contra el juez del caso Hotesur- porque hacerlo le daría letra a un fiscal que hace tiempo inquieta al oficialismo y cuyo nombre apareció en el cónclave nocturno que se organizó en Olivos, antes de designar a Oscar Parrilli como jefe de los espías. Gana Bonadío porque Nisman lo aparta, al menos por ahora, del centro del ring como foco principal de la virulencia del kirchnerismo. Para tener en cuenta.
La segunda línea (la que mira hacia adelante) tendrá su primer capítulo cuando la Sala II de la Casación Penal Federal deba revisar el fallo de la Cámara Federal que declaró inconstitucional el memorando. Allí firman originalmente Alejandro Slokar, Pedro David y Ángela Ledesma. Los dos primeros se han excusado para este expediente (Slokar fue titular de la Unidad AMIA del Ministerio de Justicia y David revisó la sentencia del juicio que juzgó a los policía y confirmó la nulidad) y fueron reemplazados por Luis María Cabral y Juan Carlos Gemignani.
El primero se ha enemistado en las últimas semanas con el kirchnerismo luego de haber intentado un estilo más bien moderado y negociador. Integra el Consejo de la Magistratura y hasta noviembre lideró el gremio de jueces. Gemignani ha sido en sus fallos distante con el oficialismo, pero recientemente protagonizó una dura interna con Cabral a quien objeta por su desempeño en la Casación y por la validez de su subrogancia. Ledesma es una jueza que ha tenido buen diálogo con el oficialismo y es una de las impulsoras del sistema acusatorio.
Lo que resuelvan estos jueces es esencial porque el Gobierno de Teherán ha sometido la validez del memorando a los fallos de la justicia argentina. Además, posiblemente la Casación sea la última estación del contencioso porque la Corte Suprema no tiene en su proceder analizar tratados. En 1999 el tribunal que preside Ricardo Lorenzetti omitió entender sobre la constitucionalidad de un tratado con Chile porque de hacerle, sostuvieron sus integrantes, la Corte usurparía claramente potestades de la esfera legislativa.
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