13 de marzo 2009 - 00:00

Kirchner, los silvestres K y la cruzada del fútbol libre

El fútbol por TV abierta será la táctica de la Casa Rosada para promover la nueva ley de radiodifusión que Cristina de Kirchner presentará el próximo miércoles.
El fútbol por TV abierta será la táctica de la Casa Rosada para promover la nueva ley de radiodifusión que Cristina de Kirchner presentará el próximo miércoles.
-Néstor, ¿qué vas a decir de tu candidatura?
-Yo nada, pero cuando te pregunten a vos, decí que tengo que ser yo.
La respuesta de Néstor Kirchner fue para Alberto Descalzo, caudillo de Ituzaingó, pero sirvió de apunte para los caudillos citados a Olivos. Con esa frase, el
patagónico quiso agotar la intriga y se sumergió en su mayor obsesión: la ley de radiodifusión.
Después, como a todo el que pasó por Olivos estos días, Kirchner los apabulló con un soliloquio sobre el proyecto que Cristina de Kirchner presentará el miércoles próximo, en La Plata, a la misma hora en que se prepara una marcha por la inseguridad a Plaza de Mayo.
El ex presidente confundió a propios y extraños. Desempolvó la aventura de modificar la ley de radiodifusión -que admite como una cruzada contra el Grupo Clarín- en un momento de vulnerabilidad y cuando apenas rasguña el quórum propio en el Congreso.
El antimanual: reculó en 2007 cuando piloteaba un bloque de más de 140 diputados y tenía holgada mayoría en el Senado y amaga, ahora, lanzarse en una estocada en medio de una sangría. «Encima, entre los nuestros hay muchos cagones», se escuchó ayer en Casa Rosada.
Así y todo, el Gobierno sigue con los aprestos para dar esa batalla que, por espasmos, comenzó a ensayar Gabriel Mariotto, titular del COMFER. Se opera en dos planos: uno popular, marketinero; otro político, para cerrar filas y evitar traiciones.
Además de indicar que no se hable más de «ley de radiodifusión» -un anacronismo-, sino de «servicios de comunicación audiovisual», la táctica para el gran público para vender las virtudes de la reforma es instaurar un sistema de televisión gratuita del fútbol.
El nuevo esquema obligaría a transmitir por televisión abierta 7 de los 10 partidos de la Primera A que, además, se licitarían en cada turno. En Gobierno se dice que ese modelo tiene el OK de los clubes porque mejorarán sus ingresos por contratos de TV.
¿Llegó la hora de agregar de nuevo a Julio Grondona a la lista de enemigos de Kirchner?
La cruzada supondrá que otros pongan, también, los fierros: Kirchner quiere que los gobernadores del PJ o de la UCR K se pongan, en sus provincias, al frente de la defensa de la nueva ley. El circuito comenzará, sin fecha fija, en Mar del Plata, con Daniel Scioli.
Ensanche
La selección de antagonistas de los Kirchner se ensancha al mismo ritmo que brotan sugerentes rebeldías en varios planos: un gobernador del Norte da pasos sinuosos, un intendente siembra poskirchnerismo; lo mismo hace un ex ministro, pero con otra retórica.
Al tucumano José Alperovich le imputan un exceso de autonomía y hasta la sospecha de un regreso a Eduardo Duhalde, artífice de su conversión de radical en neoperonista. Se dice, además, que ordenó quitar los carteles de obras que llevaban la firma de la Nación.
Hay una contraversión: Kirchner permite en ciertos territorios el despegue de gobernadores para que su nombre no les acarree costos electorales. De ser cierto, revelaría un inusual gesto de solidaridad del ex presidente.
Lo de Baldomero «Cacho» Alvarez, que el viernes 20 lanzará la Corriente Alternativa Peronista (CAP), fue consultado -según el de Avellaneda positivamente- en Olivos, pero el ex presidente renegó ante otros alcaldes de esa jugada. Las dos cosas pueden ser verdad.
Antes de viajar a EE.UU., Alberto Fernández se lanzó a revivir el albertismo, pero -jura- sin pedirle permiso a Kirchner ni juntar para él. «Hay que volver al kirchnerismo de los primeros dos años», dice. En tiempos de poskirchnerismo, habla de prekirchnerismo.
Detalle para el diván: Alberto Fernández no da señales de poder superar que en una hora crítica personal, ni el ex presidente ni su esposa se hayan preocupado por él.
Usó ámbitos curiosos: un homenaje a Pappo, el recuerdo por el triunfo en 1973 de Héctor J. Cámpora -efeméride que el Gobierno, que alguna vez se definió camporista, olvidó- y una cita en La Plata con dirigentes que, como mínimo, recelan de Daniel Scioli.
Dudas
¿Cómo se ordena la dispersión de esos silvestres? ¿Con internas abiertas, obligatorias y simultáneas como propuso Alberto Pérez? Kirchner escuchó esa idea con cara de no estar del todo convencido. Alberto Balestrini duda de que haya tiempo para ejecutar ese plan.
Más simple: Kirchner, más que nunca, reivindica la mecánica del «dedazo» para definir listas y candidatos.
Esas fricciones desentonan con cierta calma que, como un suplicio, rodea otro vínculo accidentado: como en un pacto de caballeros, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y el ex presidente escondieron las pistolas. Obvio: siguen cargadas.
Ajeno a la coyuntura, Massa se enfoca en otros asuntos: además de explorar el canje de Boden 2012, parece inminente un avance, todavía de testeo y estudio, con el Club de París. Virtudes del caos mundial: «En medio de la crisis -dicen en Gobierno- con dos pesos sos Gardel».

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