24 de enero 2017 - 00:00

La Boca también es meca de los creadores de vanguardia

Lejos del pintoresquismo a lo Quinquela, el barrio xeneixe alberga desde hace tres años expresiones modernas, y algunas de ellas, como la de Bacal, tematizan el símbolo del lugar, una pelota de fútbol.

Colletta. Parece una obra arquitectónica en construcción, pero sin embargo no lo es.
El barrio de La Boca comenzó a poblarse de arte hace alrededor de tres años, cuando varias galerías y centros artísticos abandonaron el centro atraídos por los espacios libres de la geografía suburbana. En la ruta hacia la Fundación Proa y en la calle Wenceslao Villafañe nació Prisma. El mercado profundizó su depresión y el galerista Alberto Sendrós cambió el rumbo: ocupó 500 metros de arquitectura industrial para crear un centro de actividades culturales. La fachada de Prisma es inconfundible, ostenta un inmenso cartel semejante a los publicitarios con obras gigantescas de artistas invitados.

En estos días, Nicolás Bacal eligió un tema con intenso sabor local y grabó, sobre una gran chapa galvanizada, el molde de una pelota de fútbol. "El diseño del Icosaedro truncado", cuenta Bacal "comenzó a usarse para pelotas de fútbol poco después de que el satélite Telstar I entrara en órbita. Los hexaedros y pentágonos negros emulan, desde entonces, los paneles solares del satélite". El artista desplegó los planos de unas pelotas sobre el metal, recortó y levantó algunos bordes sabiendo que los vecinos de La Boca reconocen a simple vista el diseño.

En su espacioso interior, Prisma alberga la obra de Federico Colletta. Si bien la exhibición resulta desconcertante para el lego en expresiones contemporáneas, la muestra acaba por ser didáctica: pone en evidencia el proceso creativo de una obra actual, compleja y experimental. Desde luego, Prisma es un lugar ideal para mostrar la obra de un artista que llegó con las manos vacías y dos máquinas que levantaron los bloques del piso de cemento para apilarlos como una torre. Lejos de los lugares clásicos como museos o galerías donde se sabe que exhiben arte, la visión de una forma geométrica en la tierra y el monumento de cemento, tienden a confundirse con una obra arquitectónica. Pero este hermetismo se supera cuando el hueco del piso se mira como un cuadro abstracto.

La tierra, con su contundente materialidad, trae el recuerdo de los maestros del Land Art que desplegaban su arte en montañas o llanuras. Además, como contrapartida urbana, Colletta lleva a evocar artistas que transformaron sus pinturas en sólidas paredes, como Sol LeWitt, y también a aquellos que participan de la desconstrucción de edificios iniciada por Gordon Matta-Clark. En 1975, para la Bienal de París, el hijo del surrealista Roberto Matta, cavó un enorme agujero entre dos casas del siglo XVII del barrio Les Halles, antes de que allí mismo se construyeran el Pompidou. Años más tarde, cuando el teórico cubano Gerardo Mosquera lideró el grupo artístico Demolición-Construcción, las destrucciones pasaron a ser moneda corriente, aquí y en el mundo.

Intervención

La obra de Colletta se aleja no obstante del mainstream. En primer lugar, al igual que los paisajistas, interviene el espacio y construye su obra; luego, la obra se constituye con el proceso que queda a la vista y su documentación. La manipulación, la apariencia y la destreza; los saberes y las vivencias; las experiencias, reflexiones, sensaciones y emociones; son cuestiones reales que configuran la obra y subyacen ocultas, ya que difícilmente se les presta atención. Pero cobran visibilidad en este caso. El gesto poético del artista se consolida a través de las cualidades de la materia elegida, de las potentes resonancias de la tierra y, en diferente medida y asociado a la modernidad, el cemento. La estética cobra verdadero sentido en el proceso de documentar el paso a paso.

Las fotografías de los primeros huecos realizados para levantar el piso hablan de la energía y la fuerza, ostentan los quiebres de la materia y el movimiento, atrapan la mirada del espectador en una espiral. Estos documentos permiten demorar el ojo y visualizar los detalles, encontrar el significado de un quehacer experimental y, en un sentido de kantiano, "desinteresado" . De este modo, las imágenes retratan la praxis estética de un suceso llamado arte.

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