1 de noviembre 2013 - 00:00

La curiosa historia del accionista secreto

Sólo hay una foto oficial del mexicano David Martínez. El mérito es del fotógrafo oficial, Víctor Buggé, que lo retrató en Nueva York el 26 de abril de 2006 en un encuentro con Néstor Kirchner junto con el titular de ADEBA y del Banco Macro, Jorge Brito.
Sólo hay una foto oficial del mexicano David Martínez. El mérito es del fotógrafo oficial, Víctor Buggé, que lo retrató en Nueva York el 26 de abril de 2006 en un encuentro con Néstor Kirchner junto con el titular de ADEBA y del Banco Macro, Jorge Brito.
Todo en la vida de David Martínez es un misterio voluntario. El mexicano hace del anonimato un culto, del que pocas veces se separa. De hecho, al kirchnerismo se le debe el curioso mérito de haber conseguido la única foto en la que el magnate mexicano aparece en una foto oficial. Fue el 26 de abril de 2006, cuando Néstor Kirchner lo recibió en el consulado de Nueva York, por una recomendación del exsecretario de finanzas Guillermo Nielsen. Martínez había decidido amigarse con la Argentina, comenzaría a operar para que se reabriera por segunda vez el canje de deuda y prometía grandes inversiones en el país y convertirse en una especie de nexo con los mercados internacionales. Hasta ese momento era sólo un fondo buitre más. Se sabe que nació en Monterrey y que desciende de una familia de clase media que hizo un tremendo esfuerzo económico (incluyendo fuertes endeudamientos) para que pueda estudiar en Harvard. Antes había hecho un intento de ser sacerdote en el seminario La Legión de Cristo en Roma, experiencia que sólo duró seis meses. Cuenta la leyenda que una vez recibido en la Universidad de Boston, se radicó en Nueva York con 300 dólares en el bolsillo que le aportó su abuela. Abrió Fintech y comenzó a operar en el mercado inmobiliario de la ciudad. Se cuenta que en menos de cinco años ya era millonario y pasó a la fama de la ciudad en 2003 con una operación doble: compró un dúplex en el Time Warner Center en u$s 42 millones (récord para el momento según el valor de la propiedad en metros cuadrados) y un Pollock original en u$s 12 millones. Martínez era un desconocido para Wall Street y el único retrato que se conocía hasta ese entonces era el momento en que un flete bajaba el cuadro para subirlo al piso del mexicano.

Las crónicas mencionaban que viajaba diariamente en el transporte público neoyorquino, que no tenía seguridad personal, que ni siquiera poseía avión particular y que diariamente corría todas las mañanas de manera anónima por el Central Park. Sus empleados lo describían en ese año como un gran pagador, una persona absolutamente tímida y respetuosa, seca en el trato, amante de las negociaciones a las sombras y absolutamente solitario. De su vida social sólo se sabe que todas las Navidades viaja a la casa materna para las fiestas y que durante los días de celebración no sale de la vivienda. Se comenta que cambió su residencia actual hacia Londres, donde adquirió un departamento en la City londinense y un castillo en las afueras.

Sus inversiones en la Argentina habrían comenzado tímidamente en 2000, para hacer una megacompra de bonos de deuda por u$s 700 millones en el último y desastroso trimestre de 2001. En esos días sólo repetía la operatoria buitre clásica, comprando a precio de ganga (20% del valor real), para luego esperar la declaración del default y así comenzar a litigar en los tribunales correspondientes, en este caso Nueva York. Así lo hizo, hasta que el destino jugó a favor de la Argentina. Patriota en definitiva, Martínez se interesó en rescatar de su quiebra al expoderoso grupo Vitrium, un gigante mexicano de la industria del vidrio en bancarrota, operación que comenzó en 2002. Lo que buscaba Martínez era rescatar de la quiebra a la empresa, financiar su resurgimiento y hacerla crecer como conglomerado industrial. Frente a él se encontraba otro fondo, el Elliott Management de Paul Singer. El norteamericano repetía el libreto buitre clásico: comprar una compañía en bancarrota, pelear por su dominio accionario y luego vender las partes por separado para obtener beneficios millonarios. Ambos comenzaron una batalla financiera, comercial y judicial, que aún se mantiene abierta en los tribunales mexicanos. Este hecho, distante de la Argentina, le posibilitó al kirchnerismo la fortuna de tener a Martínez siempre enfrentado a Singer y avalando cualquier operación cercana al Gobierno, incluyendo defender al oficialismo contra el grupo Clarín.

C.B.

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