1 de abril 2009 - 02:28

Kirchner reconoció a Solá y a De Narváez como enemigos

Néstor Kirchner y Daniel Scioli, ayer, antes de un acto en Lomas de Zamora, donde el ex presidente cuestionó, por primera vez, la alianza entre Francisco de Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri.
Néstor Kirchner y Daniel Scioli, ayer, antes de un acto en Lomas de Zamora, donde el ex presidente cuestionó, por primera vez, la alianza entre Francisco de Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri.
- No pasa nada, estoy 40 a 20.
- Néstor, el único que da esos números es el gordo Artemio. Vos sabés que los números son otros.
- Nos quieren asustar, Alberto, pero no tengas dudas que yo voy a ser candidato.
Néstor Kirchner colgó el teléfono y masticó, entre susurros, un insulto. Hasta su histórico centurión, Alberto Fernández, al que volvió a cobijar tras un castigo de silencio, lo importunaba con la hipótesis sobre un empate técnico con la dupla De Narváez-Solá.
En Olivos, tras el diálogo, la mañana estaba perdida. Kirchner no dejó que su ex jefe de Gabinete se explaye sobre los datos que recabó ayer mismo de dos consultoras amigas, que ubican 4 puntos arriba al patagónico. Poca diferencia: está dentro del margen de error estadístico.
Kirchner siguió, un rato más, abrazado como a un salvavidas pinchado en medio del Pacífico, al sondeo que le arrimó días atrás Artemio López, que le otorga 20 puntos de ventaja. Por la tarde, el viento cambió y, por primera vez, descubrió al PJ díscolo.
Ocurrió, al atardecer, en Lomas de Zamora, entre caciques del peronismo de Buenos Aires. «Ésos del PRO que quieren vender todo, quieren privatizar, y se hacen peronistas pero quieren vender el país». Evitó, obvio, los nombres. Pero a veces no son necesarios.
Todo un giro. Hasta anoche, Kirchner sólo enfocaba a la oposición como la «alianza residual» a la que ametrallaba con la experiencia de De la Rúa. Ayer subió al ring, forzado, a la que llamó «alianza neoliberal» que, precisó, integran el PRO y el PJ disidente.
Fue el primer paso del operativo demonización del dueto que conforman, al amparo de Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá. Solamente se explica de un modo: Kirchner detectó
-aunque en privado los subestime- que ese bloque irrumpió como el rival más peligroso
.
Desde el jueves pasado, en Olivos, pergeña maniobras para bloquear el ascenso de la triple alianza. Optó, al principio, por no mencionarlos. Un inimaginado -y posiblemente inconsciente- recurso borgeano de que aquello que no se nombra no existe.
Confrontación
Ayer aceptó lo inevitable: que, sin victimizar, debía confrontar con sus rivales. Manoteó, previsible, el atajo de apuntar a Macri y ligarlo a los años 90. Lo mismo ensayó,
sin éxito, en 2007 en la disputa por la jefatura del Gobierno porteño.
No se privó, en ese juego, de invocar los nombres de Carlos Menem y Domingo Cavallo. «Son los que quieren vender todo, que quieren volver a privatizar», pegó. «Son los que negociaron y compraron ministerios, y crearon el hambre y la miseria», avanzó un paso más.
En un show peronista, pero para la TV, buscó plantear la elección del 28 de junio como una pulseada entre «dos modelos» y se quiso apropiar del PJ: «El peronismo es un movimiento nacional y popular, no neoliberal de derecha, como el llamado peronismo disidente», identificó.
Le dedicó, luego, un párrafo incendiario a Felipe Solá. Fue una referencia innominada, pero obvia, cuando criticó a aquellos «que tuvimos que ayudarlos a gobernar porque no sabían gobernar, les tuvimos que dar recursos porque no sabían y hoy están en otra tribuna».
Con esa ráfaga, Kirchner se corrió del libreto. En el búnker de Olivos había anotado la sugerencia de no cuestionar a Solá porque potenciaba al PJ disidente. Pero al patagónico, el ex gobernador bonaerense le produce ardor en las entrañas: anoche no pudo controlarse.
Escaló un poco más: «No tengan dudas de que vamos a ganar las elecciones», dijo.
El de ayer, en Lomas, fue
el testeo inicial, piloto, de
un cambio de estrategia que consiste en confrontar con el trío Macri-De Narváez-Solá. Dentro de una semana, encuestas mediante, se verá si esa tendencia se mantiene, se refuerza o se corrige.
Lo otro es puro rezo. En dos rumbos: espantar el fantasma del 97, cuando la más aceitada de las maquinarias electorales que fue el PJ duhaldista cayó ante Graciela Fernández Meijide; y desear un repunte de la Coalición Cívica, con un auxilio del más allá.

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